Cuento: Caperucita una niña de hoy. La historia de Caperucita actualizada y llena de sincronicidades.

 

Hola

Bienvenidos

a Mundo de niños.

El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

Caperucita roja

              

 

 

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Hoy os voy a contar una historia llena de casualidades.

Todo sucedió hace un año mas o menos.

Hacia días que quería ir a visitar a mi abuela, pues llevaba ya más de dos semanas sin verla y la echaba de menos, pero mi madre no me dejaba ir sola, pues el barrio donde  vivía estaba lejos y, además, en los últimos años había cambiado bastante y había subido considerablemente la delincuencia. Por eso le pedí que me acompañara, pero estaba muy agobiada de trabajo y no podía. “La semana que viene iremos sin falta” me dijo.

Mi madre le había insistido mucho a mi abuela para que se mudase a un piso cerca del nuestro, pero ella no quería. Decía que ya estaba muy mayor para cambios y que su casa estaba llena de recuerdos de los que no se quería desprender.

Mi abuela era una mujer adorable y cariñosa, le encantaba leer y me contaba los cuentos como nadie. Yo la quería muchísimo, aunque era algo cabezota y me preocupaba mucho la idea de que le pudiera pasar algo viviendo sola en ese barrio.

Esa noche tuve un extraño sueño, aunque  al despertar sólo pude recodar el final en el que mi abuela y yo estábamos dándonos un fuerte abrazo rodeadas de brillantes libélulas azules.

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Aquel día, después de clase, tenia la fiesta de cumpleaños de mi mejor amiga y estaba muy ilusionada.

A medida que el día fue avanzando, nubes tormentosas llenaron el cielo, oscuras y amenazadoras, pero afortunadamente la fiesta era a cubierto. Antes de ir al cumpleaños, me pasé por casa para quitarme el uniforme y ponerme guapa, o al menos lo que era sentirse guapa para mi; unos vaqueros, la sudadera roja y la trenca que me había regalado mi habuela. Era mi prenda de abrigo favorita y me encantaba; era de un paño supersuave y muy calentita.

Cuando mis amigas me vieron llegar, empezaron a decir.

-¡Mira quien ha venido, pero si es Caperucita!-.

Ellas siempre bromeaban cuando me ponía la trenca roja, cosa que hacia bastante a menudo, pero a mi no me importaba.

Llegó el momento cumbre de la fiesta. La madre de mi amiga le había preparado una fantástica tarta casera que tenia una pinta deliciosa. Después de soplar las velas, nos puso a todos una generosa ración. Era de chocolate y se me hacia la boca agua tan sólo con mirarla. Soy muy golosa y enseguida le hinqué el diente, pero al cabo de un rato empecé a sentirme mal. Me costaba respirar y no tarde mucho en atar cabos, pues esto ya me había pasado antes y estaba teniendo una reacción alérgica.

Entonces le pregunté a la madre de mi amiga:

-¿El pastel lleva cacahuate?

-Bueno, pues si, le he puesto una capa muy fina de mantequilla de cacahuete porque a nosotros nos encanta. ¿Qué te pasa, que no te gusta?

Yo conteste con dificultad:

-No, no es eso, es que soy alérgica al cacahuete-  y dicho esto, me desmaye.

Los padres de mi amiga me llevaron inmediatamente al hospital y llamaron a mis padres, que llegaron enseguida.

Me despertó un trueno que hizo temblar todo el edificio. El resplandor escalofriante de un relámpago volaba por el aire. Los rayos rasgaban el cielo, mientras tronaban al unísono con el relámpago, sin espacio entre ambos.

Teníamos  la tormenta encima, una tormenta como nunca había vivido.

El viento aullaba ferozmente y la lluvia golpeaba el cristal de la ventana con fuerza.

 Mis padres estaban junto a mi en la desangelada habitación del hospital, y

mi madre me dijo:

-Tranquila, ya ha pasado todo. Esta noche la tendremos que pasar aquí, pero mañana por la mañana te darán el alta y nos iremos a casa.

Me dio un beso en la frente y dijo con cariño:

-Menudo susto nos has dado.

-Yo también me he asustado-le dije.

La tormenta fue terrible. Hubo momentos en que la electricidad falló y se encendieron las luces de emergencia.

Se oían sirenas continuamente de la policía, los bomberos, la ambulancia.

Por la ventana podía ver como los rayos asaetaban la ciudad.

No pude pegar ojo.

Sobre las seis de la mañana alguien llamo al móvil de mi madre.

Era una vecina.

-Elena -así se llamaba mi madre- menos mal que me contestas, ¿estáis todos bien?

- Si. Lu a tenido una reacción alérgica y estamos en el hospital ,pero ahora ya esta bien.

-Pues mira por donde ha sido una suerte.

-¿Una suerte, por que? – Dijo mi madre.

-Claro, no te has enterado todavía. Ha caído un rayo sobre nuestro edifico y ha provocado un pequeño incendio en vuestro piso. Ahora mismo están allí los bomberos. Me has quitado un gran peso de encima, temía que os hubiera pasado algo.

-Muchas gracias por llamar, ahora mismo le diré a Alejandro que se acerque a casa para ver lo que ha sucedido.

-Dile a Lu que se mejore de mi parte.

-Lo haré. Adiós y gracias de nuevo.

Mi madre nos contó lo que había pasado y mi padre se marcho a ver en que estado se encontraba nuestra casa.

Volvió al cabo de unas dos horas y nos dijo:

-Lu creo que esta noche nos has salvado de una muerte segura. El rayo cayo sobre nuestro dormitorio y allí es donde empezó el fuego. Algunos vecinos están hospitalizados, uno incluso grave, pero el piso mas afectado es el nuestro.

-¿Pero entonces no podemos volver a casa? – Le pregunte.

-Me temo que no. Nos espera al menos un mes de reformas, hasta que la casa vuelva a estar en condiciones habitables.

-¿Y qué vamos ha hacer?

-No te preocupes, enseguida llamo a la abuela. Su piso es muy grande y seguro que estará encantada de que pasemos una temporada con ella. Dijo mi madre.

-Me parece una idea fantástica – dije yo apoyando su iniciativa.

Y así lo hicimos.

Ese mismo día, y casi sin equipaje, pues la mayoría de nuestras cosas se habían quemado en el incendio, nos instalamos en casa de mi abuela.

Ella se puso muy contenta de tenernos a todos allí.

-Ya veras que bien nos lo vamos a pasar. Me dijo emocionada.

Un viernes por la tarde, mientras mi habuela me estaba contando una misteriosa historia que había leído hace poco, me di cuenta de que tenia mala cara.

-Te pasa algo – Le dije afirmativamente.

-No no es nada, solo un dolor de cabeza.

-¿Quieres que te traiga una aspirina o algo?

-No cariño, si no me quedan, ya lo he mirado yo antes. Siempre se me olvida comprar, porque normalmente me encuentro de maravilla. Sólo recuerdo haber tenido dolor de cabeza una o dos veces en mi vida.

-No te preocupes, voy en un momento a la farmacia y te las compro.

-Pero ya está anocheciendo, y no me gusta que salgas a estas horas tu sola.

-Pero abuela, si son las siete y media , y la farmacia está al doblar la esquina, ¿ qué me va a    pasar?

- Bueno no sé, si te pasara algo no me lo perdonaría nunca.

- No te preocupes, no tardo ni diez minutos.

- Bueno, pero vuelve enseguida, no te entretengas por el camino. Coge el dinero del cajón del recibidor.

Me puse mi trenca roja y cuando me disponía a coger el dinero del cajón, sonó mi móvil; era una amiga con la que me puse a charlar enseguida y salí distraídamente por la puerta.

Cuando salí a la calle, allí estaban un grupo de chavales que siempre  se metía conmigo, sobre todo uno, que parecía ser el líder del grupo, y al que todos llamaban Lobo.

- ¡Mirad, si es Caperucita! ¡Ten cuidado que el lobo que anda por el bosque ¡ – y se puso a aullar – ¡ au, au, auuuuu ! -

Yo no les hice ni caso y seguí caminando, porque aunque no me asustaban con sus tonterías, me molestaba que siempre estuvieran rondando alrededor de casa de mi abuela, pues me sentía vigilada.

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Antes de llegar a la farmacia, me di cuenta de que no llevaba el dinero, de manera que tuve me volver corriendo a casa para cogerlo, y poder llegar antes de que la cerraran.

A llegar y subir las escaleras rápidamente, justo cuando empecé a sacar las llaves para abrir, me di cuenta de que la puerta no estaba cerrada y oí la voz de alguien en el interior, que decía gritando:

-¿Donde está el dinero?-

Decidí entonces entrar sigilosamente, sin hacer ningún ruido y descubrí asustada que alguien estaba amenazando a mi abuela con una navaja, y aunque estaba de espaldas a mi, lo reconocí enseguida; era Lobo, el pandillero que siempre estaba merodeando por allí.

De pronto, no supe que hacer, pero enseguida, sin pensarlo dos veces, cogí la lamparita “tiffany” con el pie de bronce que había sobre el recibidor, y le di un golpe tan fuerte que lo dejó sin conocimiento y se desplomo en el suelo.

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Corrí hacia mi abuela y nos dimos un fuerte abrazo.

-Menos mal que has llegado justo a tiempo.

-Si, la pena es que he destrozado tu lámpara favorita.

-No te preocupes, tan solo es una cosa y las cosas no son importantes, sólo lo son las personas.

Cuando mire a nuestro alrededor, vi que el suelo estaba lleno de libélulas azules que se habían desprendido de la lámpara, como en mi sueño… ¡Que extraña casualidad!

Llamamos a la policía y, mientras esperábamos que llegaran, en casa de una vecina, dejamos al ladrón dentro del piso, cerrado con llave, para que no pudiera huir.

Este suceso hizo que mi abuela se decidiera finalmente a mudarse de casa. Ahora vive muy cerca de nosotros y puedo visitarla siempre que quiero.

Cuando recuerdo aquella historia, veo que se dieron en ella demasiadas casualidades

-Mi sueño-Mi reacción alérgica que hizo que no estuviéramos en casa cuando cayó el rayo, y nos obligó a mudarnos a casa de mi abuela temporalmente.

-El dolor de cabeza de mi abuela.

-La llamada telefónica que hizo que se me olvidara el dinero.

-Las libélulas azules que se desprendieron de la lámpara, creando una  escena muy parecida a la de mi sueño.

He estado leyendo sobre las casualidades, y a esta serie de casualidades encadenadas se le llama sincronicidad.

A veces, cuando te preocupa algo mucho, como a mi me preocupaba  mi abuela, el mundo pone a tu alcance la manera de solucionarlo en forma de  misteriosas casualidades.

I lo mejor de todo, es que tú puedes mejorar tu futuro y hacer que se den estas sincronicidades practicando la visualización creativa.

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