Cuento: Donde habita el miedo

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El amor vence al miedo

Hola

   Bienvenidos

a Mundo de niños

El cuento que  hoy te cuento

no es un cuento por que yo lo cuento,

es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

 

Este es un cuento de miedo, pero no de ese miedo normal que nos pone alerta ante un peligro y nos hace actuar de forma prudente, si so de ese otro miedo que solo vive en nuestra imaginación y que a veces no nos permite hacer cosas  normales  sin ningún peligro como por ejemplo: El miedo al ridículo, el miedo a la oscuridad, el miedo a los ascensores etc.  

Donde habita el miedo

Al final de mis vacaciones, a mediados de Septiembre, tras haberme pasado un maravilloso período de casi tres meses en la playa con mis padres y mi hermana, el verano se me estaba haciendo  interminable. Aquel día estaba especialmente harta por el molesto calor  y  por  lo sola que empezaba a sentirme, tras haberse ido ya todos los amigos del vecindario a sus respectivas ciudades.

Un sol intenso lo teñía todo con su luz cegadora y el bochorno de media tarde, que se colaba por cada rendija de la habitación, parecía proceder del mismísimo infierno. En la televisión sólo hacían  horribles programas de cotilleo y ya  había leído todos mis libros preferidos. Por supuesto, allí no había ninguna posibilidad de conectarse a Internet  y me sentía muy aburrida.

Sin embargo, esa semana eran las fiestas patronales del pueblo y aunque mi apartamento estaba a tres cuartos de hora de caminata, estaba decidida a acercarme para divertirme con los amigos que aun me quedaban por el pueblo. Necesitaba urgentemente comunicarme con alguien que no fuera de mi familia y divertirme un poco.

Empezaba a anochecer cuando al fin me decidí a salir de casa. Mis padres no estaban y le pregunté a mi hermana si me acompañaba, pero estaba esperando a su novio. La verdad es que me daba un poco de miedo ir yo sola por el camino nocturno, aunque la idea de quedarme en casa de cara a la tele me asustaba aun más.

Finalmente  cogí una linterna y me puse a caminar por el sendero   estrecho y serpenteante, entre cañaverales y campos de naranjos. Esa noche había luna llena y los árboles proyectaban extrañas sombras sobre el suelo. Todo estaba en silencio, excepto  la música de los grillos y el arrullo del mar a lo lejos. De noche todo parecía diferente, más misterioso y amenazador. Entonces decidí no pensar más en ello y aceleré el paso, pensando en lo bien que lo iba a pasar y lo contentos que se iban a poner mis amigos al verme, cuando de pronto me pareció oír unos pasos a lo lejos. Escuché con atención en el silencio de la noche y, en efecto, advertí que alguien se acercaba tras de mí, pero por más que me fijé no pude ver de quién se trataba, pues el camino tenia tantas curvas que sólo se podía ver a alguien cuando estaba ya muy cerca, y no me atrevía a esperarlo. Me puse algo nerviosa entonces y, para tranquilizarme, me dije a mi misma: “ no pasa nada, esto es un camino público y todos tienen derecho a usarlo”  y continúe mi marcha. Pero al cabo de un rato, empezaron a fallar las pilas de la linterna, que finalmente acabo apagándose.

Este imprevisto sí que me puso realmente nerviosa, y un ligero escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Podía incluso sentir mi corazón palpitar contra mi pecho e intenté mantener la calma. Después de todo, pensé que la linterna no me hacía ninguna falta y que podía ver el camino perfectamente a la luz de la luna, por lo que decidí seguir andando, mientras continuaba oyendo los misteriosos pasos cada vez más cerca.

El tiempo empezó entonces a cambiar de repente, como suele suceder en septiembre, y el viento sopló trayendo consigo oscuros y amenazadores nubarrones. Todo parecía volverse en mi contra y no pude menos que comenzar a  lamentarme de mi torpe decisión :

¡ Quién me manda salir sola de casa por la noche, con lo bien que estaría en mi camita ! –  mientras toda clase de historias y personajes terroríficos, de los que tanto había disfrutado en libros y películas, empezaron a apoderarse de mi imaginación, como espíritus y fantasmas  escondidos entre las cañas. Pero traté de apartar a un lado a todos aquellos seres de la oscuridad que sólo vivían en mi imaginación.

El siniestro personaje, sin embargo, continuaba andando tras de mí.

El camino comenzó a oscurecerse cada vez más,  debido a que una nube tormentosa había ocultado la luna por completo y al no poder ver nada ya, el terror se apoderó de mí por completo. Mi cuerpo no me obedecía y la respiración de aceleró más. Tras una fuerte presión en mi pecho quise gritar, pero sólo un penoso sonido casi inaudible salió de mi garganta. Me sentía tan paralizada que no sé ni como conseguí finalmente esconderme entre las cañas.

Entonces me quedé allí muy quieta, mientras los pasos se aproximaban poco a poco y mis ojos se fueron acostumbrando al cambio de luz. Aunque en realidad ya no estaba tan oscuro, porque  el fuerte viento  finalmente acabó por desplazar las nubes que tapaban  la maravillosa luz de la luna, volviéndose a iluminar el camino. Y es entonces cuando pude identificar a la persona que se acercaba tras de mí y que estaba apunto de pasar por mi lado :

¡ era mi hermana! que sin duda preocupada por mi decisión de marcharme sola hasta el pueblo, había salido tras de mí.

Qué estúpida me sentía mientras me restablecía de mi ataque de pánico. Por fin comprendí que no había nada que temer y que todos mis miedos sólo existían en mi imaginación.

Mi hermana pasó de largo rápidamente y enseguida desapareció de mi vista, como si tuviera prisa, pero cuando me disponía  a alcanzarla, de repente oí un grito seguido de un fuerte estrépito y de nuevo el escalofrío recorrió mi cuerpo. Súbitamente todos mis fantasmas volvieron de nuevo al ataque, pero esta vez no me podía quedar allí parada sin hacer nada, pues pensé que ahora sí que le había ocurrido algo verdaderamente terrible a mi hermana.

Hice de tripas corazón y por fin me decidí a abandonar el escondite, para acercarme hasta la primera curva, cuando de pronto la descubrí en el suelo.

-¿Qué te ha pasado? – le pregunté sorprendida.

-¡Oh, que alivio, hermanita. Eres tú! – contestó ella -

- ¿De donde sales?, no te he visto por el camino – Me dijo.

- Estaba escondida entre las cañas- contesté un poco avergonzada de mi tontería.

- ¿ Escondida…?¿Pero porqué…? Bueno, bueno, dejémoslo estar y   ayúdame a levantarme, que me he doblado el tobillo en un agujero que no he visto y apenas me puedo apoyar, y ya me contarás después lo de  tus extraños escondites.

Y colorín colorado si afrontas tus miedos, ya los has superado.

Al igual que hace la protagonista de este cuento.

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