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Cuento: La pelea de lobos. Mundo de niños

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Hola

Bienvenidos

a Mundo de niños.

El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

La pelea de lobos


El jefe de una tribu estaba manteniendo una charla con sus nietos acerca de la vida, cuando les dijo:

 – “¡Una gran pelea está ocurriendo dentro de mí!… ¡es entre dos lobos!”

 – “Uno de los lobos es maldad, temor, ira, envidia, dolor, rencor, avaricia, arrogancia, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, orgullo, egolatría, competencia y superioridad.”

 – “El otro es bondad, alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, dulzura, generosidad, benevolencia, amistad, empatía, verdad, compasión y fé.”

 – “Esta misma pelea está ocurriendo dentro de ustedes y dentro de todos los seres de la tierra.”

 Lo pensaron por un minuto, y uno de los niños le preguntó a su abuelo:

 – “¿Y cuál de los lobos crees que ganará?”

 El anciano jefe respondió, simplemente…

 – “El que alimentes.”

 

Juegos divertidos de creatividad. Mundo de niños

 

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Hola bienvenidos a Mundo de niños.

Hoy en la sección creatividad de Mundo de niños, juegos para ser mas creativos. 

Vamos a jugar veo veo del revés! Os proponemos un veo veo diferente y muy creativo:
 Eiege dos objetos cotidianos, vale una caja, un calcetín una escoba, un cd, un pañuelo…

Estas son las reglas del veo veo del mundo del revés. Cada uno debe pensar en otros usos para esos objetos. Por ejemplo, puedo ver una pértiga para saltar en lugar de una escoba o un telón para títeres en lugar del pañuelo. Hay tantas alternativas como queráis.

El que mas usos distintos encuentre y tenga mas creatividad  es el ganador.

También puedes jugar al veo veo tradicional, pero con pistas, podéis decir uso nuevo que habéis pensado para un objeto y que el resto adivine a cuál de los objetos te refieres…las variantes van al gusto del consumidor creatividad al poder.

Otro juego de creatividad puede ser una especie de Pictionary.
 Cogemos una hoja de papel, pensamos en un objeto y lo vamos dibujando poco a poco. Por ejemplo, un perro, primero un ovalo para la cabeza, luego puedo pintar sólo una pata….Y en cada uno de los pasos tenemos que decir todas las cosas que somos capaces de ver…No tiene mucha importancia adivinar la figura final , si no encontrar el mayor número de posibilidades durante el proceso.

Una hoja de papel, 
un simple folio, puede convertirse en un juguete fantástico para desarrollar  la creatividad. ¿cuántas cosas puedes hacer con una hoja de papel..?
-Un abanico.
-Un dibujo.
-Una figura de papiroflexia.
-Una flor…
Internet esta lleno de ideas, ya no tienes excusas si te atascas busca inspiración en la red. Compite con tus amigos, a ver quien tiene mas ideas la creatividad es como en músculo y se desarrolla ejercitando, no te rindas si al principio no se te ocurren muchas ideas es solo cuestión de practica.

Y qué hacemos con los objetos desparejados, con la ropa o los complementos que ya no utilizamos…Os proponemos que hagáis un caja, un baúl o un cajón donde podáis agruparlos y que dediquéis un rato de juego a darles un nuevo uso. hacer teatrillos y disfraces , crear marionetas con los calcetines o decorar una cajita con las piezas rotas de un collar…En las páginas de reciclaje para niños también podéis encontrar muchas alternativas.
 Pero recordar que todas estas ideas sólo son guías. Lo importante es dar rienda suelta a vuestra creatividad.

 

Enigmas acertijos y adivinanzas de pensamiento lateral. Mundo de niños

Hola bienvenidos a Mundo de niños

Hoy en la sección enigmas de Mundo de niños te desafío a que soluciones estos 7 acertijos de pensamiento lateral.

    

El pensamiento lateral es una forma de pensar que rompe la lógica que hemos aprendido, pero este modo diferente de pensar nos permite encontrar nuevos caminos y soluciones que antes no habíamos visto. El pensamiento lateral está dispuesto a explorar nuevas situaciones para ver a donde conducen.

El pensamiento lateral no es una habilidad que solo tienen algunos ni mucho menos difícil, sino que esta en todos nosotros y puede desarrollarse mediante el entrenamiento, exigiendo solo un cambio en nuestra forma de pensar y un enfoque abierto a la solución de problemas.

Te desafío a que soluciones los siguientes acertijos de pensamiento lateral.

Fíjate muy bien en el enunciado.

Para conocer la respuesta, pasa el cursor haciendo clic por encima del paréntesis.

Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral: El padre de Ana

El padre de Ana tiene cinco hijas, que son: Nana, Nene, Nini, Nono. ¿Cómo se llama la quinta hija? pueden darme solución a esta tarea porfas?

Solución (Ana)

 2 Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral: El corredor

Estás participando en una carrera. Adelantas al que va segundo. ¿En qué posición estás ahora?

Solución (En segundo lugar)

3 Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral:

El ultimo

En la misma carrera, si adelantas al que va en último lugar, entonces estás en la posición…

Solución (Imposible si era el ultimo, ¿en que posición estabas tu?)

 4 Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral:

El mago

Un mago presumía de que era capaz de aguantar la respiración bajo el agua durante 6 minutos. Un niño que lo escuchó le dijo: “eso no es nada. Yo puedo estar bajo el agua durante 10 minutos sin usar ningún equipamiento especial, ni botellas de oxígeno!” El mago le dijo al niño que si lo conseguía le daría 10.000 euros. El niño lo hizo y se ganó el dinero. ¿Como lo consiguió?

Solución (El niño se puso un vaso de agua sobre su cabeza.)

 5 Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral:

La condena

Condenan a un asesino a morir y tiene que elegir una de estas tres habitaciones: La primera está completamente en llamas; la segunda esconde a varios psicópatas armados y con órdenes de matarlo; y la tercera está llena de leones que no han comido nada en 3 años. ¿Cual es la habitación más segura para él?

Solución (La tercera: Después de 3 años sin comer los leones ya están muertos)

 6 Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral:

El vagabundo

Un vagabundo se hace un cigarro con cada siete colillas que encuentra en el suelo. Si se encuentra 49 colillas, ¿cuantos cigarros podrá fumarse?

Solución ( tras los 7 cigarros que inicialmente puede hacer, luego crea un último con las colillas de estos.)

7 Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral:

Cena romantica

Una mujer “dispara” a su marido. Pero 10 minutos más tarde se van a cenar y disfrutan de una inolvidable velada juntos. ¿Cómo es posible?

Solución (La mujer es fotógrafa.)

Cuento: Que pobres somos de Paulo Coelho. Mundo de niños

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El cuento que  hoy te cuento,

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 Qué pobres somos cuento de Paulo Coelho

                   

Aunque durante estas fechas  palabras como amor, paz,  y solidaridad se escuchan continuamente por todas partes, la Navidad se ha convertido cada vez más en un tiempo dedicado especialmente al consumo: compras de todo tipo, ropa, comida, derroche energético y el típico intercambio de regalos, que alcanza su punto álgido ante la proximidad del día de Reyes han despojado estas fiestas de su verdadero sentido.

Estos tiempos de crisis económica pueden ser un buen momento para reencontrarnos con el espíritu de la Navidad, un tiempo de afectos, un momento para compartir, el nacimiento de la nueva oportunidad que nos brinda el  año nuevo, para llenar tu vida y la de los tuyos con sentimientos y pen­samientos alegres y positivos y para seguir compartiendo la vida en familia y entre amigos.
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No dejemos que lo material no nos deje ver lo esencial.

Que pobres somos de Paulo Coelho

Una vez, un padre de una familia acaudalada llevo a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito de que viera cuán pobres eran las gentes del campo.

Estuvieron por espacio de un día y una noche completa en una granja de una familia campesina muy humilde.

Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le pregunta a su hijo:

“¿Que te pareció el viaje?” – preguntó el padre.

“Fue fantástico Papá!” – dijo el hijo

“¿Viste que tan pobre puede ser la gente?” – preguntó el padre

“¡Oh, sí!” – dijo el hijo

“Y… ¿que aprendiste?” – preguntó el padre

El hijo contestó:

“Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro.”

“Nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega a la mitad del jardín… y ellos tienen un río sin fin, de agua cristalina, donde hay pececitos y otras bellezas.”

“Que nosotros importamos lamparas del Oriente para alumbrar nuestro jardín…mientras que ellos se alumbran con la luna y las estrellas.”

“Que nuestro patio llega hasta la pared de la casa del vecino, ellos tienen todo el horizonte de patio.”

“Tenemos un pequeño pedazo de tierra para vivir y ellos tienen campos que van más allá de nuestra vista.”

“Que nosotros compramos nuestra comida;…ellos, siembran y cosechan la de ellos.”

“Nosotros cocinamos en estufa eléctrica…Ellos, todo lo que comen tiene ese glorioso sabor del fogón de leña.”

“Para protegernos nosotros vivimos rodeados por un muro, con alarmas….Ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos.”
“Nosotros vivimos conectados al celular, a la computadora, al televisor… Ellos, en cambio, están “conectados” a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del valle, a los animales, a sus siembras, a su familia.”
“Especialmente papá, vi que ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia. Tú y mamá tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo y rara es la vez que conversan conmigo.”

El padre se quedó mudo… y su hijo agregó:

“¡Gracias Papá por enseñarme lo pobres que somos!

Cuento de Navidad: La cena de Nochebuena. Mundo de niños

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Cuento de Navidad: La cena de Nochebuena

La primera Noche Buena después del fallecimiento de tía Isabela, nos volvimos a reunir toda la familia en la vieja casona, que ahora había quedado bajo la solitaria custodia de la criada.

Mi madre y sus hermanos, Juana y Felipe, habían pensando que era preferible mantener la finca, para poder así continuar reuniéndose los hermanos con sus familias, en las celebraciones importantes. Siendo como éramos tan numerosos, entre niños y adultos.

Sin embargo, yo sabía por el diario que heredé de tía Isabela, que el otro hermano, mi tío Andrés, era difícil de carácter y siempre iba a contracorriente de los demás. Por lo que era muy probable que no estuviera de acuerdo con la decisión de sus hermanos.  

A la criada Manuela se la consideraba una más de la familia, aunque tuviera sus obligaciones domésticas dentro de la casa, y durante la celebración de esa cena tan especial, se sentaba con nosotros.

Ella conocía muy bien el temperamento de tío Andrés desde que era bien pequeño, y seguro que también sospechaba de sus intenciones sobre el futuro de la casa familiar, porque cuando llegó con mi tía y los primos, los recibió con una atención especial. Besando con tanto cariño y afecto a los niños.

El tío Andrés, en cambio, no pareció mostrar muy buen humor por la amabilidad de la criada. Incluso como si le molestara, lo que me hizo presagiar que esa noche podía ocurrir algo un poco triste.

Cuando estuvimos todos sentados en torno a la gran mesa del salón principal, enseguida eché en falta la presencia de la tía Isabela, que, desde que falleció su hermana Inés, mi abuela, siempre la había presidido con su carisma y elocuencia.

Por eso recordé enseguida lo que había escrito en su diario, sobre la capacidad que tenemos las personas para crear armonía y evitar situaciones desagradables.

Escribía que cuando a veces somos capaces de presentir un acontecimiento negativo, en vez de pensar que va a ser inevitable, dejándonos llevar por la tristeza, hay que poner toda nuestra voluntad en la convicción de que ocurrirá lo contrario. Sobretodo si pasaba entre personas cercanas, como era el caso de ahora.

Pero también decía, y esto me costaba más entenderlo, que si muchas personas, cientos o miles – cuantas más mejor – fueran capaces de no dejarse llevar por el miedo ante probables acontecimientos sociales muy malos, como guerras y crisis, podrían evitarlos, si coordinaban sus pensamientos positivamente.

Con esa unión de las voluntades – aseguraba en su escrito – incluso seríamos capaces de evitar las grandes catástrofes naturales, cuando hubiera previsión de ellas.

 

Manuela me miró mientras pensaba en estas cosas del diario de mi tía y, como si lo adivinara, empezó a reírse. Sabía que entre mi tía y ella había una relación muy íntima, y seguramente también conocía estas ideas tan maravillosas. Por lo que sería estupendo que las dos uniéramos nuestra voluntad de armonía, para evitar que la cena de Noche Buena se convirtiera en la cena de noche mala.

Separadas como estábamos en torno a la gran mesa, nos miramos fijamente con alegría y nos trasmitimos nuestros buenos propósitos.

Cuando apenas habíamos comenzado a comer el pavo, mi tío Andrés no tardó en centralizar la atención de todos, como Manuela y yo nos temíamos. Por eso nos miramos con complicidad.

Alzando la copa de champan con una gran sonrisa de oreja a oreja, que chocaba con la seria cara que había mostrado al llegar, se puso en pié para darle mucha importancia a lo que iba a decir, y comenzó solemnemente:

-Queridos hermanos…cuñados…sobrinos… – omitió a Manuela – quiero celebrar con vosotros que estemos todos reunidos en esta maravillosa cena de Noche Buena, y al mismo tiempo dedicar unos segundos de silencio al entrañable recuerdo de la tía Isabela, que tanta felicidad supo transmitirnos – y tras los instantes que él había decidido mantener, continuó:

- Y también quiero aprovechar esta velada para proponeros que el año que viene la celebremos todos juntos en mi gran casa de campo –

Conociéndolo como lo conocían, todos entendieron enseguida el doble fondo de su brindis. Nadie se extrañó de la invitación, porque ya sabían cuales eran sus intenciones, y todo hacía presagiar que la cena se convirtiera en una tensa discusión familiar. Porque quizá, podría  acabar convenciendo también a algún indeciso, para vender la casa.

Pero mi madre, Rosa, que era la mayor de los cuatro hermanos, enseguida lo cortó alzando también la copa, para no hacerle un feo:

-Gracias por tu generosa invitación Andrés, pero no es momento de adelantar acontecimientos –

Y todos brindaron después de las palabras de mi madre que, lista como era, lo había hecho callar elegantemente.

 

Mi tía contaba en su diario, que Manuela y la casa tenían una relación muy especial.

Hasta el punto que pensaba que la habitó en otra vida pasada. Porque mi tía creía en la reencarnación.

Escribía que conocía secretos de sus viejas paredes que, ellas, las hermanas Inés e Isabela, incluso el abuelo Federico, nunca descubrieron.

Una vez les reveló que el armario que había en el recibidor tenía una puerta secreta en el fondo, que daba, a través de una estrecha escalerita, a un sótano debajo del piso. Pero ese sótano se extendía con pasadizos por todo el subsuelo de la finca, con más entradas secretas a otras partes de la casa, que solo la criada conocía.

  

Después del famoso brindis, Manuela, menudita y discreta como era, se levantó de la mesa y desapareció sin que nadie se diera cuenta, animados como estaban todos, bebiendo y comiendo los ricos manjares.

Pero cuando empezó a tardar más de lo normal, mi madre también la echó en falta.

- Vaya – pensé intrigada, porque conocía las travesuras de Manuela – ya está otra vez jugando al escondite –

Entonces, a la orden de mi madre – ¡Ale, todos a buscar a Manuela! – los niños salieron corriendo en su busca por toda la casa, como si fuera una gran aventura para ellos.

Se oían sus chillidos desde el salón, mientras iban entrando por todas las habitaciones y hurgando en todos los rincones:

-¡Aquí no está!- gritaba la prima Alicia.

-¡Aquí tampoco! – respondía el primo Arturo.

Mientras, mis tíos y tías seguían en la mesa felizmente sin darle demasiada importancia.

La búsqueda de Manuela se convirtió entonces en una escusa para jugar por toda la casa a esconderse y perseguirse, olvidándose de ella poco a poco.

Yo permanecía con los mayores, pero sin dejar de escuchar sus vocecillas, que parecían muy excitadas por los sustos que se daban unos a otros, subiendo y bajando por las escaleras sin parar.

-¡Al jardín no salgáis, que está nevando y hace mucho frío! – les decía tía Juana.

Llegado este punto de la velada, donde todo parecía en orden y sin sobresaltos, el agudo y penetrante chillido de la pequeña Mónica, nos obligó a todos a ir a buscarla.

Yo, que iba la primera de la expedición familiar, nada más girar la esquina, pude ver por el corredor en penumbra, la imagen blanca y resplandeciente de tía Isabela, que mirándome con su cara amorosa, me señalaba con la mano izquierda el viejo reloj de pie que había en medio del pasillo, pegado a la pared.

Impresionada por la brumosa aparición, los miré a todos para comprobar que también habían visto lo mismo que yo, pero ellos solo vieron a la prima Fátima con una sábana blanca echada encima, asustando a los más pequeños como si fuera un fantasma.

Quise explicarles lo que había visto, pero finalmente acepté que, por alguna razón que no comprendía, tía Isabela había querido que solo yo la viera.

Además, tampoco me iban a hacer mucho caso con el nerviosismo que tenían, porque entre los niños que habían corrido asustados por la broma de Fátima, faltaba Andresito, el pequeño del tío Andrés.

 

Su búsqueda se convirtió entonces en una frenética labor de todos, pequeños y mayores, que temiendo que le hubiera pasado algo malo, siendo como era un niño de tan solo cinco años, empezaron a llamarlo y mirar bien por todas partes.  

La casa de dos plantas y desván era muy grande, y tenía muchos cuartos y salas donde buscar. Había armarios y grandes cortinajes tras los cuales podría estar escondidito. También muchos dormitorios con camas que había que mirar bien debajo de ellas.

Baúles y otros lugares como esquinas y rincones en los que un niño pequeño cabía sin dificultad, todo fue perfectamente mirado, sin dejarse nada por rastrear. Incluso miramos en el armario del recibidor donde yo sabía que había un acceso secreto, pero las tres puertas del armario estaban cerradas con llave, para evitar precisamente que jugaran allí dentro.

Desesperados y a punto de romper a llorar tía Dorotea, decidieron incluso subir al desván, grande como era y lleno objetos viejos y polvorientos. Aun sabiendo que allí no podía estar, porque la gruesa llave que se necesitaba para abrir la puerta, estaba guardada en un cajón de la cocina. Pensamos que también podía haber salido al jardín y estar escondido en el invernadero o en la casa de jardinería, asustado como estaría por la prima Fátima. Pero como el gran manto de nieve que lo envolvía todo estaba completamente virgen y sin huellas, supimos enseguida que tampoco había salido al exterior.

Y poco a poco, la tristeza y el desánimo comenzaron a reinar entre todos, que no comprendían lo que podía haberle ocurrido al pequeño. Tía Dorotea, incapaz ya de contener las lágrimas y los lamentos, estaba acurrucada en un sillón, siendo consolada por su cuñada Juana. Y tío Andrés, al borde de una explosión de ira, comenzaba a echar la culpa de su desdicha a Manuela, con comentarios llenos de rabia y de descalificación hacia la pobre, que no había hecho nada.

Pero yo tenía absoluta confianza en que el pensamiento que había tenido al principio de la cena, tarde o temprano, nos daría sus frutos, y que todo se resolvería positivamente.

Cuando todo indicaba que nadie entre nosotros era capaz de adivinar el escondrijo de Andresito, y temiendo incluso que le hubiera ocurrido un accidente en su huida y no pudiera salir de alguna parte, oímos a los pequeños chillar alegremente desde el salón:

-¡Manuela!¡Manuela!¡Esta aquí!¡Está aquí!-

Volvimos rápidamente para celebrar su vuelta. Pero siendo como era también un motivo de alegría, no era lo que más esperaban todos. Aunque yo estaba segura que ella nos iba a revelar el escondite del pequeño.

El tío Andrés la miró entonces con mala cara, llena incluso de resentimiento, pero Manuela, comprendiendo lo que pasaba, nos llevó enseguida hasta el corredor donde estaba el gran reloj de pié. El mismo reloj tan viejo como la casa, que ya no funcionaba, y que me había señalado tía Isabela con su mano separada del cuerpo.

Empujándolo un poquito de costado, hizo que se desplazara el solo y dejara libre un estrecho hueco que daba a una escalerita de caracol – como la del armario de la entrada – que bajaba serpenteante hacia un sótano.

Los primeros que, desesperados, se metieron por allí, aunque con cierta dificultad – sobretodo tío Andrés por su barriga – fueron los padres de Andresito.

Y enseguida, impresionados por el hallazgo, oímos desde arriba sus gritos de alegría y entusiasmo al encontrarlo sano y salvo allí abajo. Estaba distraído felizmente con los viejos juguetes que habían pertenecido a la tía Isabela y la abuela Inés cuando eran niñas.

Según nos explicó Manuela, al buscar un escondite junto al reloj, huyendo del fantasma de la prima Fátima, Andresito había activado sin querer la entrada al pasadizo. Atreviéndose  entonces a bajar el solo por la escalerita, se encontró con aquel inesperado regalo de Navidad, de montones de juguetes: Una casa de muñecas con todos sus muebles y muñequitos, un caballito de madera más grande que él, muchos disfraces y caretas, norias y tiovivos de hojalata, barcos de madera, un coche antiguo de bomberos, un triciclo y un coche de pedales que aun funcionaba y que le hizo las delicias.

Cuando subieron con el niño todo sucio de polvo, tía Dorotea sentía tanta felicidad y alegría   que casi parecía que se iba a poner a llorar otra vez, de nerviosa y excitada que estaba. Tío Andrés, serio y arrepentido por lo que había sentido hacia Manuela, se acercó a ella y abrazándola cálidamente le dio dos cariñosos besos, al tiempo que le agradecía su inestimable ayuda para encontrar a Andresito, sin la cual quizá hubieran tardado mucho en encontrarlo.

 

Y colorín…

 

 

 

 

 

 

 

Cuento: El diario de tía Isabela -Capitulo 1º La herencia de tía Isabela. Mundo de niños

 

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La herencia de tía Isabela

Cuando mi tía Isabela falleció, me dejó en herencia su diario, que nadie más que ella había leído.

Y la misma noche comencé a pasar las amarillentas páginas del papel envejecido por el tiempo.

Las primeras hojas que escribió cuando apenas era una adolescente, aun estaban escritas con una vieja pluma de tintero.

Me divirtió poder apreciar la evolución de su edad, por el estilo de la letra.

Aunque siempre había conservado la gracia y la viveza del trazo, incluso hasta sus últimos escritos. 

Mis manos aun estaban temblorosas por la impresión de su recuerdo, casi sintiendo su amorosa presencia a mi lado, cuando leí:

- “Alguien que no es conocido, me ha dicho que la vida guarda muchos secretos que hemos de ir descubriendo poquito a poco” –

Desde bien pequeña la había querido mucho por lo cuidadosa que era conmigo.

Cuando me hacía regalos, siempre acertaba mis deseos. Como si leyera mi pensamiento.

En una ocasión en que no había sacado muy buenas notas, sin preguntarme nada, me regaló lo que había estado deseando silenciosamente, sin atreverme a pedírselo a mis padres: la caja de música que había visto en el escaparate de la tienda de la esquina.

También jugaba conmigo al escondite, que era lo que más me gustaba.

Su casa era muy grande, y después de fallecer su hermana – mi abuela Inés – solo vivía con su criada Manuela, que era como su sombra.

Manuela ya no era tan simpática como ella.

Aunque no me reñía, parecía que siempre estuviera a punto de hacerlo, con esa cara tan seria que tenía la pobrecita.

 Una día me escondí dentro de un gran armario de abrigos que había en el recibidor.

Esta vez yo sabía que a mi tía le costaría encontrarme, porque hizo la cuenta en la cocina, al otro extremo de la casa.

Allí se había quedado contando hasta treinta y tres, mientras pelaba las cebollas con Manuela.

Pero cuando esperaba ya dentro del armario, pude oír los pasos por el corredor, que se dirigían directamente  hacia donde yo estaba escondida.

Sin buscar antes por ninguna de las muchas habitaciones que había entre la cocina y el recibidor. Así que me extrañó mucho que lo supiera tan rápidamente.

Note cómo se abría la puerta y aparecía la triste cara de Manuela entre los abrigos.

Eso no era lo que yo me esperaba, y me asusté mucho.

Sentí como si me hubieran echo trampa, porque yo con Manuela no quería jugar al escondite,

y me puse a llorar por el disgusto.

 Después me contó mi tía, divertida, que también le habían saltado las lágrimas, pero por las cebollas, sin poder ver nada, y que por eso había enviado a Manuela a buscarme, que estaba más acostumbrada y ya no lloraba.

Sin embargo, a partir de ese día comencé a sospechar que entre Manuela y mi tía había una relación especial.

Quizá por eso sus nombres acababan con las mismas tres letras.

Además, también me pregunté si Manuela lo había adivinado ella sola, o fue mi tía, que todo lo sabía sobre mi, la que le indicó donde tenía que ir a buscarme.

Nunca me lo dijeron.

En su diario leí una frase que decía:

- “Las personas pueden comunicarse y adivinar cosas con el pensamiento” -

En mi corta vida había tenido muchas corazonadas de ese tipo.

Sobretodo con personas con las que tenía una relación íntima. Pero siempre habían ocurrido cuando menos me lo esperaba, y de la manera más imprevisible. Sin poderlas controlar.

Como cuando me encariñé tanto con la caja de música, sin decírselo a nadie, y al final resultó que me la regaló mi tía Isabela.

En su diario contaba muchas cosas de su vida y de sus relaciones con los demás. También de Manuela, de lo fiel y servicial que siempre había sido con ella.

Siendo un poco más joven que mi tía, había estado a su servicio doméstico prácticamente desde que vivía  con sus padres, mis bisabuelos.

Por la manera en como se refería a ella en sus escritos, noté que le guardaba mucho respeto y admiración. Lo que chocaba con la imagen que yo tenía de ella, siendo como era una mujer callada y taciturna.

Empecé a comprender porqué cuando me dieron su diario, tal y como tía Isabela lo había dicho en vida, Manuela me miró de una manera muy rara.

Como si le disgustara que yo me quedara con ese libro.

 Entonces me llegó de pronto la corazonada:

“Manuela sabía que en esas páginas mi tía contaba cosas sobre ella, que no quería que se supieran”

 El diario lo había escrito a lo largo de toda su vida, y habían muchos comentarios y descripciones de escenas, con su letra menudita que casi no se podía ni leer.

 Así que, por algún lado, debía de haber escrito cosas importantes sobre Manuela.

 Y me empeñé en encontrarlo sin seguir el orden cronológico de las páginas.

 Iba saltando por aquí y por allá caprichosamente, hasta que, estando a punto de cerrarlo por el sueño que me podía, encontré esta frase:

 -“Manuela es muy sensible y a veces hace cosas que no me puedo explicar”-

 Me asusté de tal modo al recordar la escena del armario, que no quise continuar más, durmiéndome enseguida para que ninguna imagen me pudiera robar el sueño.

Después de la defunción de mi tía, el viejo caserón que había pertenecido a mi familia desde los tiempos de mis bisabuelos, quedó bajo la solitaria custodia de Manuela.

Mi madre y sus hermanos decidieron mantenerlo para celebrar reuniones familiares, y también, quizá, por nostalgia.

 Sobretodo, si Manuela aun tenía la suficiente energía y voluntad para cuidarlo. Que las tenía, sin lugar a dudas.

Realmente me admiraba que pudiera querer vivir ella sola en una casa tan grande y antigua.

Con tantos recuerdos acumulados de las personas que vivieron en ella, desde hacía más de cien años.

Porque cuando mis bisabuelos la compraron, ya había pertenecido a otra familia antes que ellos.

Manuela debía de conocer todos los secretos que guardaban celosamente sus paredes, sus rincones, sus habitaciones, sus armarios…

Imaginé, incluso, que a lo mejor Manuela había deseado secretamente quedarse ella sola en toda la casa, como finalmente había ocurrido.

 Casi sin poder detener mi imaginación desbocada, pensé incluso que mi madre y mis tíos decidieron no venderla porque, en realidad, extrañas energías lo habían impedido.

Un poco asustada por mis propias fantasías, no me atreví a darles más vuelos.

Sin embargo, con el tiempo, comprendí que mi intuición no era demasiado descabellada, y que entre la casa y Manuela había una misteriosa relación.

Desde la noche que descubrí que Manuela era una persona tan especial para mi tía, el diario lo leí con cierto temor. No fuera que descubriera cosas demasiado secretas.

 Por eso, cuando unos días después del fallecimiento de mi tía, mi madre me pidió que fuera de nuevo a la casa, para recoger un vestido negro que se había dejado olvidado el día de la defunción, me dio miedo.

No deseaba volver allí, a pesar de los recuerdos tan entrañables que guardaba de la casa cuando vivía mi tía.

Pero tampoco podía decírselo a mi madre, porque entonces hubiera tenido que darle demasiadas explicaciones. Y pensé que no debía.

Así que, obediente y temerosa por mi propia imaginación, caminé la corta distancia que separaba las dos casas.

Llamé estirando del viejo tirador de madera, muy gastado ya por las manos que lo habían usado durante tantos años, y que accionaba una campanilla en el interior de la casa.

Divertida, recordaba que de pequeña me costaba mucho hacerla sonar, por lo fuerte que estaba, y entonces también usaba a veces el picaporte en forma de lagarto, que tanto me asustaba por lo real que parecía. No fuera que abriera la boca de pronto y me mordiera.

Mi tía nunca había querido ponerse timbre eléctrico, porque decía que las obras para instalarlo hubieran dañado el arco de piedra, que envolvía la hermosa puerta de madera de roble.

Manuela tardó un poco en abrirme.

 Sin besarnos, porque no teníamos costumbre, me hizo pasar enseguida hasta la cocina, donde me había preparado un humeante chocolate con pastelitos de crema, como me hacía mi tía.

Pero yo sabía que ya nada podía ser igual, aunque ella tratara de ser amable conmigo. 

Tan callada y concentrada en sus cosas, como si temiera que le fueran a quitar algo.

Entonces, rompiendo el silencio que prácticamente había reinado mientras me comía la rica merienda, me propuso que jugásemos al escondite, como hacía con la tía Isabel.

-¡Pero con una sorpresa!-  me dijo con una sonrisa tan rara, que me pareció de otra persona.

Esta vez sería ella la que se escondería.

Y sin esperar mi respuesta, de pronto, flacucha y ágil como era, desapareció corriendo por el pasillo, tras decirme:

-¡Empieza a contar hasta treinta y tres! -

Me quedé sin saber qué hacer en la cocina, asustada con mis fantasías.

Aunque en el fondo también me daba un poco de pena, la pobrecita, que se había quedado tan sola en la vida. 

Por eso me había preparado la deliciosa merienda y ahora quería jugar conmigo.

-“Por lo triste que estaría sin nadie a quien cuidar” – pensé

Así que decidí que debía jugar al escondite con Manuela, y enseguida supe adónde había ido a esconderse:

Al viejo armario del recibidor.

Al cruzar el largo corredor, con aquellas viejas lámparas en lo alto, que parecían arañas a punto de lanzarse sobre mi, me pareció más oscuro y largo que nunca.

Aunque estaba casi segura que se escondía en aquel sitio, temía que Manuela apareciera de pronto desde alguna de las habitaciones, con esa cara de pergamino envejecido que tenía, y me diera un susto de muerte.

Cuando llegué al recibidor y contemplé el viejo armario de toda la vida, pensé que verdaderamente  nunca me había fijado en él como lo hacía ahora, y lo descubriera por primera vez.

-¡Qué raro es!- me dije.

No era un mueble independiente pegado a la pared, sino que estaba empotrado en ella, como si formara parte de la misma casa.

Tenía tres puertas, con tres caras labradas en bajo relieve en la madera, en el centro de cada puerta.

Una cara triste, otra riendo y la del centro, inexpresiva y seria.

Me quedé frente a él sin saber cual debía abrir, porque cada puerta daba a compartimentos independientes.

Cuando yo me escondía de pequeña, lo hacía en el de la izquierda, que tenía la cara alegre.

Pero ahora Manuela podía estar en cualquiera, porque las tres puertas parecían muy bien cerradas.

Así que, sin atreverme a abrir ninguna, dije en voz alta para que me oyera bien:

-¡Manuela, sé que estás en el armario!¡Te he encontrado!¡Sal ya de ahí!-

Y pude oí una risita que salía de dentro, aunque también podía provenir de otro lugar, porque parecía muy lejana.

Era muy extraño.

No salió.

 -¡Manuela, si no sales, no juego más!¡Me estás asustando!-

Y volví a oír las risitas.

 Finalmente decidí que debía tomar una decisión y abrir una de las puertas.

Elegí la de la derecha. La que tenía la cara triste.

 Enseguida vi colgados dos largos abrigos de mi tía, pero Manuela no estaba allí dentro.

Me enfadé mucho con ella, porque me obligaba a tener que abrir más.

-¡Manuela, eres muy mala conmigo!¡Me estás dando miedo de verdad!-

Otra vez las risitas.

Y al final le dije, para asustarla yo a ella:

-¡Ahora verás!, ¡bruja!

-Y abrí las dos puertas que quedaban al mismo tiempo, para que no tuviera escapatoria.

Me atreví entonces a entrar en cada uno de los armarios, grandes como eran, palpando bien todas las esquinas entre la ropa antigua. Pero tampoco estaba en ninguno de los dos.

Aquello sí que me dio miedo, porque en el recibidor no quedaba otro lugar donde pudiera esconderse, y su vocecilla lejana, estaba segura, había salido de algún sitio de allí mismo.

Silenciosa, me quedé en el centro, mirando fijamente los muebles pegados a las paredes de mi alrededor: la cómoda con candelabros, las sillas, el arcón y el gran perchero espejo.

Me sentía muy sola pensando que aquella extraña mujer no podía sustituir de ninguna manera a   mi tía Isabela, que tan buena y cariñosa había sido conmigo, cuando sin esperarlo, a través del espejo vi que la puerta de en medio, la de la cara seria, comenzaba a abrirse muy despacito.

-¡No puede ser!- me dije con una exclamación llena de miedo, y salí corriendo para encerrarme en la cocina y no jugar ya más con Manuela.

Enseguida la oí acercarse y dar unos golpecitos en la puerta, pidiéndome por favor que la dejara entrar. Que no quería asustarme. Solo jugar un poco conmigo porque se encontraba muy sola.

Así que me dio mucha pena, llorando como ya estaba por el susto, y le abrí la puerta.

Allí estaba Manuela, más pequeñita que yo, con su vestido negro y su carita de india, pidiéndome que la perdonara por el susto que me había dado.

Tras darnos un abrazo y besarnos por primera vez, me despedí corriendo hasta la salida. 

-¡Espera! – me dijo saliendo ya por la puerta

– ¡que te olvidas del vestido de tu madre!-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuento: El ladrón de sueños. cuento para niños y adolescentes. Mundo de niños

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Hola

Bienvenidos

a Mundo de niños.

El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

                    
El ladrón de sueños

Ante un grupo de niños un hombre narró la siguiente historia:

Había una vez un muchacho quien era hijo de un entrenador de caballos. El padre del muchacho era pobre y contaba con apenas unos pocos recursos para mantener a su familia y mandar al muchacho a la escuela. Una mañana en la escuela, estando el muchacho en la clase, el profesor le pidió a los alumnos que escribieran la meta que quisieran alcanzar para cuando fueran adultos.

El joven escribió una composición de siete páginas esa noche en la que describía su meta. Escribió su sueño con mucho detalle y hasta dibujó un plano de todo el proyecto:

el rancho, las pesebreras, la ganadería, el terreno y la casa en la que quería vivir; en fin, puso todo su corazón en el proyecto y al día siguiente lo entregó al profesor.

Dos días más tarde, recibió de vuelta su trabajo reprobado, y con una nota que decía:”venga a verme después de clases”. El chico del sueño fue a ver a su profesor y le preguntó ¿por qué me reprobó? El profesor le dijo:”es un sueño poco realista para un chico como tú. No tienes recursos; vienes de una familia pobre. Para tener lo que quieres hacen falta muchas cosas y además mucho dinero.

Tienes que comprar el terreno, pagar por la cría original y después tendrás muchos gastos de mantenimiento. No podrías hacerlo de ninguna manera. A continuación el profesor agregó: si vuelves a hacer el trabajo con objetivos más realistas, reconsideraré tu nota”.

El chico volvió a su casa y pensó mucho. También le preguntó a su padre qué debía hacer. Éste le respondió:” mira hijo, tienes que decidir por ti mismo; de todos modos, creo que es una decisión importante para ti, ¿cierto?”

Finalmente después de reflexionar durante una semana, el chico entregó el mismo trabajo, sin hacer cambio alguno.

Le dijo al profesor:”usted puede quedarse con mi mala nota, yo me quedaré con mi sueño”.

Al concluir el hombre miró a los niños y les dijo:”les cuento esta historia porque es mi historia. Aquí estamos en medio de la casa de mis sueños, dentro del rancho que me propuse conseguir por que esa era la meta de mi vida. Aún conservo aquella tarea del colegio enmarcada sobre la chimenea”.

Luego agregó: “lo mejor de la historia es que hace dos años, ese mismo profesor trajo a treinta chicos a visitar mi rancho”. Y al irse el profesor me dijo: “mira, ahora puedo decírtelo. Cuando era tu profesor, era una especie de ladrón de sueños. Durante esos años, le robé un montón de sueños a los niños. Por suerte tuviste la suficiente fortaleza para no abandonar el tuyo’.”

No dejemos que nadie nos robe nuestros sueños, ni tampoco le robemos a otros los suyos.

Autor desconocido

ENIGMAS ACERTIJOS O ADIVINANZAS DE PENSAMIENTO LATERAL 2. Mundo de niños

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Bienvenidos a mundo de niños

Hoy en la sección enigmas de Mundo de niños te desafío a que soluciones estos 5 acertijos de pensamiento lateral.

Para conocer la respuesta, pasa el cursor haciendo clic por encima del paréntesis.

1. Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral: Zapatos de serpiente.

¿De qué color son los zapatos de serpiente?

(De ninguno, las serpientes no usan zapatos)

2. Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral: El loro.

Este loro es capaz de repetir todo lo que oiga”, le aseguró a una señora el dueño de una pajarería. Pero una semana después, la señora que lo compró estaba de vuelta en la tienda, protestando porque el loro no decía ni una sola palabra. Y sin embargo, el vendedor no le había mentido. ¿Puedes explicarlo tu?

(El loro era sordo)

3. Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral: Hermanos.

Juana le pregunta a Leocadia: ¿Quién es el hermano de tu hermano que no es tu hermano?. ¿Qué respondió Leocadia?

(Eres tú misma)

4. Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral: Los tirantes.

¿Para qué usan los campesinos tirantes de color?

(Para sujetarse los pantalones)

5. Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral: La importancia del lenguaje.

Para aquellos de vosotros que os importa hablar correctamente, ¿cómo se debe decir, la yema es blanca o las yemas son blancas?

(En realidad las yemas son amarillas)

 

 

¿Que es la intuición? Juego para desarrollar la intuición para niños y adolescentes

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Hola bienvenidos a Mundo de niños.

Hoy en la sección mundo misterioso os voy hablar sobre la intuición.

la intuición nos parece algo casi mágico pues nos da  respuestas o soluciones rápidas a nuestras preguntas o problemas. Es la capacidad de entender algo sin razonar. Por eso si te guías por la intuición podrás ver cosas que otros no son capaces de ver.

Mientras que  para analizar las cosas de una forma racional necesitas tiempo y de este modo todos podemos llegar a conclusiones mas o menos parecidas, la intuición da soluciones inmediatas y  esta al alcance de todos,  si no tenemos miedo a mirar la vida de una forma diferente.

Seguro que en muchas ocasione has tenido experiencias intuitivas. Pero como estamos acostumbrados a desechar todo lo que no viene del pensamiento lógico no les has prestado atención y has acabado desechándolas.

Visualización creativa para niños y adolescentes “Desarrolla tu lado intuitivo”

Importante antes de hacer este ejercicio

Toma varios papeles iguales y escribe una pregunta en cada uno de ellos, dóblalos para que no se vea lo que hay escrito y ponlos en algún recipiente o cajita, luego con los ojos cerrados, escoge uno de ellos.
Es importante no saber la pregunta a la que estas contestando de este modo tu pensamiento racional no influirá sobre tu intuición. Así que cuando durante la visualización tengas que hacer tu pregunta  puedes decir: Contesta a la pregunta que hay en el papel que he elegido.

 Divertido juego para par desarrollar tu intuición.

1-Aumenta tu percepción: Fíjate en todas las sensaciones que te llegan a traces de tus sentidos.

Graba con tu móvil la siguiente experiencia. Relájate, ponte en una posición bien cómoda respira profanadamente unas cuantas veces y luego cuando te sientas preparado empieza a decir en voz alta todo lo que percibes como por ej:”Siento mi respiración”, “huelo a comida”, “oigo como se cierra la puerta del vecino de arriba”, “ahora me pica la nariz”… Todas las impresiones que recibimos tienen un significado. Si practicas  esto con frecuencia te volverás más receptivo.

2 Haz una pregunta: Todos tenemos intuición, esa voz interior esta ahí para ayudarnos en los momentos de duda, pregúntale siempre que lo necesites, Eso sí, la pregunta tiene que ser muy clara y concreta para que la contestación también lo sea.

 No debes preguntar cosas como”¿Conoceré a mi pareja ideal?”, pues  puede que ya la conozcas y estonces la respuesta seria NO. La pregunta correcta seria: “¿Cuándo conoceré a mi pareja ideal?

De todas forma debes pensar muy bien que es lo que lo que quieres saber pues  la intuición siempre contesta  y puede que no te guste su respuesta

3 Como conseguir respuesta: Esta es la parte mas emocionante y divertida del juego. Toma varios papeles iguales y escribe una pregunta en cada uno de ellos, dóblalos para que no se vea lo que hay escrito y ponlos en algún recipiente o cajita, luego con los ojos cerrados, escoge uno de ellos (no debes mirar lo que pone). Enseguida, para que el pensamiento racional no pueda actuar, di todo lo que sientes o percibes en voz alta. Grábalo cono tu móvil o que  un buen amigo escriba lo que dices. El secreto es decir todo lo que te venga a la cabeza. Cuando te quedes en blanco, respira profundamente, y fíjate en  todo lo que sientes, dilo también en voz alta para que quede grabado. Después escucha con atención la grabación he intenta interpretar con tu mente racional lo que tu intuición te ha dicho. Cuando termines despliega el papel elegido y lee la pregunta a la que has contestado. Es importante no saber la pregunta a la que estas contestando de este modo tu pensamiento racional no influirá sobre tu intuición.

4 Descifrar la respuesta. Para descifrar el significado de tus palabras y sensaciones analízalas desde tu mente racional. Que te sugieren esas palabras,  que quieren decir para ti .Deja que una idea te lleve a otra. Si lo que te ha venido a la mente son imágenes o símbolos, piensa que pueden significar para ti o para tu familia y analiza que te hacen sentir.

5 Como evitar engañarnos a nosotros mismos. Es difícil saber cuándo nos habla nuestra intuición y cuando no. Para evitar el autoengaño lo mejor es que te conozcas muy bien a ti mismo y así podrás identificar bien las emociones y miedos que pueden confundirte.

6 Ciertos hábitos que te ayudarán son: llevar un diario de tus sueños y tus estados anímico, el yoga y la meditación, son técnicas que te pueden ayudar a concentrarte mejor, es muy bueno hacer ejercicio, disfruta de todo lo que te rodea, da las gracias por todas las cosas buenas que hay en tu vida y nunca pierdas tu sentido del humor.

 

 

 

         

 

Cuento:La feria de los sueños 3ª parte. Cuento para niños y adolescente. Mundo de niños

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Hola

Bienvenidos

a Mundo de niños.

El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

                       

Cuento:La feria de los sueños

-Pensé detenidamente sobre mi sueño y su significado. Deduje  que era una especie de sueño colectivo, donde los diferentes soñadores estaban inter-actuando entre sí, porque no había ningún líder o protagonista que destacara en la escena. Y entonces comprendí que los diferentes soñadores, llegando a un extremo en que debido quizá a que ya habían agotado todas las satisfacciones de sus sueños individuales, en este caso de la posesión de riquezas, entraban finalmente en una batalla colectiva, probablemente inducida por los mismos ingenieros-creadores.  Y esa era la verdadera finalidad de la feria, que todos acabaran teniendo pesadillas de luchas y peleas entre ellos, que tarde o temprano se materializaban en la realidad, y obtenían así un tremendo beneficio sin fin, porque de esa manera la absorción de energía no acababa en el recinto, sino que se extendía también a la vida real.

-Era por eso que las cúpulas estaban distribuidas temáticamente, para que dentro de cada una de ellas se diera solo un tipo de energía específica, porque así las personas emitían  el mismo tipo de vibración; la energía de la codicia, la energía de la ambición, la energía del narcisismo, la energía de la soberbia, y pudiera ser más fácil para los ingenieros-creadores  clasificarla y sacarle provecho. 

-¡Las cúpulas hacían el efecto de enormes acumuladores energéticos para después expandirlos en la vida real!

-“¡Increíble!” – pensé – La escena había sido tan abrumadora para mí, que me había sentido totalmente incapaz de tomar alguna iniciativa para contrarrestar semejante barbaridad. Pensé también que si aquella escena era la premonición de algo que podría ocurrir próximamente en mi ciudad, o era simbólica de algo más concreto y real de la vida de mis semejantes, podía temer algún acontecimiento verdaderamente dramático, como ya ocurriera con el  sueño del concierto de música y lo que ocurrió después. 

-“Y yo, entonces… ¿qué podría hacer yo? Porque mis pensamientos y sentimientos también emitían algún tipo de vibración”- pensé –  “Pero muy diferente…”

-“Podría hacer algo con ese tipo de vibración mía. La vibración del amor y de la empatía. ¡Claro que sí!” – me dije decidida.

-Tardé algunos días más en poder soñar de nuevo en las cúpulas, porque un acontecimiento extraño vino a causarme inquietud en mi vida normal.

-La cosa es que un día me sentí victima de una misteriosa persecución por las calles de la ciudad, cuando regresaba a casa por la noche. Un personaje alto y oscuro, oculto tras unas enormes gafas de sol, aparecía en  muchos de los lugares por los que pasaba de vuelta a casa, sin que notara que me persiguiera físicamente en ningún momento. Es decir, aparecía como por arte de magia en la parada del bus, luego en una calle por la que pasaba , quieto como una estatua, en los jardines próximos a mi casa…

“¿Cómo llegaba hasta allí?” – pensaba sorprendida cada vez que lo veía. Siempre me miraba fijamente, como si quisiera infundirme miedo a pesar de que las calles estaba llenas de gente, pero parecía que nadie más que yo lo viera, porque a pesar de su rara quietud no llamaba la atención. Tras abandonar la calle y llegar finalmente a mi casa, una vez que me sentí protegida ya en el interior de mi habitación, comprobé inquieta desde mi ventana  su repelente presencia, observándome fijamente desde la acera. Tras sobreponerme al miedo inicial, pensé que no había ninguna duda sobre su propósito, que no era otro que el de hacerme alguna advertencia. Pero ¿sobre qué? ¿Sobre los acontecimientos relacionados con la feria…? Pensé que sí, y si así era, aquel personaje no podía ser otra cosa que uno de los famosos ingenieros-creadores de los sueños. Se me había aparecido en la vigilia y no  en un sueño, como me advirtió aquel vagabundo, pero era evidente que no era humano, por su inquietante capacidad para aparecer en tantos lugares diferentes sin que lo viera desplazarse.

-“¡Y aquí estaba la prueba definitiva de que los sueños se mezclaban con la realidad!”- pensé con acierto.

-Cuando desperté a la mañana siguiente, el feo personaje ya no estaba en la calle, pero todo lo vivido la noche anterior había producido en mis sueños normales una desagradable pesadilla, que no había podido controlar por no ser un sueño lúcido.

-En ella, este siniestro ser de oculta mirada, me infundía tanto rechazo al pié de mi propia cama, que el propósito que estaba programando para mi siguiente sueño lúcido, de emitir pensamientos de alta frecuencia, cargados de amor y empatía hacia la humanidad, se me hacía totalmente imposible. Conseguía que lo odiara por su tremenda insolencia de entrar en el secreto dormitorio de mi intimidad, pero sobretodo, por el nauseabundo hedor que desprendía su ser, inundando fétidamente todo el espacio acogedor y cálido desde donde incubaba mis maravillosos viajes inter-dimensionales al mundo de los sueños.

Tal fue la intensidad y el realismo de su presencia, que al despertar aun se mantenía en mi memoria su pestilente olor, lo que me llevó inmediatamente a llenar la habitación de perfumadas rosas y jazmines.

-“Luego la profecía del vagabundo se había cumplido finalmente” – pensé cautivada por la fascinante sucesión de los acontecimientos.

-Todo lo ocurrido no hacía sino darle fuerza a mi propósito. Si me habían atacado de aquella manera, era porque algo temían, y lo que más temían,  pensé acertadamente, era que yo utilizara sus propias cúpulas para emitir pensamientos de altísima frecuencia y bondad, porque por el propio efecto expansivo que los ingenieros-creadores habían inventado para expandir el mal a través de los pensamientos egocéntricos de los seres humanos, mi pensamiento se propagaría por la vida por lo menos con la misma fuerza ¡Eureka!

-Cuando a la vuelta de los días, ya recompuesta completamente de la última y maloliente pesadilla, por fin pude imaginar un maravilloso sueño lúcido en las cúpulas, desperté en un lugar sobrecogedor por su belleza solemne y pura. Era como un desierto infinito en su extensión y henchido de una luz cálida que  acariciaba amorosamente mi cuerpo. Ni rastro de los ingenieros-creadores, ni rastro de los soñadores de aventuras egoístas, ni rastro de  bajas frecuencias. Como si la misma intención que me había llevado a ese noble propósito,  hubiera barrido absolutamente a todos los que “no estaban en nuestra misma frecuencia”, porque, comprendí enseguida… no estaba completamente sola. Pude advertir con un gozo y alegría indescriptibles a otras personas diseminadas por el mismo espacio luminoso y  con la misma  sensibilidad e inquietud que yo.  Meditadores de alta frecuencia, que estaban haciendo lo mismo sin saber nada de ellos.  Emitir pensamientos elevados para toda la humanidad.

Fin