Tag Archives: desarrollo personal

Cuento: El saco de carbon. Mundo de niños

ilustración,cuento,El saco de carbon,niños,niñas,adolescentes,Mundo de niños,mundodeninos.es,

Hola

Bienvenidos

a Mundo de niños.

El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

 

El saco de carbon 

Un día, entre en casa dando patadas en el suelo y gritando muy enfadada. Mi madre, me llamó. Y yo, la seguí, diciendo en forma irritada:

–Mama, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Marta no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarla!

Mi madre, una mujer normal, pero llena de sabiduría, me escuchaba con calma y yo continuaba diciendo:

– Imagínate que la muy estúpida me humilló frente a mis amigas. ¡No acepto eso! Me gustaría que se pusiera enferma para que no pudiera ir más a la escuela.

Mi madre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de donde tomó un saco lleno de carbón el cual llevó hasta el final del jardín y me propuso:

– ¿Ves aquella sabana blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Marta y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a ella. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo regresare para ver como quedó.

Yo lo tome como un juego y comencé a lanzar los carbones pero como el tendedero estaba un algo lejos, pocos de ellos acertaron la sabana. Cuando, mi madre regresó y me preguntó:

– Hija ¿Qué tal te sientes?

Yo le respondí – Cansada pero alegre. He acertado algunos pedazos de carbón a la sabana.

Mi madre me tomo de la mano y le dijo:

- Ven conmigo quiero mostrarte algo.

Me colocó frente a un espejo que me permitía ver todo mi cuerpo. ¡Qué susto! Estaba casi todo negro y sólo se le veían los la boca y los ojos. En ese momento mi madre me dijo:

– Lu, cómo has podido observar la sabana ha quedado un poco sucia pero no es comparable a lo sucia que estas tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que queramos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, o acciones los residuos y la suciedad siempre quedan en nosotros mismos.

El rencor y el resentimiento son sentimientos que nos hacen mucho daño, perdona y deja marchar ese sentimiento que tanto te duele, el perdón es para ti no para la persona que te ha herido.

Visualización creativa guiada: Disfruta volando.

ilustración infantil y juvenil,Mundo de niños

Visualización creativa guiada: Disfruta volando.

La visualización consiste en relajarse e imaginar situaciones placenteras de la forma más real posible, incluyendo detalles, olores, sabores, colores, etc. y sobre todo sentirlas como si fueran reales.

Siéntate co la espalda recta o acuéstate cómodamente, no crúces ni los brazos ni las piernas.

Cierra los ojos y deja que mis palabras te suman en un profundo estado de relajación.

Respira profundo.

Siente como una ola de relajación recorre todo tu cuerpo desde la cabeza hasta los pies.

Al tomar aire te llenas de paz te llenas de amor.

y al soltarlo expulsas con el todos tus miedos y tus dudas.

Continua haciendo esto durante unos momentos.

Ahora estas muy tranquilo y relajado tomas aire de forma muy profunda deteniendo el aire en los pulmones durante unos segundos y después lo soltándolo lentamente y continua respirando como lo haces normalmente (eso es).

Empieza a imaginar que cuando sacas el aire por la nariz, innumerables rayos de luz de multicolor salen de cada uno de los poros de tu piel y que se proyectan hacia el exterior, abarcando el mundo entero y llenándolo con su resplandor, y, cuando y cuando vuelves a tomar aire imagina que todos aquellos rayos de luz de multicolor vuelven a tu cuerpo a través de los poros de la piel, esta luz que ahora inunda todo tu cuerpo es mágica y te hace sentir cada vez mas y mas ligero, sientes tanta ligereza que tu cuerpo empieza a elevarse, y a flotar y te vas elevando suave y lentamente, ahora empiezas a volar. Estas volando sobre una hermosa playa.

Puedes ver abajo un velero deslizándose suavemente por las aguas azules del mar y vuelas sobre sus doradas arenas. Te das cuenta de lo maravillosa que se ve la vida desde esta perspectiva.

Desde ahí arriba, desde lo alto divisas una isla muy verde y te diriges hacia allí para verla mas de cerca. hueles el frescor que desprende la exuberante vegetación. Que maravilloso es volar y sentir esta ligereza, te sientes muy bien, y disfrutas de todas las cosas que puedes ver desde lo alto la claridad del agua del mar, en lo limpio del cielo, en la frescura del aire, que acaricia tu piel, siéntelo, toda la naturaleza te invade, atraviesas unas preciosas nubes como de algodón que te refrescan con su humedad, el aire huele a limpio, es un precioso atardecer y la luz anaranjada de sol lo pinta todo con sus calidos colores en este dia maravilloso, observa todos los detalle los colores, los aromas, siéntelo, sigue volando y disfruta de esa maravillosa sensación de libertad, relájate y déjate llevar por tu imaginación a donde tu quieras, ahora todo es posible……….

Estas disfrutando enormemente, simplemente por ser, simplemente por estar, ahí. A lo lejos ves esa playa sobre la que volabas al principio y empiezas a acercarte poco a poco a ese lugar, empiezas a sentirte bien como en tus mejores momentos, regresando esa playa y continuas volando hacia allí.

Comienzas a regresar poco a poco, a ese lugar de donde saliste, a ese lugar donde te encontrabas sentado

dejando en tu cuerpo esa agradable sensación de ligereza, de plenitud, sintiéndome muy bien, Ahora, vuelves otra vez a tu cuerpo sintiendo una agradable sensación de paz y tranquilidad, todo esta perfectamente bien…. Eso es.

Cuento: ¿Quien sabe mas? Jorge Bucay

adolescentes, crecimiento personal, cuento corto, desarrollo personal, entretenimiento, mundo de niños, mundodeninos.es, narración, niñas, niños, relato, se tu mismo, valores, video cuento, You tube

Hola

Bienvenidos

a Mundo de niños.

El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

¿Quien sabe mas?

 

Una historia divertida para hacer reflexionar a niños y adultos.

Cuento: ¿Quien sabe mas? Jorge Bucay

— “Papi… papi… estuve con Huguito, que viene de pelearse con su papá”

 — “¿Y por qué se peleó con su papá?”

 — “Porque el papá de Huguito dice que él sabe más que Huguito.”

 — “Sí, hijo. El papá de Huguito sabe más que Huguito.”

 — “¿Y cómo lo sabes tú, si tú no conoces al papá de Huguito?”

 — “Bueno, porque es el padre, hijo, y el padre sabe más que el hijo.”

 — “¿Y por qué sabe más que el hijo?”

 — “Y… ¡porque es el papá!”

 — “¿Qué tiene que ver?”

 — “Bueno, hijo, el papá ha vivido más años… ha leído más… ha estudiado más… entonces sabe más que el hijo.”

 — “Ah… ¿y tú sabes más que yo?”

 — “Sí.”

 — “¿Y todos los padres saben más que los hijos?”

 — “Sí.”

 — “¿Y siempre es así?”

 — “Sí.”

 — “¿Y siempre va a ser así?”

 — “Sí, hijo, ¡siempre va a ser así!”

 — “¿Y la mamá de Martita sabe más que Martita?”

 — “Sí, hijo… la mamá de Martita sabe más que Martita…”

 — “Dime, papá, ¿quién inventó el teléfono?”

 El padre lo mira con suficiencia y le dice:

 – “El teléfono, hijo, lo inventó Alexander Graham Bell.”

 — “¿Y por qué no lo inventó el padre de él, que sabía más?”

Y Colorín colorado este cuento se ha terminado.

No siempre los adultos por el hecho de serlo tienen la razón.

Cuento: Sé tu mismo

adolescentes, audio, crecimiento personal, creencias, Cuento infantil y juvenil, desarrollo personal, diversión, educación, enfrentar los problemas, entretenimiento, español, mundo de niños, narración, relato, se positivo, si quieres puedes, valores, Mundo de niños,

Hola

Bienvenidos

a Mundo de niños.

El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

Sé tu mismo

Extraído del libro “Aplícate el cuento”, de Jaume Soler y Mercè Conangla

 

Cuento: Como el papel arrugado. Mundo de niños

ilustración, cuento,niños,adolescentes,Mundo de niños,

Hola

Bienvenidos

a Mundo de niños.

El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

Como el papel arrugado.

 

Cuando era niña mi carácter nervioso, y susceptible hacía que me enfadase por cualquier tontería a veces llegando a insultar y humillar a mis compañeros, la mayoría de las veces después de estas peleas me sentía muy mal y me esforzaba en consolar y pedir perdón a quien había dañado.

Un día mi maestro después de uno de mis ataques de rabia me dio una hoja de papel y me dijo:
– Estrújalo.

Asombrada obedecí  apretando el papel entre mis manos hasta hacer de la hoja una bolita
– Ahora- volvió a decirme- Déjalo como estaba antes.

Por supuesto que no pude dejarlo como estaba.

Por más que lo intente  estirar y alisar el papel estaba lleno de pliegues y arrugas que no pude Hacer desaparecer.Entonces mi maestro me dijo:

“El corazón de las personas es como este papel… La impresión que dejas en ellos, será tan difícil de borrar como estas arrugas que has hecho en esa cuartilla”.

Cuento adaptado de G. Heger

Cuento: ¿Cual eres tú? Mundo de niños

ilustración,niños,niña,adolescentes,cocina,cuento,Mundo de niños,Hola

Bienvenidos

a Mundo de niños.

El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

¿Cual eres tú?

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y de cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía como hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

 Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo.

 Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego.

 En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir. Sin decir palabra.

 La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.

 A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente.

 Mirando a su hija le dijo:

- “Querida, ¿qué ves?”

 – “Zanahorias, huevos y café”, fue su respuesta.

 La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias, ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

 Humildemente la hija preguntó:

 – “¿Qué significa esto, padre?”

 Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente.

 La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había puesto débil, fácil de deshacer.

 El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.

 Los granos de café, sin embargo eran únicos: después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua.

 – “¿Cuál eres tú, hija?. Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?”, le preguntó a su hija.

 – “¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?”

 – “¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable, poseías un espíritu fluido, pero después de la muerte de la abuelita, el divorcio entre tu madre y yo, o problemas en los estudios y el perder a ese chico del que estabas enamorada te ha vuelto dura y rígida? Por fuera te ves igual, pero… ¿estas amargada y áspera, con un espíritu y un corazón endurecido?”

 – “¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor.”

 – “Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor, tú reaccionas en forma positiva, sin dejarte vencer, y haces que las cosas a tu alrededor mejoren… Que ante la adversidad exista siempre una luz que ilumina tu camino y el de la gente que te rodea. Esparces con tu fuerza y positivismo el dulce aroma del café”.

 

 

 

 

 

Cuento: Nadie se lo dijo.

Ilustración,infantil,juvenil,cuento,Mundo de niños

 

Hola

Bienvenidos

a Mundo de niños.

El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

Nadie se lo dijo

Había una vez dos niños que patinaban sobre una laguna helada. Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación. De pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua, quedando atrapado. El otro niño, viendo que su amigo se ahogaba bajo el hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró romper la helada capa, agarró a su amigo y lo salvó.

 Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaban cómo lo hizo, pues el hielo era muy grueso.

 – “Es imposible que lo haya podido romper con esa piedra y sus manos tan pequeñas”, afirmaban.

 En ese instante apareció un anciano y dijo:

 – “Yo sé cómo lo hizo”.

 – “¿Cómo?”

 – “No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo”.

Este cuento nos habla de como nuestras propias creencias son las que nos limitan. Si toda la vida te han estado diciendo que algo es imposible  al final acabas creyéndolo y ni se te ocurre intentarlo. 

Cuento: La pelea de lobos. Mundo de niños

Ilustración,infantil,juvenil,india,cuento,Mundo de niños,

Hola

Bienvenidos

a Mundo de niños.

El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

La pelea de lobos


El jefe de una tribu estaba manteniendo una charla con sus nietos acerca de la vida, cuando les dijo:

 – “¡Una gran pelea está ocurriendo dentro de mí!… ¡es entre dos lobos!”

 – “Uno de los lobos es maldad, temor, ira, envidia, dolor, rencor, avaricia, arrogancia, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, orgullo, egolatría, competencia y superioridad.”

 – “El otro es bondad, alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, dulzura, generosidad, benevolencia, amistad, empatía, verdad, compasión y fé.”

 – “Esta misma pelea está ocurriendo dentro de ustedes y dentro de todos los seres de la tierra.”

 Lo pensaron por un minuto, y uno de los niños le preguntó a su abuelo:

 – “¿Y cuál de los lobos crees que ganará?”

 El anciano jefe respondió, simplemente…

 – “El que alimentes.”

 

Cuento: Que pobres somos de Paulo Coelho. Mundo de niños

Hola

Bienvenidos

a Mundo de niños.

El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

 Qué pobres somos cuento de Paulo Coelho

                   

Aunque durante estas fechas  palabras como amor, paz,  y solidaridad se escuchan continuamente por todas partes, la Navidad se ha convertido cada vez más en un tiempo dedicado especialmente al consumo: compras de todo tipo, ropa, comida, derroche energético y el típico intercambio de regalos, que alcanza su punto álgido ante la proximidad del día de Reyes han despojado estas fiestas de su verdadero sentido.

Estos tiempos de crisis económica pueden ser un buen momento para reencontrarnos con el espíritu de la Navidad, un tiempo de afectos, un momento para compartir, el nacimiento de la nueva oportunidad que nos brinda el  año nuevo, para llenar tu vida y la de los tuyos con sentimientos y pen­samientos alegres y positivos y para seguir compartiendo la vida en familia y entre amigos.
cuento,ilustración,niños,adolescentes,crecimiento personal,lo material y lo esencial,Mundo de niños,

No dejemos que lo material no nos deje ver lo esencial.

Que pobres somos de Paulo Coelho

Una vez, un padre de una familia acaudalada llevo a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito de que viera cuán pobres eran las gentes del campo.

Estuvieron por espacio de un día y una noche completa en una granja de una familia campesina muy humilde.

Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le pregunta a su hijo:

“¿Que te pareció el viaje?” – preguntó el padre.

“Fue fantástico Papá!” – dijo el hijo

“¿Viste que tan pobre puede ser la gente?” – preguntó el padre

“¡Oh, sí!” – dijo el hijo

“Y… ¿que aprendiste?” – preguntó el padre

El hijo contestó:

“Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro.”

“Nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega a la mitad del jardín… y ellos tienen un río sin fin, de agua cristalina, donde hay pececitos y otras bellezas.”

“Que nosotros importamos lamparas del Oriente para alumbrar nuestro jardín…mientras que ellos se alumbran con la luna y las estrellas.”

“Que nuestro patio llega hasta la pared de la casa del vecino, ellos tienen todo el horizonte de patio.”

“Tenemos un pequeño pedazo de tierra para vivir y ellos tienen campos que van más allá de nuestra vista.”

“Que nosotros compramos nuestra comida;…ellos, siembran y cosechan la de ellos.”

“Nosotros cocinamos en estufa eléctrica…Ellos, todo lo que comen tiene ese glorioso sabor del fogón de leña.”

“Para protegernos nosotros vivimos rodeados por un muro, con alarmas….Ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos.”
“Nosotros vivimos conectados al celular, a la computadora, al televisor… Ellos, en cambio, están “conectados” a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del valle, a los animales, a sus siembras, a su familia.”
“Especialmente papá, vi que ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia. Tú y mamá tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo y rara es la vez que conversan conmigo.”

El padre se quedó mudo… y su hijo agregó:

“¡Gracias Papá por enseñarme lo pobres que somos!

Cuento de Navidad: La cena de Nochebuena. Mundo de niños

Cuento de navidad,La cena de nochebuena,cuento,relato,misterio,niños,adolescentes,

 

Hola

Bienvenidos

a Mundo de niños.

El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

                       

Cuento de Navidad: La cena de Nochebuena

La primera Noche Buena después del fallecimiento de tía Isabela, nos volvimos a reunir toda la familia en la vieja casona, que ahora había quedado bajo la solitaria custodia de la criada.

Mi madre y sus hermanos, Juana y Felipe, habían pensando que era preferible mantener la finca, para poder así continuar reuniéndose los hermanos con sus familias, en las celebraciones importantes. Siendo como éramos tan numerosos, entre niños y adultos.

Sin embargo, yo sabía por el diario que heredé de tía Isabela, que el otro hermano, mi tío Andrés, era difícil de carácter y siempre iba a contracorriente de los demás. Por lo que era muy probable que no estuviera de acuerdo con la decisión de sus hermanos.  

A la criada Manuela se la consideraba una más de la familia, aunque tuviera sus obligaciones domésticas dentro de la casa, y durante la celebración de esa cena tan especial, se sentaba con nosotros.

Ella conocía muy bien el temperamento de tío Andrés desde que era bien pequeño, y seguro que también sospechaba de sus intenciones sobre el futuro de la casa familiar, porque cuando llegó con mi tía y los primos, los recibió con una atención especial. Besando con tanto cariño y afecto a los niños.

El tío Andrés, en cambio, no pareció mostrar muy buen humor por la amabilidad de la criada. Incluso como si le molestara, lo que me hizo presagiar que esa noche podía ocurrir algo un poco triste.

Cuando estuvimos todos sentados en torno a la gran mesa del salón principal, enseguida eché en falta la presencia de la tía Isabela, que, desde que falleció su hermana Inés, mi abuela, siempre la había presidido con su carisma y elocuencia.

Por eso recordé enseguida lo que había escrito en su diario, sobre la capacidad que tenemos las personas para crear armonía y evitar situaciones desagradables.

Escribía que cuando a veces somos capaces de presentir un acontecimiento negativo, en vez de pensar que va a ser inevitable, dejándonos llevar por la tristeza, hay que poner toda nuestra voluntad en la convicción de que ocurrirá lo contrario. Sobretodo si pasaba entre personas cercanas, como era el caso de ahora.

Pero también decía, y esto me costaba más entenderlo, que si muchas personas, cientos o miles – cuantas más mejor – fueran capaces de no dejarse llevar por el miedo ante probables acontecimientos sociales muy malos, como guerras y crisis, podrían evitarlos, si coordinaban sus pensamientos positivamente.

Con esa unión de las voluntades – aseguraba en su escrito – incluso seríamos capaces de evitar las grandes catástrofes naturales, cuando hubiera previsión de ellas.

 

Manuela me miró mientras pensaba en estas cosas del diario de mi tía y, como si lo adivinara, empezó a reírse. Sabía que entre mi tía y ella había una relación muy íntima, y seguramente también conocía estas ideas tan maravillosas. Por lo que sería estupendo que las dos uniéramos nuestra voluntad de armonía, para evitar que la cena de Noche Buena se convirtiera en la cena de noche mala.

Separadas como estábamos en torno a la gran mesa, nos miramos fijamente con alegría y nos trasmitimos nuestros buenos propósitos.

Cuando apenas habíamos comenzado a comer el pavo, mi tío Andrés no tardó en centralizar la atención de todos, como Manuela y yo nos temíamos. Por eso nos miramos con complicidad.

Alzando la copa de champan con una gran sonrisa de oreja a oreja, que chocaba con la seria cara que había mostrado al llegar, se puso en pié para darle mucha importancia a lo que iba a decir, y comenzó solemnemente:

-Queridos hermanos…cuñados…sobrinos… – omitió a Manuela – quiero celebrar con vosotros que estemos todos reunidos en esta maravillosa cena de Noche Buena, y al mismo tiempo dedicar unos segundos de silencio al entrañable recuerdo de la tía Isabela, que tanta felicidad supo transmitirnos – y tras los instantes que él había decidido mantener, continuó:

- Y también quiero aprovechar esta velada para proponeros que el año que viene la celebremos todos juntos en mi gran casa de campo –

Conociéndolo como lo conocían, todos entendieron enseguida el doble fondo de su brindis. Nadie se extrañó de la invitación, porque ya sabían cuales eran sus intenciones, y todo hacía presagiar que la cena se convirtiera en una tensa discusión familiar. Porque quizá, podría  acabar convenciendo también a algún indeciso, para vender la casa.

Pero mi madre, Rosa, que era la mayor de los cuatro hermanos, enseguida lo cortó alzando también la copa, para no hacerle un feo:

-Gracias por tu generosa invitación Andrés, pero no es momento de adelantar acontecimientos –

Y todos brindaron después de las palabras de mi madre que, lista como era, lo había hecho callar elegantemente.

 

Mi tía contaba en su diario, que Manuela y la casa tenían una relación muy especial.

Hasta el punto que pensaba que la habitó en otra vida pasada. Porque mi tía creía en la reencarnación.

Escribía que conocía secretos de sus viejas paredes que, ellas, las hermanas Inés e Isabela, incluso el abuelo Federico, nunca descubrieron.

Una vez les reveló que el armario que había en el recibidor tenía una puerta secreta en el fondo, que daba, a través de una estrecha escalerita, a un sótano debajo del piso. Pero ese sótano se extendía con pasadizos por todo el subsuelo de la finca, con más entradas secretas a otras partes de la casa, que solo la criada conocía.

  

Después del famoso brindis, Manuela, menudita y discreta como era, se levantó de la mesa y desapareció sin que nadie se diera cuenta, animados como estaban todos, bebiendo y comiendo los ricos manjares.

Pero cuando empezó a tardar más de lo normal, mi madre también la echó en falta.

- Vaya – pensé intrigada, porque conocía las travesuras de Manuela – ya está otra vez jugando al escondite –

Entonces, a la orden de mi madre – ¡Ale, todos a buscar a Manuela! – los niños salieron corriendo en su busca por toda la casa, como si fuera una gran aventura para ellos.

Se oían sus chillidos desde el salón, mientras iban entrando por todas las habitaciones y hurgando en todos los rincones:

-¡Aquí no está!- gritaba la prima Alicia.

-¡Aquí tampoco! – respondía el primo Arturo.

Mientras, mis tíos y tías seguían en la mesa felizmente sin darle demasiada importancia.

La búsqueda de Manuela se convirtió entonces en una escusa para jugar por toda la casa a esconderse y perseguirse, olvidándose de ella poco a poco.

Yo permanecía con los mayores, pero sin dejar de escuchar sus vocecillas, que parecían muy excitadas por los sustos que se daban unos a otros, subiendo y bajando por las escaleras sin parar.

-¡Al jardín no salgáis, que está nevando y hace mucho frío! – les decía tía Juana.

Llegado este punto de la velada, donde todo parecía en orden y sin sobresaltos, el agudo y penetrante chillido de la pequeña Mónica, nos obligó a todos a ir a buscarla.

Yo, que iba la primera de la expedición familiar, nada más girar la esquina, pude ver por el corredor en penumbra, la imagen blanca y resplandeciente de tía Isabela, que mirándome con su cara amorosa, me señalaba con la mano izquierda el viejo reloj de pie que había en medio del pasillo, pegado a la pared.

Impresionada por la brumosa aparición, los miré a todos para comprobar que también habían visto lo mismo que yo, pero ellos solo vieron a la prima Fátima con una sábana blanca echada encima, asustando a los más pequeños como si fuera un fantasma.

Quise explicarles lo que había visto, pero finalmente acepté que, por alguna razón que no comprendía, tía Isabela había querido que solo yo la viera.

Además, tampoco me iban a hacer mucho caso con el nerviosismo que tenían, porque entre los niños que habían corrido asustados por la broma de Fátima, faltaba Andresito, el pequeño del tío Andrés.

 

Su búsqueda se convirtió entonces en una frenética labor de todos, pequeños y mayores, que temiendo que le hubiera pasado algo malo, siendo como era un niño de tan solo cinco años, empezaron a llamarlo y mirar bien por todas partes.  

La casa de dos plantas y desván era muy grande, y tenía muchos cuartos y salas donde buscar. Había armarios y grandes cortinajes tras los cuales podría estar escondidito. También muchos dormitorios con camas que había que mirar bien debajo de ellas.

Baúles y otros lugares como esquinas y rincones en los que un niño pequeño cabía sin dificultad, todo fue perfectamente mirado, sin dejarse nada por rastrear. Incluso miramos en el armario del recibidor donde yo sabía que había un acceso secreto, pero las tres puertas del armario estaban cerradas con llave, para evitar precisamente que jugaran allí dentro.

Desesperados y a punto de romper a llorar tía Dorotea, decidieron incluso subir al desván, grande como era y lleno objetos viejos y polvorientos. Aun sabiendo que allí no podía estar, porque la gruesa llave que se necesitaba para abrir la puerta, estaba guardada en un cajón de la cocina. Pensamos que también podía haber salido al jardín y estar escondido en el invernadero o en la casa de jardinería, asustado como estaría por la prima Fátima. Pero como el gran manto de nieve que lo envolvía todo estaba completamente virgen y sin huellas, supimos enseguida que tampoco había salido al exterior.

Y poco a poco, la tristeza y el desánimo comenzaron a reinar entre todos, que no comprendían lo que podía haberle ocurrido al pequeño. Tía Dorotea, incapaz ya de contener las lágrimas y los lamentos, estaba acurrucada en un sillón, siendo consolada por su cuñada Juana. Y tío Andrés, al borde de una explosión de ira, comenzaba a echar la culpa de su desdicha a Manuela, con comentarios llenos de rabia y de descalificación hacia la pobre, que no había hecho nada.

Pero yo tenía absoluta confianza en que el pensamiento que había tenido al principio de la cena, tarde o temprano, nos daría sus frutos, y que todo se resolvería positivamente.

Cuando todo indicaba que nadie entre nosotros era capaz de adivinar el escondrijo de Andresito, y temiendo incluso que le hubiera ocurrido un accidente en su huida y no pudiera salir de alguna parte, oímos a los pequeños chillar alegremente desde el salón:

-¡Manuela!¡Manuela!¡Esta aquí!¡Está aquí!-

Volvimos rápidamente para celebrar su vuelta. Pero siendo como era también un motivo de alegría, no era lo que más esperaban todos. Aunque yo estaba segura que ella nos iba a revelar el escondite del pequeño.

El tío Andrés la miró entonces con mala cara, llena incluso de resentimiento, pero Manuela, comprendiendo lo que pasaba, nos llevó enseguida hasta el corredor donde estaba el gran reloj de pié. El mismo reloj tan viejo como la casa, que ya no funcionaba, y que me había señalado tía Isabela con su mano separada del cuerpo.

Empujándolo un poquito de costado, hizo que se desplazara el solo y dejara libre un estrecho hueco que daba a una escalerita de caracol – como la del armario de la entrada – que bajaba serpenteante hacia un sótano.

Los primeros que, desesperados, se metieron por allí, aunque con cierta dificultad – sobretodo tío Andrés por su barriga – fueron los padres de Andresito.

Y enseguida, impresionados por el hallazgo, oímos desde arriba sus gritos de alegría y entusiasmo al encontrarlo sano y salvo allí abajo. Estaba distraído felizmente con los viejos juguetes que habían pertenecido a la tía Isabela y la abuela Inés cuando eran niñas.

Según nos explicó Manuela, al buscar un escondite junto al reloj, huyendo del fantasma de la prima Fátima, Andresito había activado sin querer la entrada al pasadizo. Atreviéndose  entonces a bajar el solo por la escalerita, se encontró con aquel inesperado regalo de Navidad, de montones de juguetes: Una casa de muñecas con todos sus muebles y muñequitos, un caballito de madera más grande que él, muchos disfraces y caretas, norias y tiovivos de hojalata, barcos de madera, un coche antiguo de bomberos, un triciclo y un coche de pedales que aun funcionaba y que le hizo las delicias.

Cuando subieron con el niño todo sucio de polvo, tía Dorotea sentía tanta felicidad y alegría   que casi parecía que se iba a poner a llorar otra vez, de nerviosa y excitada que estaba. Tío Andrés, serio y arrepentido por lo que había sentido hacia Manuela, se acercó a ella y abrazándola cálidamente le dio dos cariñosos besos, al tiempo que le agradecía su inestimable ayuda para encontrar a Andresito, sin la cual quizá hubieran tardado mucho en encontrarlo.

 

Y colorín…