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Enigmas acertijos y adivinanzas de pensamiento lateral. Mundo de niños

Hola bienvenidos a Mundo de niños

Hoy en la sección enigmas de Mundo de niños te desafío a que soluciones estos 7 acertijos de pensamiento lateral.

    

El pensamiento lateral es una forma de pensar que rompe la lógica que hemos aprendido, pero este modo diferente de pensar nos permite encontrar nuevos caminos y soluciones que antes no habíamos visto. El pensamiento lateral está dispuesto a explorar nuevas situaciones para ver a donde conducen.

El pensamiento lateral no es una habilidad que solo tienen algunos ni mucho menos difícil, sino que esta en todos nosotros y puede desarrollarse mediante el entrenamiento, exigiendo solo un cambio en nuestra forma de pensar y un enfoque abierto a la solución de problemas.

Te desafío a que soluciones los siguientes acertijos de pensamiento lateral.

Fíjate muy bien en el enunciado.

Para conocer la respuesta, pasa el cursor haciendo clic por encima del paréntesis.

Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral: El padre de Ana

El padre de Ana tiene cinco hijas, que son: Nana, Nene, Nini, Nono. ¿Cómo se llama la quinta hija? pueden darme solución a esta tarea porfas?

Solución (Ana)

 2 Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral: El corredor

Estás participando en una carrera. Adelantas al que va segundo. ¿En qué posición estás ahora?

Solución (En segundo lugar)

3 Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral:

El ultimo

En la misma carrera, si adelantas al que va en último lugar, entonces estás en la posición…

Solución (Imposible si era el ultimo, ¿en que posición estabas tu?)

 4 Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral:

El mago

Un mago presumía de que era capaz de aguantar la respiración bajo el agua durante 6 minutos. Un niño que lo escuchó le dijo: “eso no es nada. Yo puedo estar bajo el agua durante 10 minutos sin usar ningún equipamiento especial, ni botellas de oxígeno!” El mago le dijo al niño que si lo conseguía le daría 10.000 euros. El niño lo hizo y se ganó el dinero. ¿Como lo consiguió?

Solución (El niño se puso un vaso de agua sobre su cabeza.)

 5 Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral:

La condena

Condenan a un asesino a morir y tiene que elegir una de estas tres habitaciones: La primera está completamente en llamas; la segunda esconde a varios psicópatas armados y con órdenes de matarlo; y la tercera está llena de leones que no han comido nada en 3 años. ¿Cual es la habitación más segura para él?

Solución (La tercera: Después de 3 años sin comer los leones ya están muertos)

 6 Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral:

El vagabundo

Un vagabundo se hace un cigarro con cada siete colillas que encuentra en el suelo. Si se encuentra 49 colillas, ¿cuantos cigarros podrá fumarse?

Solución ( tras los 7 cigarros que inicialmente puede hacer, luego crea un último con las colillas de estos.)

7 Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral:

Cena romantica

Una mujer “dispara” a su marido. Pero 10 minutos más tarde se van a cenar y disfrutan de una inolvidable velada juntos. ¿Cómo es posible?

Solución (La mujer es fotógrafa.)

Cuento: Que pobres somos de Paulo Coelho. Mundo de niños

Hola

Bienvenidos

a Mundo de niños.

El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

 Qué pobres somos cuento de Paulo Coelho

                   

Aunque durante estas fechas  palabras como amor, paz,  y solidaridad se escuchan continuamente por todas partes, la Navidad se ha convertido cada vez más en un tiempo dedicado especialmente al consumo: compras de todo tipo, ropa, comida, derroche energético y el típico intercambio de regalos, que alcanza su punto álgido ante la proximidad del día de Reyes han despojado estas fiestas de su verdadero sentido.

Estos tiempos de crisis económica pueden ser un buen momento para reencontrarnos con el espíritu de la Navidad, un tiempo de afectos, un momento para compartir, el nacimiento de la nueva oportunidad que nos brinda el  año nuevo, para llenar tu vida y la de los tuyos con sentimientos y pen­samientos alegres y positivos y para seguir compartiendo la vida en familia y entre amigos.
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No dejemos que lo material no nos deje ver lo esencial.

Que pobres somos de Paulo Coelho

Una vez, un padre de una familia acaudalada llevo a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito de que viera cuán pobres eran las gentes del campo.

Estuvieron por espacio de un día y una noche completa en una granja de una familia campesina muy humilde.

Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le pregunta a su hijo:

“¿Que te pareció el viaje?” – preguntó el padre.

“Fue fantástico Papá!” – dijo el hijo

“¿Viste que tan pobre puede ser la gente?” – preguntó el padre

“¡Oh, sí!” – dijo el hijo

“Y… ¿que aprendiste?” – preguntó el padre

El hijo contestó:

“Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro.”

“Nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega a la mitad del jardín… y ellos tienen un río sin fin, de agua cristalina, donde hay pececitos y otras bellezas.”

“Que nosotros importamos lamparas del Oriente para alumbrar nuestro jardín…mientras que ellos se alumbran con la luna y las estrellas.”

“Que nuestro patio llega hasta la pared de la casa del vecino, ellos tienen todo el horizonte de patio.”

“Tenemos un pequeño pedazo de tierra para vivir y ellos tienen campos que van más allá de nuestra vista.”

“Que nosotros compramos nuestra comida;…ellos, siembran y cosechan la de ellos.”

“Nosotros cocinamos en estufa eléctrica…Ellos, todo lo que comen tiene ese glorioso sabor del fogón de leña.”

“Para protegernos nosotros vivimos rodeados por un muro, con alarmas….Ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos.”
“Nosotros vivimos conectados al celular, a la computadora, al televisor… Ellos, en cambio, están “conectados” a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del valle, a los animales, a sus siembras, a su familia.”
“Especialmente papá, vi que ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia. Tú y mamá tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo y rara es la vez que conversan conmigo.”

El padre se quedó mudo… y su hijo agregó:

“¡Gracias Papá por enseñarme lo pobres que somos!

Cuento de Navidad: La cena de Nochebuena. Mundo de niños

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Cuento de Navidad: La cena de Nochebuena

La primera Noche Buena después del fallecimiento de tía Isabela, nos volvimos a reunir toda la familia en la vieja casona, que ahora había quedado bajo la solitaria custodia de la criada.

Mi madre y sus hermanos, Juana y Felipe, habían pensando que era preferible mantener la finca, para poder así continuar reuniéndose los hermanos con sus familias, en las celebraciones importantes. Siendo como éramos tan numerosos, entre niños y adultos.

Sin embargo, yo sabía por el diario que heredé de tía Isabela, que el otro hermano, mi tío Andrés, era difícil de carácter y siempre iba a contracorriente de los demás. Por lo que era muy probable que no estuviera de acuerdo con la decisión de sus hermanos.  

A la criada Manuela se la consideraba una más de la familia, aunque tuviera sus obligaciones domésticas dentro de la casa, y durante la celebración de esa cena tan especial, se sentaba con nosotros.

Ella conocía muy bien el temperamento de tío Andrés desde que era bien pequeño, y seguro que también sospechaba de sus intenciones sobre el futuro de la casa familiar, porque cuando llegó con mi tía y los primos, los recibió con una atención especial. Besando con tanto cariño y afecto a los niños.

El tío Andrés, en cambio, no pareció mostrar muy buen humor por la amabilidad de la criada. Incluso como si le molestara, lo que me hizo presagiar que esa noche podía ocurrir algo un poco triste.

Cuando estuvimos todos sentados en torno a la gran mesa del salón principal, enseguida eché en falta la presencia de la tía Isabela, que, desde que falleció su hermana Inés, mi abuela, siempre la había presidido con su carisma y elocuencia.

Por eso recordé enseguida lo que había escrito en su diario, sobre la capacidad que tenemos las personas para crear armonía y evitar situaciones desagradables.

Escribía que cuando a veces somos capaces de presentir un acontecimiento negativo, en vez de pensar que va a ser inevitable, dejándonos llevar por la tristeza, hay que poner toda nuestra voluntad en la convicción de que ocurrirá lo contrario. Sobretodo si pasaba entre personas cercanas, como era el caso de ahora.

Pero también decía, y esto me costaba más entenderlo, que si muchas personas, cientos o miles – cuantas más mejor – fueran capaces de no dejarse llevar por el miedo ante probables acontecimientos sociales muy malos, como guerras y crisis, podrían evitarlos, si coordinaban sus pensamientos positivamente.

Con esa unión de las voluntades – aseguraba en su escrito – incluso seríamos capaces de evitar las grandes catástrofes naturales, cuando hubiera previsión de ellas.

 

Manuela me miró mientras pensaba en estas cosas del diario de mi tía y, como si lo adivinara, empezó a reírse. Sabía que entre mi tía y ella había una relación muy íntima, y seguramente también conocía estas ideas tan maravillosas. Por lo que sería estupendo que las dos uniéramos nuestra voluntad de armonía, para evitar que la cena de Noche Buena se convirtiera en la cena de noche mala.

Separadas como estábamos en torno a la gran mesa, nos miramos fijamente con alegría y nos trasmitimos nuestros buenos propósitos.

Cuando apenas habíamos comenzado a comer el pavo, mi tío Andrés no tardó en centralizar la atención de todos, como Manuela y yo nos temíamos. Por eso nos miramos con complicidad.

Alzando la copa de champan con una gran sonrisa de oreja a oreja, que chocaba con la seria cara que había mostrado al llegar, se puso en pié para darle mucha importancia a lo que iba a decir, y comenzó solemnemente:

-Queridos hermanos…cuñados…sobrinos… – omitió a Manuela – quiero celebrar con vosotros que estemos todos reunidos en esta maravillosa cena de Noche Buena, y al mismo tiempo dedicar unos segundos de silencio al entrañable recuerdo de la tía Isabela, que tanta felicidad supo transmitirnos – y tras los instantes que él había decidido mantener, continuó:

- Y también quiero aprovechar esta velada para proponeros que el año que viene la celebremos todos juntos en mi gran casa de campo –

Conociéndolo como lo conocían, todos entendieron enseguida el doble fondo de su brindis. Nadie se extrañó de la invitación, porque ya sabían cuales eran sus intenciones, y todo hacía presagiar que la cena se convirtiera en una tensa discusión familiar. Porque quizá, podría  acabar convenciendo también a algún indeciso, para vender la casa.

Pero mi madre, Rosa, que era la mayor de los cuatro hermanos, enseguida lo cortó alzando también la copa, para no hacerle un feo:

-Gracias por tu generosa invitación Andrés, pero no es momento de adelantar acontecimientos –

Y todos brindaron después de las palabras de mi madre que, lista como era, lo había hecho callar elegantemente.

 

Mi tía contaba en su diario, que Manuela y la casa tenían una relación muy especial.

Hasta el punto que pensaba que la habitó en otra vida pasada. Porque mi tía creía en la reencarnación.

Escribía que conocía secretos de sus viejas paredes que, ellas, las hermanas Inés e Isabela, incluso el abuelo Federico, nunca descubrieron.

Una vez les reveló que el armario que había en el recibidor tenía una puerta secreta en el fondo, que daba, a través de una estrecha escalerita, a un sótano debajo del piso. Pero ese sótano se extendía con pasadizos por todo el subsuelo de la finca, con más entradas secretas a otras partes de la casa, que solo la criada conocía.

  

Después del famoso brindis, Manuela, menudita y discreta como era, se levantó de la mesa y desapareció sin que nadie se diera cuenta, animados como estaban todos, bebiendo y comiendo los ricos manjares.

Pero cuando empezó a tardar más de lo normal, mi madre también la echó en falta.

- Vaya – pensé intrigada, porque conocía las travesuras de Manuela – ya está otra vez jugando al escondite –

Entonces, a la orden de mi madre – ¡Ale, todos a buscar a Manuela! – los niños salieron corriendo en su busca por toda la casa, como si fuera una gran aventura para ellos.

Se oían sus chillidos desde el salón, mientras iban entrando por todas las habitaciones y hurgando en todos los rincones:

-¡Aquí no está!- gritaba la prima Alicia.

-¡Aquí tampoco! – respondía el primo Arturo.

Mientras, mis tíos y tías seguían en la mesa felizmente sin darle demasiada importancia.

La búsqueda de Manuela se convirtió entonces en una escusa para jugar por toda la casa a esconderse y perseguirse, olvidándose de ella poco a poco.

Yo permanecía con los mayores, pero sin dejar de escuchar sus vocecillas, que parecían muy excitadas por los sustos que se daban unos a otros, subiendo y bajando por las escaleras sin parar.

-¡Al jardín no salgáis, que está nevando y hace mucho frío! – les decía tía Juana.

Llegado este punto de la velada, donde todo parecía en orden y sin sobresaltos, el agudo y penetrante chillido de la pequeña Mónica, nos obligó a todos a ir a buscarla.

Yo, que iba la primera de la expedición familiar, nada más girar la esquina, pude ver por el corredor en penumbra, la imagen blanca y resplandeciente de tía Isabela, que mirándome con su cara amorosa, me señalaba con la mano izquierda el viejo reloj de pie que había en medio del pasillo, pegado a la pared.

Impresionada por la brumosa aparición, los miré a todos para comprobar que también habían visto lo mismo que yo, pero ellos solo vieron a la prima Fátima con una sábana blanca echada encima, asustando a los más pequeños como si fuera un fantasma.

Quise explicarles lo que había visto, pero finalmente acepté que, por alguna razón que no comprendía, tía Isabela había querido que solo yo la viera.

Además, tampoco me iban a hacer mucho caso con el nerviosismo que tenían, porque entre los niños que habían corrido asustados por la broma de Fátima, faltaba Andresito, el pequeño del tío Andrés.

 

Su búsqueda se convirtió entonces en una frenética labor de todos, pequeños y mayores, que temiendo que le hubiera pasado algo malo, siendo como era un niño de tan solo cinco años, empezaron a llamarlo y mirar bien por todas partes.  

La casa de dos plantas y desván era muy grande, y tenía muchos cuartos y salas donde buscar. Había armarios y grandes cortinajes tras los cuales podría estar escondidito. También muchos dormitorios con camas que había que mirar bien debajo de ellas.

Baúles y otros lugares como esquinas y rincones en los que un niño pequeño cabía sin dificultad, todo fue perfectamente mirado, sin dejarse nada por rastrear. Incluso miramos en el armario del recibidor donde yo sabía que había un acceso secreto, pero las tres puertas del armario estaban cerradas con llave, para evitar precisamente que jugaran allí dentro.

Desesperados y a punto de romper a llorar tía Dorotea, decidieron incluso subir al desván, grande como era y lleno objetos viejos y polvorientos. Aun sabiendo que allí no podía estar, porque la gruesa llave que se necesitaba para abrir la puerta, estaba guardada en un cajón de la cocina. Pensamos que también podía haber salido al jardín y estar escondido en el invernadero o en la casa de jardinería, asustado como estaría por la prima Fátima. Pero como el gran manto de nieve que lo envolvía todo estaba completamente virgen y sin huellas, supimos enseguida que tampoco había salido al exterior.

Y poco a poco, la tristeza y el desánimo comenzaron a reinar entre todos, que no comprendían lo que podía haberle ocurrido al pequeño. Tía Dorotea, incapaz ya de contener las lágrimas y los lamentos, estaba acurrucada en un sillón, siendo consolada por su cuñada Juana. Y tío Andrés, al borde de una explosión de ira, comenzaba a echar la culpa de su desdicha a Manuela, con comentarios llenos de rabia y de descalificación hacia la pobre, que no había hecho nada.

Pero yo tenía absoluta confianza en que el pensamiento que había tenido al principio de la cena, tarde o temprano, nos daría sus frutos, y que todo se resolvería positivamente.

Cuando todo indicaba que nadie entre nosotros era capaz de adivinar el escondrijo de Andresito, y temiendo incluso que le hubiera ocurrido un accidente en su huida y no pudiera salir de alguna parte, oímos a los pequeños chillar alegremente desde el salón:

-¡Manuela!¡Manuela!¡Esta aquí!¡Está aquí!-

Volvimos rápidamente para celebrar su vuelta. Pero siendo como era también un motivo de alegría, no era lo que más esperaban todos. Aunque yo estaba segura que ella nos iba a revelar el escondite del pequeño.

El tío Andrés la miró entonces con mala cara, llena incluso de resentimiento, pero Manuela, comprendiendo lo que pasaba, nos llevó enseguida hasta el corredor donde estaba el gran reloj de pié. El mismo reloj tan viejo como la casa, que ya no funcionaba, y que me había señalado tía Isabela con su mano separada del cuerpo.

Empujándolo un poquito de costado, hizo que se desplazara el solo y dejara libre un estrecho hueco que daba a una escalerita de caracol – como la del armario de la entrada – que bajaba serpenteante hacia un sótano.

Los primeros que, desesperados, se metieron por allí, aunque con cierta dificultad – sobretodo tío Andrés por su barriga – fueron los padres de Andresito.

Y enseguida, impresionados por el hallazgo, oímos desde arriba sus gritos de alegría y entusiasmo al encontrarlo sano y salvo allí abajo. Estaba distraído felizmente con los viejos juguetes que habían pertenecido a la tía Isabela y la abuela Inés cuando eran niñas.

Según nos explicó Manuela, al buscar un escondite junto al reloj, huyendo del fantasma de la prima Fátima, Andresito había activado sin querer la entrada al pasadizo. Atreviéndose  entonces a bajar el solo por la escalerita, se encontró con aquel inesperado regalo de Navidad, de montones de juguetes: Una casa de muñecas con todos sus muebles y muñequitos, un caballito de madera más grande que él, muchos disfraces y caretas, norias y tiovivos de hojalata, barcos de madera, un coche antiguo de bomberos, un triciclo y un coche de pedales que aun funcionaba y que le hizo las delicias.

Cuando subieron con el niño todo sucio de polvo, tía Dorotea sentía tanta felicidad y alegría   que casi parecía que se iba a poner a llorar otra vez, de nerviosa y excitada que estaba. Tío Andrés, serio y arrepentido por lo que había sentido hacia Manuela, se acercó a ella y abrazándola cálidamente le dio dos cariñosos besos, al tiempo que le agradecía su inestimable ayuda para encontrar a Andresito, sin la cual quizá hubieran tardado mucho en encontrarlo.

 

Y colorín…

 

 

 

 

 

 

 

Cuento: El diario de tía Isabela -Capitulo 1º La herencia de tía Isabela. Mundo de niños

 

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La herencia de tía Isabela

Cuando mi tía Isabela falleció, me dejó en herencia su diario, que nadie más que ella había leído.

Y la misma noche comencé a pasar las amarillentas páginas del papel envejecido por el tiempo.

Las primeras hojas que escribió cuando apenas era una adolescente, aun estaban escritas con una vieja pluma de tintero.

Me divirtió poder apreciar la evolución de su edad, por el estilo de la letra.

Aunque siempre había conservado la gracia y la viveza del trazo, incluso hasta sus últimos escritos. 

Mis manos aun estaban temblorosas por la impresión de su recuerdo, casi sintiendo su amorosa presencia a mi lado, cuando leí:

- “Alguien que no es conocido, me ha dicho que la vida guarda muchos secretos que hemos de ir descubriendo poquito a poco” –

Desde bien pequeña la había querido mucho por lo cuidadosa que era conmigo.

Cuando me hacía regalos, siempre acertaba mis deseos. Como si leyera mi pensamiento.

En una ocasión en que no había sacado muy buenas notas, sin preguntarme nada, me regaló lo que había estado deseando silenciosamente, sin atreverme a pedírselo a mis padres: la caja de música que había visto en el escaparate de la tienda de la esquina.

También jugaba conmigo al escondite, que era lo que más me gustaba.

Su casa era muy grande, y después de fallecer su hermana – mi abuela Inés – solo vivía con su criada Manuela, que era como su sombra.

Manuela ya no era tan simpática como ella.

Aunque no me reñía, parecía que siempre estuviera a punto de hacerlo, con esa cara tan seria que tenía la pobrecita.

 Una día me escondí dentro de un gran armario de abrigos que había en el recibidor.

Esta vez yo sabía que a mi tía le costaría encontrarme, porque hizo la cuenta en la cocina, al otro extremo de la casa.

Allí se había quedado contando hasta treinta y tres, mientras pelaba las cebollas con Manuela.

Pero cuando esperaba ya dentro del armario, pude oír los pasos por el corredor, que se dirigían directamente  hacia donde yo estaba escondida.

Sin buscar antes por ninguna de las muchas habitaciones que había entre la cocina y el recibidor. Así que me extrañó mucho que lo supiera tan rápidamente.

Note cómo se abría la puerta y aparecía la triste cara de Manuela entre los abrigos.

Eso no era lo que yo me esperaba, y me asusté mucho.

Sentí como si me hubieran echo trampa, porque yo con Manuela no quería jugar al escondite,

y me puse a llorar por el disgusto.

 Después me contó mi tía, divertida, que también le habían saltado las lágrimas, pero por las cebollas, sin poder ver nada, y que por eso había enviado a Manuela a buscarme, que estaba más acostumbrada y ya no lloraba.

Sin embargo, a partir de ese día comencé a sospechar que entre Manuela y mi tía había una relación especial.

Quizá por eso sus nombres acababan con las mismas tres letras.

Además, también me pregunté si Manuela lo había adivinado ella sola, o fue mi tía, que todo lo sabía sobre mi, la que le indicó donde tenía que ir a buscarme.

Nunca me lo dijeron.

En su diario leí una frase que decía:

- “Las personas pueden comunicarse y adivinar cosas con el pensamiento” -

En mi corta vida había tenido muchas corazonadas de ese tipo.

Sobretodo con personas con las que tenía una relación íntima. Pero siempre habían ocurrido cuando menos me lo esperaba, y de la manera más imprevisible. Sin poderlas controlar.

Como cuando me encariñé tanto con la caja de música, sin decírselo a nadie, y al final resultó que me la regaló mi tía Isabela.

En su diario contaba muchas cosas de su vida y de sus relaciones con los demás. También de Manuela, de lo fiel y servicial que siempre había sido con ella.

Siendo un poco más joven que mi tía, había estado a su servicio doméstico prácticamente desde que vivía  con sus padres, mis bisabuelos.

Por la manera en como se refería a ella en sus escritos, noté que le guardaba mucho respeto y admiración. Lo que chocaba con la imagen que yo tenía de ella, siendo como era una mujer callada y taciturna.

Empecé a comprender porqué cuando me dieron su diario, tal y como tía Isabela lo había dicho en vida, Manuela me miró de una manera muy rara.

Como si le disgustara que yo me quedara con ese libro.

 Entonces me llegó de pronto la corazonada:

“Manuela sabía que en esas páginas mi tía contaba cosas sobre ella, que no quería que se supieran”

 El diario lo había escrito a lo largo de toda su vida, y habían muchos comentarios y descripciones de escenas, con su letra menudita que casi no se podía ni leer.

 Así que, por algún lado, debía de haber escrito cosas importantes sobre Manuela.

 Y me empeñé en encontrarlo sin seguir el orden cronológico de las páginas.

 Iba saltando por aquí y por allá caprichosamente, hasta que, estando a punto de cerrarlo por el sueño que me podía, encontré esta frase:

 -“Manuela es muy sensible y a veces hace cosas que no me puedo explicar”-

 Me asusté de tal modo al recordar la escena del armario, que no quise continuar más, durmiéndome enseguida para que ninguna imagen me pudiera robar el sueño.

Después de la defunción de mi tía, el viejo caserón que había pertenecido a mi familia desde los tiempos de mis bisabuelos, quedó bajo la solitaria custodia de Manuela.

Mi madre y sus hermanos decidieron mantenerlo para celebrar reuniones familiares, y también, quizá, por nostalgia.

 Sobretodo, si Manuela aun tenía la suficiente energía y voluntad para cuidarlo. Que las tenía, sin lugar a dudas.

Realmente me admiraba que pudiera querer vivir ella sola en una casa tan grande y antigua.

Con tantos recuerdos acumulados de las personas que vivieron en ella, desde hacía más de cien años.

Porque cuando mis bisabuelos la compraron, ya había pertenecido a otra familia antes que ellos.

Manuela debía de conocer todos los secretos que guardaban celosamente sus paredes, sus rincones, sus habitaciones, sus armarios…

Imaginé, incluso, que a lo mejor Manuela había deseado secretamente quedarse ella sola en toda la casa, como finalmente había ocurrido.

 Casi sin poder detener mi imaginación desbocada, pensé incluso que mi madre y mis tíos decidieron no venderla porque, en realidad, extrañas energías lo habían impedido.

Un poco asustada por mis propias fantasías, no me atreví a darles más vuelos.

Sin embargo, con el tiempo, comprendí que mi intuición no era demasiado descabellada, y que entre la casa y Manuela había una misteriosa relación.

Desde la noche que descubrí que Manuela era una persona tan especial para mi tía, el diario lo leí con cierto temor. No fuera que descubriera cosas demasiado secretas.

 Por eso, cuando unos días después del fallecimiento de mi tía, mi madre me pidió que fuera de nuevo a la casa, para recoger un vestido negro que se había dejado olvidado el día de la defunción, me dio miedo.

No deseaba volver allí, a pesar de los recuerdos tan entrañables que guardaba de la casa cuando vivía mi tía.

Pero tampoco podía decírselo a mi madre, porque entonces hubiera tenido que darle demasiadas explicaciones. Y pensé que no debía.

Así que, obediente y temerosa por mi propia imaginación, caminé la corta distancia que separaba las dos casas.

Llamé estirando del viejo tirador de madera, muy gastado ya por las manos que lo habían usado durante tantos años, y que accionaba una campanilla en el interior de la casa.

Divertida, recordaba que de pequeña me costaba mucho hacerla sonar, por lo fuerte que estaba, y entonces también usaba a veces el picaporte en forma de lagarto, que tanto me asustaba por lo real que parecía. No fuera que abriera la boca de pronto y me mordiera.

Mi tía nunca había querido ponerse timbre eléctrico, porque decía que las obras para instalarlo hubieran dañado el arco de piedra, que envolvía la hermosa puerta de madera de roble.

Manuela tardó un poco en abrirme.

 Sin besarnos, porque no teníamos costumbre, me hizo pasar enseguida hasta la cocina, donde me había preparado un humeante chocolate con pastelitos de crema, como me hacía mi tía.

Pero yo sabía que ya nada podía ser igual, aunque ella tratara de ser amable conmigo. 

Tan callada y concentrada en sus cosas, como si temiera que le fueran a quitar algo.

Entonces, rompiendo el silencio que prácticamente había reinado mientras me comía la rica merienda, me propuso que jugásemos al escondite, como hacía con la tía Isabel.

-¡Pero con una sorpresa!-  me dijo con una sonrisa tan rara, que me pareció de otra persona.

Esta vez sería ella la que se escondería.

Y sin esperar mi respuesta, de pronto, flacucha y ágil como era, desapareció corriendo por el pasillo, tras decirme:

-¡Empieza a contar hasta treinta y tres! -

Me quedé sin saber qué hacer en la cocina, asustada con mis fantasías.

Aunque en el fondo también me daba un poco de pena, la pobrecita, que se había quedado tan sola en la vida. 

Por eso me había preparado la deliciosa merienda y ahora quería jugar conmigo.

-“Por lo triste que estaría sin nadie a quien cuidar” – pensé

Así que decidí que debía jugar al escondite con Manuela, y enseguida supe adónde había ido a esconderse:

Al viejo armario del recibidor.

Al cruzar el largo corredor, con aquellas viejas lámparas en lo alto, que parecían arañas a punto de lanzarse sobre mi, me pareció más oscuro y largo que nunca.

Aunque estaba casi segura que se escondía en aquel sitio, temía que Manuela apareciera de pronto desde alguna de las habitaciones, con esa cara de pergamino envejecido que tenía, y me diera un susto de muerte.

Cuando llegué al recibidor y contemplé el viejo armario de toda la vida, pensé que verdaderamente  nunca me había fijado en él como lo hacía ahora, y lo descubriera por primera vez.

-¡Qué raro es!- me dije.

No era un mueble independiente pegado a la pared, sino que estaba empotrado en ella, como si formara parte de la misma casa.

Tenía tres puertas, con tres caras labradas en bajo relieve en la madera, en el centro de cada puerta.

Una cara triste, otra riendo y la del centro, inexpresiva y seria.

Me quedé frente a él sin saber cual debía abrir, porque cada puerta daba a compartimentos independientes.

Cuando yo me escondía de pequeña, lo hacía en el de la izquierda, que tenía la cara alegre.

Pero ahora Manuela podía estar en cualquiera, porque las tres puertas parecían muy bien cerradas.

Así que, sin atreverme a abrir ninguna, dije en voz alta para que me oyera bien:

-¡Manuela, sé que estás en el armario!¡Te he encontrado!¡Sal ya de ahí!-

Y pude oí una risita que salía de dentro, aunque también podía provenir de otro lugar, porque parecía muy lejana.

Era muy extraño.

No salió.

 -¡Manuela, si no sales, no juego más!¡Me estás asustando!-

Y volví a oír las risitas.

 Finalmente decidí que debía tomar una decisión y abrir una de las puertas.

Elegí la de la derecha. La que tenía la cara triste.

 Enseguida vi colgados dos largos abrigos de mi tía, pero Manuela no estaba allí dentro.

Me enfadé mucho con ella, porque me obligaba a tener que abrir más.

-¡Manuela, eres muy mala conmigo!¡Me estás dando miedo de verdad!-

Otra vez las risitas.

Y al final le dije, para asustarla yo a ella:

-¡Ahora verás!, ¡bruja!

-Y abrí las dos puertas que quedaban al mismo tiempo, para que no tuviera escapatoria.

Me atreví entonces a entrar en cada uno de los armarios, grandes como eran, palpando bien todas las esquinas entre la ropa antigua. Pero tampoco estaba en ninguno de los dos.

Aquello sí que me dio miedo, porque en el recibidor no quedaba otro lugar donde pudiera esconderse, y su vocecilla lejana, estaba segura, había salido de algún sitio de allí mismo.

Silenciosa, me quedé en el centro, mirando fijamente los muebles pegados a las paredes de mi alrededor: la cómoda con candelabros, las sillas, el arcón y el gran perchero espejo.

Me sentía muy sola pensando que aquella extraña mujer no podía sustituir de ninguna manera a   mi tía Isabela, que tan buena y cariñosa había sido conmigo, cuando sin esperarlo, a través del espejo vi que la puerta de en medio, la de la cara seria, comenzaba a abrirse muy despacito.

-¡No puede ser!- me dije con una exclamación llena de miedo, y salí corriendo para encerrarme en la cocina y no jugar ya más con Manuela.

Enseguida la oí acercarse y dar unos golpecitos en la puerta, pidiéndome por favor que la dejara entrar. Que no quería asustarme. Solo jugar un poco conmigo porque se encontraba muy sola.

Así que me dio mucha pena, llorando como ya estaba por el susto, y le abrí la puerta.

Allí estaba Manuela, más pequeñita que yo, con su vestido negro y su carita de india, pidiéndome que la perdonara por el susto que me había dado.

Tras darnos un abrazo y besarnos por primera vez, me despedí corriendo hasta la salida. 

-¡Espera! – me dijo saliendo ya por la puerta

– ¡que te olvidas del vestido de tu madre!-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuento: El ladrón de sueños. cuento para niños y adolescentes. Mundo de niños

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El ladrón de sueños

Ante un grupo de niños un hombre narró la siguiente historia:

Había una vez un muchacho quien era hijo de un entrenador de caballos. El padre del muchacho era pobre y contaba con apenas unos pocos recursos para mantener a su familia y mandar al muchacho a la escuela. Una mañana en la escuela, estando el muchacho en la clase, el profesor le pidió a los alumnos que escribieran la meta que quisieran alcanzar para cuando fueran adultos.

El joven escribió una composición de siete páginas esa noche en la que describía su meta. Escribió su sueño con mucho detalle y hasta dibujó un plano de todo el proyecto:

el rancho, las pesebreras, la ganadería, el terreno y la casa en la que quería vivir; en fin, puso todo su corazón en el proyecto y al día siguiente lo entregó al profesor.

Dos días más tarde, recibió de vuelta su trabajo reprobado, y con una nota que decía:”venga a verme después de clases”. El chico del sueño fue a ver a su profesor y le preguntó ¿por qué me reprobó? El profesor le dijo:”es un sueño poco realista para un chico como tú. No tienes recursos; vienes de una familia pobre. Para tener lo que quieres hacen falta muchas cosas y además mucho dinero.

Tienes que comprar el terreno, pagar por la cría original y después tendrás muchos gastos de mantenimiento. No podrías hacerlo de ninguna manera. A continuación el profesor agregó: si vuelves a hacer el trabajo con objetivos más realistas, reconsideraré tu nota”.

El chico volvió a su casa y pensó mucho. También le preguntó a su padre qué debía hacer. Éste le respondió:” mira hijo, tienes que decidir por ti mismo; de todos modos, creo que es una decisión importante para ti, ¿cierto?”

Finalmente después de reflexionar durante una semana, el chico entregó el mismo trabajo, sin hacer cambio alguno.

Le dijo al profesor:”usted puede quedarse con mi mala nota, yo me quedaré con mi sueño”.

Al concluir el hombre miró a los niños y les dijo:”les cuento esta historia porque es mi historia. Aquí estamos en medio de la casa de mis sueños, dentro del rancho que me propuse conseguir por que esa era la meta de mi vida. Aún conservo aquella tarea del colegio enmarcada sobre la chimenea”.

Luego agregó: “lo mejor de la historia es que hace dos años, ese mismo profesor trajo a treinta chicos a visitar mi rancho”. Y al irse el profesor me dijo: “mira, ahora puedo decírtelo. Cuando era tu profesor, era una especie de ladrón de sueños. Durante esos años, le robé un montón de sueños a los niños. Por suerte tuviste la suficiente fortaleza para no abandonar el tuyo’.”

No dejemos que nadie nos robe nuestros sueños, ni tampoco le robemos a otros los suyos.

Autor desconocido

ENIGMAS ACERTIJOS O ADIVINANZAS DE PENSAMIENTO LATERAL 2. Mundo de niños

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Bienvenidos a mundo de niños

Hoy en la sección enigmas de Mundo de niños te desafío a que soluciones estos 5 acertijos de pensamiento lateral.

Para conocer la respuesta, pasa el cursor haciendo clic por encima del paréntesis.

1. Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral: Zapatos de serpiente.

¿De qué color son los zapatos de serpiente?

(De ninguno, las serpientes no usan zapatos)

2. Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral: El loro.

Este loro es capaz de repetir todo lo que oiga”, le aseguró a una señora el dueño de una pajarería. Pero una semana después, la señora que lo compró estaba de vuelta en la tienda, protestando porque el loro no decía ni una sola palabra. Y sin embargo, el vendedor no le había mentido. ¿Puedes explicarlo tu?

(El loro era sordo)

3. Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral: Hermanos.

Juana le pregunta a Leocadia: ¿Quién es el hermano de tu hermano que no es tu hermano?. ¿Qué respondió Leocadia?

(Eres tú misma)

4. Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral: Los tirantes.

¿Para qué usan los campesinos tirantes de color?

(Para sujetarse los pantalones)

5. Enigma acertijo adivinanza de pensamiento lateral: La importancia del lenguaje.

Para aquellos de vosotros que os importa hablar correctamente, ¿cómo se debe decir, la yema es blanca o las yemas son blancas?

(En realidad las yemas son amarillas)

 

 

Cuento:La feria de los sueños 3ª parte. Cuento para niños y adolescente. Mundo de niños

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El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

                       

Cuento:La feria de los sueños

-Pensé detenidamente sobre mi sueño y su significado. Deduje  que era una especie de sueño colectivo, donde los diferentes soñadores estaban inter-actuando entre sí, porque no había ningún líder o protagonista que destacara en la escena. Y entonces comprendí que los diferentes soñadores, llegando a un extremo en que debido quizá a que ya habían agotado todas las satisfacciones de sus sueños individuales, en este caso de la posesión de riquezas, entraban finalmente en una batalla colectiva, probablemente inducida por los mismos ingenieros-creadores.  Y esa era la verdadera finalidad de la feria, que todos acabaran teniendo pesadillas de luchas y peleas entre ellos, que tarde o temprano se materializaban en la realidad, y obtenían así un tremendo beneficio sin fin, porque de esa manera la absorción de energía no acababa en el recinto, sino que se extendía también a la vida real.

-Era por eso que las cúpulas estaban distribuidas temáticamente, para que dentro de cada una de ellas se diera solo un tipo de energía específica, porque así las personas emitían  el mismo tipo de vibración; la energía de la codicia, la energía de la ambición, la energía del narcisismo, la energía de la soberbia, y pudiera ser más fácil para los ingenieros-creadores  clasificarla y sacarle provecho. 

-¡Las cúpulas hacían el efecto de enormes acumuladores energéticos para después expandirlos en la vida real!

-“¡Increíble!” – pensé – La escena había sido tan abrumadora para mí, que me había sentido totalmente incapaz de tomar alguna iniciativa para contrarrestar semejante barbaridad. Pensé también que si aquella escena era la premonición de algo que podría ocurrir próximamente en mi ciudad, o era simbólica de algo más concreto y real de la vida de mis semejantes, podía temer algún acontecimiento verdaderamente dramático, como ya ocurriera con el  sueño del concierto de música y lo que ocurrió después. 

-“Y yo, entonces… ¿qué podría hacer yo? Porque mis pensamientos y sentimientos también emitían algún tipo de vibración”- pensé –  “Pero muy diferente…”

-“Podría hacer algo con ese tipo de vibración mía. La vibración del amor y de la empatía. ¡Claro que sí!” – me dije decidida.

-Tardé algunos días más en poder soñar de nuevo en las cúpulas, porque un acontecimiento extraño vino a causarme inquietud en mi vida normal.

-La cosa es que un día me sentí victima de una misteriosa persecución por las calles de la ciudad, cuando regresaba a casa por la noche. Un personaje alto y oscuro, oculto tras unas enormes gafas de sol, aparecía en  muchos de los lugares por los que pasaba de vuelta a casa, sin que notara que me persiguiera físicamente en ningún momento. Es decir, aparecía como por arte de magia en la parada del bus, luego en una calle por la que pasaba , quieto como una estatua, en los jardines próximos a mi casa…

“¿Cómo llegaba hasta allí?” – pensaba sorprendida cada vez que lo veía. Siempre me miraba fijamente, como si quisiera infundirme miedo a pesar de que las calles estaba llenas de gente, pero parecía que nadie más que yo lo viera, porque a pesar de su rara quietud no llamaba la atención. Tras abandonar la calle y llegar finalmente a mi casa, una vez que me sentí protegida ya en el interior de mi habitación, comprobé inquieta desde mi ventana  su repelente presencia, observándome fijamente desde la acera. Tras sobreponerme al miedo inicial, pensé que no había ninguna duda sobre su propósito, que no era otro que el de hacerme alguna advertencia. Pero ¿sobre qué? ¿Sobre los acontecimientos relacionados con la feria…? Pensé que sí, y si así era, aquel personaje no podía ser otra cosa que uno de los famosos ingenieros-creadores de los sueños. Se me había aparecido en la vigilia y no  en un sueño, como me advirtió aquel vagabundo, pero era evidente que no era humano, por su inquietante capacidad para aparecer en tantos lugares diferentes sin que lo viera desplazarse.

-“¡Y aquí estaba la prueba definitiva de que los sueños se mezclaban con la realidad!”- pensé con acierto.

-Cuando desperté a la mañana siguiente, el feo personaje ya no estaba en la calle, pero todo lo vivido la noche anterior había producido en mis sueños normales una desagradable pesadilla, que no había podido controlar por no ser un sueño lúcido.

-En ella, este siniestro ser de oculta mirada, me infundía tanto rechazo al pié de mi propia cama, que el propósito que estaba programando para mi siguiente sueño lúcido, de emitir pensamientos de alta frecuencia, cargados de amor y empatía hacia la humanidad, se me hacía totalmente imposible. Conseguía que lo odiara por su tremenda insolencia de entrar en el secreto dormitorio de mi intimidad, pero sobretodo, por el nauseabundo hedor que desprendía su ser, inundando fétidamente todo el espacio acogedor y cálido desde donde incubaba mis maravillosos viajes inter-dimensionales al mundo de los sueños.

Tal fue la intensidad y el realismo de su presencia, que al despertar aun se mantenía en mi memoria su pestilente olor, lo que me llevó inmediatamente a llenar la habitación de perfumadas rosas y jazmines.

-“Luego la profecía del vagabundo se había cumplido finalmente” – pensé cautivada por la fascinante sucesión de los acontecimientos.

-Todo lo ocurrido no hacía sino darle fuerza a mi propósito. Si me habían atacado de aquella manera, era porque algo temían, y lo que más temían,  pensé acertadamente, era que yo utilizara sus propias cúpulas para emitir pensamientos de altísima frecuencia y bondad, porque por el propio efecto expansivo que los ingenieros-creadores habían inventado para expandir el mal a través de los pensamientos egocéntricos de los seres humanos, mi pensamiento se propagaría por la vida por lo menos con la misma fuerza ¡Eureka!

-Cuando a la vuelta de los días, ya recompuesta completamente de la última y maloliente pesadilla, por fin pude imaginar un maravilloso sueño lúcido en las cúpulas, desperté en un lugar sobrecogedor por su belleza solemne y pura. Era como un desierto infinito en su extensión y henchido de una luz cálida que  acariciaba amorosamente mi cuerpo. Ni rastro de los ingenieros-creadores, ni rastro de los soñadores de aventuras egoístas, ni rastro de  bajas frecuencias. Como si la misma intención que me había llevado a ese noble propósito,  hubiera barrido absolutamente a todos los que “no estaban en nuestra misma frecuencia”, porque, comprendí enseguida… no estaba completamente sola. Pude advertir con un gozo y alegría indescriptibles a otras personas diseminadas por el mismo espacio luminoso y  con la misma  sensibilidad e inquietud que yo.  Meditadores de alta frecuencia, que estaban haciendo lo mismo sin saber nada de ellos.  Emitir pensamientos elevados para toda la humanidad.

Fin

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuento:La feria de los sueños 2ª parte. Cuento para niños y adolescente. Mundo de niños

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Cuento:La feria de los sueños 2ª parte

-Mis sueños fueron repitiéndose con cierta regularidad, al menos uno cada semana, pero no siempre conseguía entrar en las famosas cúpulas. A veces me quedaba por los jardines, que no eran exactamente igual que los reales,  como solía ocurrir en los sueños lúcidos donde visitabas lugares de la realidad, porque accedías desde otra dimensión, pero presencié escenas donde la gente estaba indecisa sobre donde entrar, porque decían que en alguna de las cúpulas habían tenido experiencias desagradables.

-“Vaya, vaya, experiencias desagradables” – me dije – “¿Y porqué iban a tener experiencias desagradables si ellos elegían sus propios sueños? ¿O quizá no los elegían?” -

-Finalmente, tuve que buscar a alguien real de la vida física, para que me diera más pistas sobre aquellos enigmas. Y elegí a mi amiga Vanesa que, pensé equivocadamente, no tendría ningún reparo en contarme más cosas que las ya que me había dicho la primera vez. Cuando la llamé al móvil parecía que no era ella la que me contestaba, con una voz afectada y distante. Sin duda, había cambiando aun más desde la última vez  que la vi, y al decirle que era yo, su amiga Lu, fingió no darle demasiada importancia, sin inmutarse siquiera. Finalmente aceptó a que nos viéramos de nuevo, no sin cierta reticencia, porque decía que estaba muy ocupada.

-Nos encontramos en el parque donde habíamos jugado de pequeñas, todo lleno de niños y de madres con carritos.  Ella apareció a lo lejos, arreglada como una modelo y caminando con fingida seguridad, como si se luciera por una pasarela donde todos la admiraban sin pestañear. Lo primero que hizo al verme fue lamentar que “hubiéramos quedado en un lugar tan aburrido” – dijo mirando con desdén a su alrededor – donde  apenas podía sentirse admirada, pensé acertadamente, pero le reconocí que lo había hecho adrede para evitar que nadie conocido nos estorbara, porque lo que quería preguntarle “era secreto y muy importante” – le confesé.

-“Vaya Lu, me asustas “– dijo fingiendo  falsa modestia –  “¿Y qué es eso tan secreto e importante que quieres preguntarme?” –

Enseguida entré al grano y tras confesarle que quería que me contara más cosas  sobre las experiencias de “La feria de los sueños”, inmediatamente se cerró sobre sí misma, como si cerrara una puerta que había estado abierta distraídamente, y fingió disimulo quitándole importancia al tema.

- “No hay nada que decir sobre eso Lu. Es lo que ya te dije y nada más. No tiene tanta importancia. ¿Porqué la iba a tener? Además, si quieres saber más, pues entra tú misma y lo sabrás mejor que nadie. Es una diversión para lo más atrevidos, y creo que tú nunca lo has sido. Por eso no te atreves a entrar. ¿No es así mi querida Lu?” – acabó con cierta ironía.

Aunque con el último comentario había querido ofenderme, porque también advertí que además de bella,  se estaba haciendo más borde, decidí no darme por aludida y seguí en mi interrogatorio.

- “¿Para lo más atrevidos?¿ Y porqué? Además, tú tampoco has sido nunca muy atrevida, que digamos”-

Y este último comentario la ofendió tan profundamente, como si le hubiera clavado un aguijón puntiagudo, sin ser esa mi intención, que se levantó de pronto y sin contestarme siquiera, me abandonó airada  volviendo por el mismo camino que había venido.

Ahí acabó mi interrogatorio y probablemente mi amistad con aquella chica transformada.

-…y aquella noche soñé con Vanesa sin proponérmelo.

-En el sueño aparecía de una manera muy diferente a como la había vista ese día. Estaba demacrada y triste, sin nada del atractivo que últimamente lucía. Me confesaba casi entre lloros, que sus sueños en las cúpulas, después de las primeras satisfacciones con los chicos que la admiraban y la perseguían,  la habían llevado a sufrir la envidia de otros chicas que también habían querido soñar lo mismo que ella. Algunas ni siquiera las conocía, pero otras sí, y todas habían iniciado una guerra de todas contra todas, tanto dentro de los sueños como en la realidad. En alguna ocasión habían llegado incluso a la agresión física, y entonces me enseñaba cuatro finas rallas sanguinolentas paralelas que penetraban sensiblemente en la piel de su espalda, y que no eran sino profundos arañazos  de alguna competidora en la lucha por ser la más guapa y popular. Enseguida desperté impresionada por la imagen.

-Inmediatamente me invadió el deseo de volver a verla para pedirle que me enseñara su espalda, para poder comprobar qué grado de relación podría haber entre mi sueño y la realidad, pero sabía que eso iba a ser imposible, y además me tomaría por loca.

Sin embargo, pensé que durante el sueño se me podrían haber revelado algunas ideas, que creo  sí eran  más creíbles.

-Esa misteriosa relación de los sueños con la vigilia real era lo que más me intrigaba, porque tanto con Vanesa como  el sueño del cantante, parecía que ambas realidades se mezclaban o se influían sorprendentemente. El caso de Elena  podría ser igual, porque sabía que ella también había estado en la feria, y me atrevería a asegurar que había estado en la cúpula de “El sueño de la inteligencia”. Pero como los datos que tenía no eran absolutamente concluyentes, decidí que debía continuar con mis investigaciones.

-Mis siguientes sueños lúcidos no me llevaron a las cúpulas como yo deseaba, porque no siempre podía dirigirlos  hacia donde yo quisiera. A veces despertabas en lugares  impredecibles e intentabas redirigirlos hacia donde habías imaginado antes del sueño, pero no siempre lo conseguías, porque  en ocasiones ocurrían cosas que te  distraían de tu propósito inicial. Como el último que tuve, donde aparecí en un lugar urbano nocturno de mi ciudad, en el que un vagabundo callejero me dijo claramente  con el pensamiento, porque en los sueños los diálogos que tienes con los demás son telepáticos :

“ Ten cuidado cuando entres en las cúpulas, porque están controladas por los ingenieros-creadores y no son humanos”

-Aquello sí que me dejó completamente perpleja cuando desperté, porque no pude preguntarle nada. ¡ Los ingenieros-creadores que no eran humanos! Entonces, según aquella revelación, los pobrecitos soñadores que se tomaban alegremente las cápsulas rojas para tener sus sueños preferidos, deduje, estaban totalmente controlados por seres  de otra dimensión. Pero “¿Para qué? “ me pregunté contrariada. “¿Qué obtenían con semejante artimaña?”

-Entonces reflexioné profundamente : “¿Qué podían obtener del engaño?” o más bien “¿Qué no se podía obtener de un mundo tan poco material como era el de los sueños?: Materia, sin duda. Es decir, riqueza. posesiones…mmm ¿y poder? ¡Ah, eso era, ¡poder!. Pero ¿Qué tipo de poder?¿Poder material? No, sin duda. Poder sobre las voluntades, sobre los deseos, sobre las debilidades de los humanos. Sobre aquello que las personas no podían reprimir, porque pensaban que era lo más natural y legítimo: ¡Ser inteligente!¡Ser bello!¡Ser poderoso!¡Ser rico! ¿Y cómo lo obtenían? ¿Robando los cuerpos? No, evidentemente, porque todos regresaban de los sueños. Entonces ¿qué obtenían que no pudiésemos ver? : ¡Aaaaaah! ¿Qué desprendían los cuerpos cuando se prestaban tan  inconscientemente a esas actividades de sus deseos y sus pasiones? ¡Claro! :

¡¡¡Energía!!! ¡Les chupaban la energía! ¡Y parece que necesitaban mucha!

-En mi siguiente sueño lúcido pude entrar directamente en una de las cúpulas que debía de ser la de “El sueño de la riqueza”, a juzgar por lo que allí contemplé. Estaba lleno de seres feos  arrancándose unos a otros partes de sus vestimentas, incluso a mordiscos, de las cuales colgaban como si fueran adherencias de la propia ropa  las cosas más extrañas y dispares, como plantas con hojas surrealistas, joyas refulgentes y brillantes, flores raras que debían oler fatal, trozos irregulares de billetes de dinero, trozos de pasteles, de cefalópodos y medusas, de carnes rojas de animales,  y en ocasiones mordían también partes del cuerpo de los oponentes, sin que ninguna regla pusiera límite a su tremenda ferocidad. Estaban todos dominados por una locura que no podían reprimir, con gestos y muecas grotescas y deformes. Tremendas escenas se sucedieron delante de mí, entre aquellos seres     embrutecidos por la codicia. El suelo donde pisaban era una especia de masa gelatinosa de restos orgánicos por el que resbalaban sin control, frustrando en ocasiones sus agresiones.

-Desperté abrumada, y tuve que ponerme a hacer enseguida algunas respiraciones de yoga para recobrar la energía pura que aquella pesadilla me había absorbido. Sentía un ardor en el pecho, justo en la boca del estómago, que después de hacer los ejercicios  desapareció.

Continuara…..

No te pierdas el 3º y ultimo  capitulo de la feria de los sueños pues es el mas sorprendente y emocionante.

 

Cuento: La feria de los sueños 1ª parte. Cuento para niños y adolescentes. Mundo de niños

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La feria de los sueños

-Un día me encontré por la calle con mi amiga  Vanesa, que hacía tiempo que no veía, y la verdad es que casi ni la reconocí. Había algo en ella que me resultaba  diferente. Con su larga melena suelta y caminando con una seguridad y confianza inusual, iba acompañada de tres chavales que más bien parecían sus perritos falderos, a los que solo les faltaba sacar la lengua.

 -Sí, era Vanesa sin duda alguna, como pude comprobar tras pararnos un rato a charlar amigablemente. Pero se había convertido  en una chica  atractiva y segura de si misma, cuando siempre había sido más bien paradita e indecisa, sobretodo para relacionarse con los chicos.

 -Estuvimos hablando de nuestros estudios  y diversiones,  y me confesó que últimamente estaban siempre  en “La feria de los sueños”,  que recientemente habían inaugurado en las afueras   de la ciudad.

-“Tú entras en las cúpulas  y te dan una pastillita que te hace vivir unos sueños maravillosos, como si fueran la  misma realidad” – me dijo alegremente, mientras los chavales asentían  entusiasmados lo que ella decía, porque también habían estado allí. Me resultó muy  sospechosa la relación que había entre ellos, como si hubiera algo que no era sincero de verdad, cuando Vanesa siempre había sido muy cuidadosa en sus relaciones.

Cuando nos despedimos me invitaron a que yo también fuera por allí, pues aunque ya sabía del sitio, porque se había convertido en algo muy popular en la ciudad,  nunca me había sentido verdaderamente  interesada.

 -La feria estaba situada en un gran parque con maravillosos  y grandes árboles, con sus frondosas copas verde esmeralda, cuando en ese lugar, antes de la construcción del gran complejo, no había ni uno solo, y no podían haber crecido en tan poco tiempo, por lo que deduje que eran artificiales.

 -Se trataba de un extenso recinto formado por grandes cúpulas de cristal independientes, repartidas entre vistosos jardines y  los grandes árboles muy raros que nunca había visto antes. La gente elegía entrar en cada una de ellas para participar en los juegos. En el interior había cómodos sillones donde las participantes se sentaban para vivir las grandes aventuras que me había contado  Vanesa , después de tomar una bonita cápsula roja. Aunque por el momento no sabía mucho más, con el tiempo fui informándome a mi manera de las condiciones del juego,  y preguntándome si tendrían algo que ver con los extraños sucesos que iba observando a mi alrededor.

 -Aquella misma semana, por ejemplo, volví a presenciar en la clase de biología del instituto, una escena sorprendente del cambio de comportamiento de una compañera de clase.

-Elena siempre había sido una estudiante mediana, aunque algo envidiosa de las más listas, que siempre sacaban nueves y dieces en todo. Aquella mañana día demostró que sabía más que la misma profesora, hasta el punto que la humilló despiadadamente delante de todos, obligándola incluso a abandonar la clase para no delatar las lágrimas que  no podía contener de la rabia y la impotencia. Elena la contradijo cuando explicaba el funcionamiento de la células, y no solamente eso, sino que le reprochó delante de toda la clase que no estuviera mejor informada sobre lo que era su especialidad. Hubo una tremenda discusión entre las dos, llena de ofensas e insultos disimulados, y mucha, mucha agresividad verbal, porque Elena también le echaba en cara que siempre le pusiera notas muy normalitas en los exámenes, cuando pensaba que se merecía más. Es decir, no fue una discusión entre una profesora y una alumna, sino entre dos personas en igualdad de condiciones. Todos enmudecimos, impresionados por la tremenda escena, sobretodo por lo ofensiva que Elena había demostrado poder ser, sin que le importaran las consecuencias de tratar de esa manera a una profesora.

 – Un día comencé a escudriñar curiosamente los folletos publicitarios de “La feria de los sueños”,  interesándome  de verdad por primera vez, porque mi intuición me decía que aquel moderno parque de atracciones tenía alguna relación  con los extraños cambios de comportamiento que había advertido en mis compañeras.

-Sabía que tanto Vanesa como Elena visitaban con cierta frecuencia las cúpulas de la feria los fines de semana, pero en realidad, todos los jóvenes del instituto estaban entusiasmados, y no dejaban de hablar del sitio en sus conversaciones. Pero cuando les preguntabas algo más concreto sobre lo que hacían allí dentro, ninguno respondía con claridad, como si guardaran un secreto para los no iniciados, como era yo. Estaba claro que había que experimentarlo para comprenderlo, pero me resistía a dar ese paso, porque mi intuición me decía que me mantuviera alejada de aquellas bonitas cúpulas de colorines.

 -En los folletos no se daba ninguna explicación de las condiciones del juego, pero  cada cúpula tenía hipnóticos rótulos  luminosos en la entrada, con diferentes  consignas : “El sueño de la belleza”, “El sueño del héroe”, “El sueño de la inteligencia”, “El sueño de la fama”, “El sueño de la riqueza”, “El sueño del riesgo y la aventura”, “El sueño del poder”.

- Entonces  pensé que se trataba de soñar, como ya me había dicho Vanesa. Pero ¿de qué manera? ¿Después de dormirte con aquella misteriosa cápsula roja que te vendían? Y si te dormían, ¿podías soñar lo que quisieras, o te obligaban a soñar lo que ellos tenían previsto?

 -Yo era una experta soñadora lúcida y podía ser consciente dentro de mis sueños de que estaba soñando, viviendo y disfrutando con mi voluntad real la experiencia que yo eligiera dentro del sueño, sin las restricciones de la vida física. Había tenido experiencias maravillosas y vivencias que nunca las podría tener en la vigilia, como volar, atravesar paredes, visitar planetas desconocidos, o nadar por las profundidades oceánicas junto a fantásticos peces. Pero nunca había tenido que tomar ninguna pastilla, ni había tenido que entrar en ninguna extraña cúpula para conseguirlo. Me bastaban mi confortable cama en la intimidad silenciosa de mi habitación y concentrarme, unos minutos antes de dormirme, en la idea de despertarme dentro del sueño y poderlo dirigir así   hacia mi aventura preferida. Entonces empecé a urdir un plan secreto, porque yo también era una iniciada, pero de otras cosas que ellos no  podían ni imaginar.

 -Decidí resueltamente que a partir de mi próximo sueño lúcido viajaría hasta el interior de aquellas misteriosas cúpulas, para descubrir por mi misma lo que allí dentro ocurría. 

 -Durante mi primer sueño lúcido después de tomar aquella decisión, descubrí escenas llenas de pasión desenfrenada en un concierto de música moderna. Miles de jóvenes aclamaban enloquecidos a un cantante con un vestido luminoso y extravagante, que vociferaba de una manera estridente, acompañado por una  ruidosa banda. La escena era impactante por lo exagerada y estrambótica, diferente de la realidad, pero similar en algunas cosas. Había en general mucha agresividad y descontrol entre la masa de jóvenes, que clamaban  aturdidos por el ciego fanatismo. Me encontraba sin duda en la cúpula donde rezaba “El sueño de la fama” y comprendí enseguida que cada una de las diferentes cúpulas  eran espacios temáticos, en las cuales solo se podía soñar con situaciones y circunstancias relacionadas con la leyenda que figuraba al entrar.  El soñador que interpretaba al cantante no lo pude reconocer, pero estaba claro que había presenciado solo un sueño de los muchos que podían darse dentro de la cúpula, entre los muchos soñadores que reposaban en los sillones. Aunque quizá, yo había ido a parar al sueño más intenso y vívido.

 -Sorprendentemente, a la semana siguiente de tener el sueño lúcido, ocurrió  un acontecimiento bastante dramático que me hizo pensar en la similitud con mi sueño. Y fue durante la celebración de un concierto  de una conocida banda de jóvenes músicos de la ciudad,  donde las cosas se habían descontrolado por el exceso al que había llegado la locura sonora y quizá de otras cosas. Una chica había muerto aplastada por la masa enloquecida cuando ésta intentaba acceder en tromba  hasta lugares privilegiados, desde donde poder contemplar mejor al ídolo que aclamaban.

 -Todo también muy raro, porque el conocido grupo local nunca había despertado tantas pasiones como para que se llagara a ese extremo, por lo menos hasta que se dio ese concierto. Quizá aquella noche  ocurrió algo misterioso e imprevisible  que había hecho que sucediera el accidente.

 -“¿Sería el cantante del grupo un asiduo a las sesiones de las cúpulas de “La feria de los sueños…? ¿O no sería él mismo el protagonista de mi sueño? ” – me pregunté, aunque imposible saberlo, porque el cantante del sueño era una especie de estrella deslumbrante de luces  parpadeantes.

Continuara

No te pierdas las misteriosas aventuras de Lu en el mundo de los sueños.

Cuento: Blancanieves. Capitulo 3º. Crecimiento personal para niños y adolescentes. Mundo de niños

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Cuento: Blancanieves. Capitulo 3

Al despertar por la mañana muy feliz y llena de energía y vitalidad, Blancanieves vió a Kansha  sonriente a su lado, que le dijo:

- ¡Hace un día precioso esta mañana! ¿te apetece salir? ¡Podemos ir a recolectar bayas! –  le dijo lleno de entusiasmo.

- Claro que si. Prepararé un buen desayuno para los dos y después saldremos, si te parece bien.¡Estoy hambrienta!

- Me parece fantástico – contestó Kansha con una sonrisa.

Blancanieves preparó entonces un suculento desayuno a base de frutas, leche de cabra y pan casero. Antes de empezar a comer, Kansha cerró los ojos y murmuró algo que Blancanieves no entendió bien.

- ¿Qué estabas diciendo?-

- Simplemente le daba las gracias al universo por este desayuno tan delicioso-

Cuando terminaron de desayunar, fueron al bosque a recolectar bayas: moras, frambuesas y arándonos, y muy pronto la cesta de Blancanieves estuvo llena hasta los topes. Cuando terminaron, Kansha volvió a murmurar algo.

- ¡Qué suerte hemos tenido por haber recogido un montón de bayas en un momento!-

-Ahora te llevaré a mi sitio preferido del bosque, que es un hermoso manantial de agua limpia y cristalina. Ya verás, es el agua mas fresca y pura que hayas bebido nunca -

Pronto llegaron a un paraje espectacular con enormes y majestuosos árboles, y delicadas flores que crecían entre la hierba. Allí, entre las rocas, se oía el rumor del agua del manantial, y Kansha se acercó invitando a Blancanieves a beber.

- ¡Es realmente fantástica y en este fabuloso paraje aun más!

Kansha bebió también agua del manantial con gran deleite y luego volvió a murmurar unas palabras.

- ¿Estás dando las gracias otra vez?- Le preguntó entonces Blancanieves.

- Sí, y te invito a que tú lo hagas también, pues debemos sentimos agradecidos a la vida, incluso en los momentos difíciles y dolorosos que nos hacen sufrir, pues debemos mirarlos como etapas de aprendizaje.

  -Cuando damos las gracias recuperamos nuestro estado natural de bienestar y felicidad que todos merecemos-

-La actitud de agradecer nos conecta con nuestra verdadera esencia, y nos permite ver el lado bueno y maravilloso de existir-

- Creo que lo entiendo – contestó Blancanieves – Todo lo que me ha pasado al principio lo veía como una gran desgracia, pero pensándolo bien, si no hubiera sucedido, no sabría nada de vosotros, los Kodama, y de vuestra sabiduría. Sí, me siento muy agradecida de haberos conocido, y de todas las cosas maravillosa que estoy aprendiendo con vosotros.

Esa noche, antes de acostarse, Blancanieves dio las gracias por todas las cosas buenas que habían en su vida, pues descubrió que eran muchas.

Al día siguiente, cuando la luz del amanecer la despertó, Kansha ya se había ido y lo había sustituido Kuriētā, pero no sin antes dejarle una nota que decía así:

- Gracias por brindarme tu compañía y confianza -

Blancanieves sonríó y dijo en voz baja: – Gracias a ti, Kansha-

Cuando termino de leer la nota, escuchó la vocecilla alegre de Kuriētā :

-¿Cómo se encuentra hoy nuestra invitada especial?-

-¡ De maravilla ¡ –  contesto Blancanieves.

- Es fantástico que te sientas tan bien, porque además te conviene -

- Cada vez que piensas o sientes algo, emites una energía que ha formado ese pensamiento o emoción, y esta energía afecta al mundo exterior  material.

- Piensa que eres como un imán y atraes hacia ti todo lo que vibra en la misma frecuencia que tus pensamiento y emociones -

- Si piensas y sientes cosas positivas como por ejemplo :

-¡Qué feliz que soy y qué suerte que tengo! ¡Tengo una salud perfecta! – El mundo atraerá hacia ti estas cosas, pero si piensas y sientes lo contrario, como: -¡ Qué mala suerte tengo, porque todo me sale mal ¡ – también lo hará.

- ¿Entonces, si me esfuerzo por ver el lado bueno de la vida y mi vibración es de  alegría, atraeré cosas buenas a mi vida?-

-¡No me cabe la menor duda!

 -Pero, algunas veces, situaciones que nos  ocurren y nos parecen malas, a la larga resultan ser buenas, y por eso nos resulta difícil comprenderlas en el momento. Pero debemos intentar aprender de ellas para hacernos más sabios y fuerte

-¡Es asombroso. Me parece mágico! – exclamó Blancanieves.

- En cierto modo así es, pues los humanos llamáis magia a todo lo que no entendéis.

 -El verdadero secreto para crear la realidad son nuestras emociones y los sentimientos, pero no diciéndote simplemente que “soy feliz”, sino también sintiéndolo con todo tu corazón, y con el tiempo acaban influyendo sobre nuestra realidad de la manera más imprevisible -

- Debes tener cuidado con los sentimientos y pensamientos negativos, como el miedo y el odio mantenidos constantemente, pues también acaban atrayendo  cosas negativas. Por eso debes estar siempre atenta, como un cazador esperando su presa, y cuando estos pensamientos oscuros aparezcan por tu cabeza, inmediatamente los cancelas dándote la orden mental de “cancelar”, y lo sustituyes enseguida por pensamientos positivos -

- Creo  que a partir de ahora voy a tener muy presente lo que me has enseñado – dijo Blancanieves.

-Bueno, no hablemos más y vamos a dar un paseo por el bosque. A disfrutar de todas las maravillas de la naturaleza, elevando nuestra energía y atrayendo hacia nosotros toda la plenitud y la abundancia del universo-

Al volver a casa, Blancanieves se sintió muy feliz. Se acostó y durmió profundamente, y cuando despertó al amanecer del nuevo día, Kodama Shizen apareció ante ella con la bandeja del desayuno y una gran sonrisa.

- ¡Qué lujo! – dijo Blancanieves – ¡desayuno en la cama! -

- ¡Sí, sí, pero no hay tiempo que perder! ¡Tengo que enseñarte un montón de sitios preciosos! -

- ¡Qué bien! – dijo Blancanieves ilusionada  – ¡no te preocupes, que no tardo nada! -

Al cabo de unos momentos, Blancanieves ya había terminado y estaba preparada para salir.

- ¿A donde vamos?-

-Sorpresa. Ya lo veras – le dijo Shizen.

Era muy temprano y después de andar un rato, llegaron a un pequeño lago.

- Shsssss… ten cuidado y no hagas ruido. Esperaremos aquí, detrás de este árbol – le dijo Shizen.

-¿Pero, a qué esperamos? – Pregunto Blancanieves intrigada.

-Se paciente y lo veras -

Al cabo de unos minutos, apareció un gran ciervo con su magnifica cornamenta en dirección al lago, para beber, y enseguida se acercaron también otros animales, como conejos, ardillas, un zorro, un grupo de jabalís, etc.

-¡Qué maravilla, ver tan de cerca todos estos fantásticos animales! ¡Me encantaría poder acariciarlos…! ¿Tú crees que los ahuyentaría si me acercara un poco más? – Dijo Blancanieves.

- Puedes intentarlo tomando estas hojas y ofreciéndoselas al ciervo, pero acercándote muy despacio y sin hacer ningún movimiento brusco-

Blancanieves hizo entonces lo que le había dicho Shizen, y como por arte de magia, al cabo de un momento, el magnifico ciervo estaba comiendo de la propia palma de su mano. Blancanieves aprovechó entonces para acariciar su lomo con suavidad, llena de emoción y gratitud, sin que el animal se asustara lo más mínimo. Poco después volvió muy despacito hasta donde la esperaba  Shizen

-¡Ha sido un momento mágico que nunca olvidare! ¡Gracias de corazón!-  le dijo entusiasmada Blancanieves.

-La naturaleza nos brinda siempre bienestar y formas muy sencillas de recargar nuestra energía. Fíjate en ese gran árbol y apóyate en su tronco de espaldas. Con la columna y cabeza bien derecha, coloca tus manos también sobre el tronco y permanece así durante un tiempo. Luego dime qué has sentido.

Tras hacer lo que Shizen le había indicado, le dijo:

- Es muy curioso, pero me siento más fuerte y llena de energía y vitalidad.

- Los árboles son fantásticas fuentes de energía que siempre podrás usar cuando te sientas decaída.

 

- Cuando vuelvas a tu mundo, no te olvides de la fuente inagotable de energía vital que es la naturaleza. Incluso si vives en una gran ciudad, puedes tomar el sol en tu terraza de vez en cuando, incluso en invierno.

Planta un árbol. Camina descalza por la orilla del mar, porque  te descargará de energía negativa, y también sobre la hierba fresca, cargándote así de vitalidad y pureza.

-No lo olvidaré- le dijo  Blancanieves.

Cuando al anochecer estuvieron de vuelta en la cabaña, Blancanieves le dijo a Shizen:

- Creo que ha llegado el momento de que vuelva a mi casa-

- Me gustaría despedirme de todos los Kodama-

Al decir esto a Shizen, en pocos minutos fueron apareciendo todos allí. Primero Yurushi, luego Yume y Sonzai, más tarde Meisō y al final Kansha y Kuriētā.

 - Quiero despedirme de vosotros y daros las gracias por todo lo que me habéis enseñado. Ahora me siento una persona distinta, más fuerte y capaz de enfrentarme a cualquier cosa que me pueda suceder. No puedo permanecer por más tiempo aquí escondida, por muy a gusto que me encuentre-

 -Es una sabia decisión- dijo Meisō.

 -Nosotros te guiaremos hasta el pueblo más cercano – añadió Shizen.

-Puedes volver a visitarnos siempre que lo necesites – le propuso Yurushi.

-También nos podemos ver en sueños –  le dijo Yume sonriente, y los demás asintieron.

- Bueno, entonces queda claro que esto no es una despedida, sino un “hasta pronto” pues volveré a menudo a recargarme  de energía y a disfrutar de vuestra compañía.

 Finalmente Blancanieves abrazó cálidamente a cada uno de ellos y los besó con cariño.

                                                Fin