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Cuento: El saco de carbon. Mundo de niños

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El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

 

El saco de carbon 

Un día, entre en casa dando patadas en el suelo y gritando muy enfadada. Mi madre, me llamó. Y yo, la seguí, diciendo en forma irritada:

–Mama, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Marta no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarla!

Mi madre, una mujer normal, pero llena de sabiduría, me escuchaba con calma y yo continuaba diciendo:

– Imagínate que la muy estúpida me humilló frente a mis amigas. ¡No acepto eso! Me gustaría que se pusiera enferma para que no pudiera ir más a la escuela.

Mi madre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de donde tomó un saco lleno de carbón el cual llevó hasta el final del jardín y me propuso:

– ¿Ves aquella sabana blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Marta y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a ella. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo regresare para ver como quedó.

Yo lo tome como un juego y comencé a lanzar los carbones pero como el tendedero estaba un algo lejos, pocos de ellos acertaron la sabana. Cuando, mi madre regresó y me preguntó:

– Hija ¿Qué tal te sientes?

Yo le respondí – Cansada pero alegre. He acertado algunos pedazos de carbón a la sabana.

Mi madre me tomo de la mano y le dijo:

- Ven conmigo quiero mostrarte algo.

Me colocó frente a un espejo que me permitía ver todo mi cuerpo. ¡Qué susto! Estaba casi todo negro y sólo se le veían los la boca y los ojos. En ese momento mi madre me dijo:

– Lu, cómo has podido observar la sabana ha quedado un poco sucia pero no es comparable a lo sucia que estas tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que queramos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, o acciones los residuos y la suciedad siempre quedan en nosotros mismos.

El rencor y el resentimiento son sentimientos que nos hacen mucho daño, perdona y deja marchar ese sentimiento que tanto te duele, el perdón es para ti no para la persona que te ha herido.

Cuento: ¿Quien sabe mas? Jorge Bucay

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¿Quien sabe mas?

 

Una historia divertida para hacer reflexionar a niños y adultos.

Cuento: ¿Quien sabe mas? Jorge Bucay

— “Papi… papi… estuve con Huguito, que viene de pelearse con su papá”

 — “¿Y por qué se peleó con su papá?”

 — “Porque el papá de Huguito dice que él sabe más que Huguito.”

 — “Sí, hijo. El papá de Huguito sabe más que Huguito.”

 — “¿Y cómo lo sabes tú, si tú no conoces al papá de Huguito?”

 — “Bueno, porque es el padre, hijo, y el padre sabe más que el hijo.”

 — “¿Y por qué sabe más que el hijo?”

 — “Y… ¡porque es el papá!”

 — “¿Qué tiene que ver?”

 — “Bueno, hijo, el papá ha vivido más años… ha leído más… ha estudiado más… entonces sabe más que el hijo.”

 — “Ah… ¿y tú sabes más que yo?”

 — “Sí.”

 — “¿Y todos los padres saben más que los hijos?”

 — “Sí.”

 — “¿Y siempre es así?”

 — “Sí.”

 — “¿Y siempre va a ser así?”

 — “Sí, hijo, ¡siempre va a ser así!”

 — “¿Y la mamá de Martita sabe más que Martita?”

 — “Sí, hijo… la mamá de Martita sabe más que Martita…”

 — “Dime, papá, ¿quién inventó el teléfono?”

 El padre lo mira con suficiencia y le dice:

 – “El teléfono, hijo, lo inventó Alexander Graham Bell.”

 — “¿Y por qué no lo inventó el padre de él, que sabía más?”

Y Colorín colorado este cuento se ha terminado.

No siempre los adultos por el hecho de serlo tienen la razón.

Cuento: Sé tu mismo

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Sé tu mismo

Extraído del libro “Aplícate el cuento”, de Jaume Soler y Mercè Conangla

 

Cuento: Como el papel arrugado. Mundo de niños

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El cuento que  hoy te cuento,

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Como el papel arrugado.

 

Cuando era niña mi carácter nervioso, y susceptible hacía que me enfadase por cualquier tontería a veces llegando a insultar y humillar a mis compañeros, la mayoría de las veces después de estas peleas me sentía muy mal y me esforzaba en consolar y pedir perdón a quien había dañado.

Un día mi maestro después de uno de mis ataques de rabia me dio una hoja de papel y me dijo:
– Estrújalo.

Asombrada obedecí  apretando el papel entre mis manos hasta hacer de la hoja una bolita
– Ahora- volvió a decirme- Déjalo como estaba antes.

Por supuesto que no pude dejarlo como estaba.

Por más que lo intente  estirar y alisar el papel estaba lleno de pliegues y arrugas que no pude Hacer desaparecer.Entonces mi maestro me dijo:

“El corazón de las personas es como este papel… La impresión que dejas en ellos, será tan difícil de borrar como estas arrugas que has hecho en esa cuartilla”.

Cuento adaptado de G. Heger

Cuento de Navidad: La cena de Nochebuena. Mundo de niños

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Cuento de Navidad: La cena de Nochebuena

La primera Noche Buena después del fallecimiento de tía Isabela, nos volvimos a reunir toda la familia en la vieja casona, que ahora había quedado bajo la solitaria custodia de la criada.

Mi madre y sus hermanos, Juana y Felipe, habían pensando que era preferible mantener la finca, para poder así continuar reuniéndose los hermanos con sus familias, en las celebraciones importantes. Siendo como éramos tan numerosos, entre niños y adultos.

Sin embargo, yo sabía por el diario que heredé de tía Isabela, que el otro hermano, mi tío Andrés, era difícil de carácter y siempre iba a contracorriente de los demás. Por lo que era muy probable que no estuviera de acuerdo con la decisión de sus hermanos.  

A la criada Manuela se la consideraba una más de la familia, aunque tuviera sus obligaciones domésticas dentro de la casa, y durante la celebración de esa cena tan especial, se sentaba con nosotros.

Ella conocía muy bien el temperamento de tío Andrés desde que era bien pequeño, y seguro que también sospechaba de sus intenciones sobre el futuro de la casa familiar, porque cuando llegó con mi tía y los primos, los recibió con una atención especial. Besando con tanto cariño y afecto a los niños.

El tío Andrés, en cambio, no pareció mostrar muy buen humor por la amabilidad de la criada. Incluso como si le molestara, lo que me hizo presagiar que esa noche podía ocurrir algo un poco triste.

Cuando estuvimos todos sentados en torno a la gran mesa del salón principal, enseguida eché en falta la presencia de la tía Isabela, que, desde que falleció su hermana Inés, mi abuela, siempre la había presidido con su carisma y elocuencia.

Por eso recordé enseguida lo que había escrito en su diario, sobre la capacidad que tenemos las personas para crear armonía y evitar situaciones desagradables.

Escribía que cuando a veces somos capaces de presentir un acontecimiento negativo, en vez de pensar que va a ser inevitable, dejándonos llevar por la tristeza, hay que poner toda nuestra voluntad en la convicción de que ocurrirá lo contrario. Sobretodo si pasaba entre personas cercanas, como era el caso de ahora.

Pero también decía, y esto me costaba más entenderlo, que si muchas personas, cientos o miles – cuantas más mejor – fueran capaces de no dejarse llevar por el miedo ante probables acontecimientos sociales muy malos, como guerras y crisis, podrían evitarlos, si coordinaban sus pensamientos positivamente.

Con esa unión de las voluntades – aseguraba en su escrito – incluso seríamos capaces de evitar las grandes catástrofes naturales, cuando hubiera previsión de ellas.

 

Manuela me miró mientras pensaba en estas cosas del diario de mi tía y, como si lo adivinara, empezó a reírse. Sabía que entre mi tía y ella había una relación muy íntima, y seguramente también conocía estas ideas tan maravillosas. Por lo que sería estupendo que las dos uniéramos nuestra voluntad de armonía, para evitar que la cena de Noche Buena se convirtiera en la cena de noche mala.

Separadas como estábamos en torno a la gran mesa, nos miramos fijamente con alegría y nos trasmitimos nuestros buenos propósitos.

Cuando apenas habíamos comenzado a comer el pavo, mi tío Andrés no tardó en centralizar la atención de todos, como Manuela y yo nos temíamos. Por eso nos miramos con complicidad.

Alzando la copa de champan con una gran sonrisa de oreja a oreja, que chocaba con la seria cara que había mostrado al llegar, se puso en pié para darle mucha importancia a lo que iba a decir, y comenzó solemnemente:

-Queridos hermanos…cuñados…sobrinos… – omitió a Manuela – quiero celebrar con vosotros que estemos todos reunidos en esta maravillosa cena de Noche Buena, y al mismo tiempo dedicar unos segundos de silencio al entrañable recuerdo de la tía Isabela, que tanta felicidad supo transmitirnos – y tras los instantes que él había decidido mantener, continuó:

- Y también quiero aprovechar esta velada para proponeros que el año que viene la celebremos todos juntos en mi gran casa de campo –

Conociéndolo como lo conocían, todos entendieron enseguida el doble fondo de su brindis. Nadie se extrañó de la invitación, porque ya sabían cuales eran sus intenciones, y todo hacía presagiar que la cena se convirtiera en una tensa discusión familiar. Porque quizá, podría  acabar convenciendo también a algún indeciso, para vender la casa.

Pero mi madre, Rosa, que era la mayor de los cuatro hermanos, enseguida lo cortó alzando también la copa, para no hacerle un feo:

-Gracias por tu generosa invitación Andrés, pero no es momento de adelantar acontecimientos –

Y todos brindaron después de las palabras de mi madre que, lista como era, lo había hecho callar elegantemente.

 

Mi tía contaba en su diario, que Manuela y la casa tenían una relación muy especial.

Hasta el punto que pensaba que la habitó en otra vida pasada. Porque mi tía creía en la reencarnación.

Escribía que conocía secretos de sus viejas paredes que, ellas, las hermanas Inés e Isabela, incluso el abuelo Federico, nunca descubrieron.

Una vez les reveló que el armario que había en el recibidor tenía una puerta secreta en el fondo, que daba, a través de una estrecha escalerita, a un sótano debajo del piso. Pero ese sótano se extendía con pasadizos por todo el subsuelo de la finca, con más entradas secretas a otras partes de la casa, que solo la criada conocía.

  

Después del famoso brindis, Manuela, menudita y discreta como era, se levantó de la mesa y desapareció sin que nadie se diera cuenta, animados como estaban todos, bebiendo y comiendo los ricos manjares.

Pero cuando empezó a tardar más de lo normal, mi madre también la echó en falta.

- Vaya – pensé intrigada, porque conocía las travesuras de Manuela – ya está otra vez jugando al escondite –

Entonces, a la orden de mi madre – ¡Ale, todos a buscar a Manuela! – los niños salieron corriendo en su busca por toda la casa, como si fuera una gran aventura para ellos.

Se oían sus chillidos desde el salón, mientras iban entrando por todas las habitaciones y hurgando en todos los rincones:

-¡Aquí no está!- gritaba la prima Alicia.

-¡Aquí tampoco! – respondía el primo Arturo.

Mientras, mis tíos y tías seguían en la mesa felizmente sin darle demasiada importancia.

La búsqueda de Manuela se convirtió entonces en una escusa para jugar por toda la casa a esconderse y perseguirse, olvidándose de ella poco a poco.

Yo permanecía con los mayores, pero sin dejar de escuchar sus vocecillas, que parecían muy excitadas por los sustos que se daban unos a otros, subiendo y bajando por las escaleras sin parar.

-¡Al jardín no salgáis, que está nevando y hace mucho frío! – les decía tía Juana.

Llegado este punto de la velada, donde todo parecía en orden y sin sobresaltos, el agudo y penetrante chillido de la pequeña Mónica, nos obligó a todos a ir a buscarla.

Yo, que iba la primera de la expedición familiar, nada más girar la esquina, pude ver por el corredor en penumbra, la imagen blanca y resplandeciente de tía Isabela, que mirándome con su cara amorosa, me señalaba con la mano izquierda el viejo reloj de pie que había en medio del pasillo, pegado a la pared.

Impresionada por la brumosa aparición, los miré a todos para comprobar que también habían visto lo mismo que yo, pero ellos solo vieron a la prima Fátima con una sábana blanca echada encima, asustando a los más pequeños como si fuera un fantasma.

Quise explicarles lo que había visto, pero finalmente acepté que, por alguna razón que no comprendía, tía Isabela había querido que solo yo la viera.

Además, tampoco me iban a hacer mucho caso con el nerviosismo que tenían, porque entre los niños que habían corrido asustados por la broma de Fátima, faltaba Andresito, el pequeño del tío Andrés.

 

Su búsqueda se convirtió entonces en una frenética labor de todos, pequeños y mayores, que temiendo que le hubiera pasado algo malo, siendo como era un niño de tan solo cinco años, empezaron a llamarlo y mirar bien por todas partes.  

La casa de dos plantas y desván era muy grande, y tenía muchos cuartos y salas donde buscar. Había armarios y grandes cortinajes tras los cuales podría estar escondidito. También muchos dormitorios con camas que había que mirar bien debajo de ellas.

Baúles y otros lugares como esquinas y rincones en los que un niño pequeño cabía sin dificultad, todo fue perfectamente mirado, sin dejarse nada por rastrear. Incluso miramos en el armario del recibidor donde yo sabía que había un acceso secreto, pero las tres puertas del armario estaban cerradas con llave, para evitar precisamente que jugaran allí dentro.

Desesperados y a punto de romper a llorar tía Dorotea, decidieron incluso subir al desván, grande como era y lleno objetos viejos y polvorientos. Aun sabiendo que allí no podía estar, porque la gruesa llave que se necesitaba para abrir la puerta, estaba guardada en un cajón de la cocina. Pensamos que también podía haber salido al jardín y estar escondido en el invernadero o en la casa de jardinería, asustado como estaría por la prima Fátima. Pero como el gran manto de nieve que lo envolvía todo estaba completamente virgen y sin huellas, supimos enseguida que tampoco había salido al exterior.

Y poco a poco, la tristeza y el desánimo comenzaron a reinar entre todos, que no comprendían lo que podía haberle ocurrido al pequeño. Tía Dorotea, incapaz ya de contener las lágrimas y los lamentos, estaba acurrucada en un sillón, siendo consolada por su cuñada Juana. Y tío Andrés, al borde de una explosión de ira, comenzaba a echar la culpa de su desdicha a Manuela, con comentarios llenos de rabia y de descalificación hacia la pobre, que no había hecho nada.

Pero yo tenía absoluta confianza en que el pensamiento que había tenido al principio de la cena, tarde o temprano, nos daría sus frutos, y que todo se resolvería positivamente.

Cuando todo indicaba que nadie entre nosotros era capaz de adivinar el escondrijo de Andresito, y temiendo incluso que le hubiera ocurrido un accidente en su huida y no pudiera salir de alguna parte, oímos a los pequeños chillar alegremente desde el salón:

-¡Manuela!¡Manuela!¡Esta aquí!¡Está aquí!-

Volvimos rápidamente para celebrar su vuelta. Pero siendo como era también un motivo de alegría, no era lo que más esperaban todos. Aunque yo estaba segura que ella nos iba a revelar el escondite del pequeño.

El tío Andrés la miró entonces con mala cara, llena incluso de resentimiento, pero Manuela, comprendiendo lo que pasaba, nos llevó enseguida hasta el corredor donde estaba el gran reloj de pié. El mismo reloj tan viejo como la casa, que ya no funcionaba, y que me había señalado tía Isabela con su mano separada del cuerpo.

Empujándolo un poquito de costado, hizo que se desplazara el solo y dejara libre un estrecho hueco que daba a una escalerita de caracol – como la del armario de la entrada – que bajaba serpenteante hacia un sótano.

Los primeros que, desesperados, se metieron por allí, aunque con cierta dificultad – sobretodo tío Andrés por su barriga – fueron los padres de Andresito.

Y enseguida, impresionados por el hallazgo, oímos desde arriba sus gritos de alegría y entusiasmo al encontrarlo sano y salvo allí abajo. Estaba distraído felizmente con los viejos juguetes que habían pertenecido a la tía Isabela y la abuela Inés cuando eran niñas.

Según nos explicó Manuela, al buscar un escondite junto al reloj, huyendo del fantasma de la prima Fátima, Andresito había activado sin querer la entrada al pasadizo. Atreviéndose  entonces a bajar el solo por la escalerita, se encontró con aquel inesperado regalo de Navidad, de montones de juguetes: Una casa de muñecas con todos sus muebles y muñequitos, un caballito de madera más grande que él, muchos disfraces y caretas, norias y tiovivos de hojalata, barcos de madera, un coche antiguo de bomberos, un triciclo y un coche de pedales que aun funcionaba y que le hizo las delicias.

Cuando subieron con el niño todo sucio de polvo, tía Dorotea sentía tanta felicidad y alegría   que casi parecía que se iba a poner a llorar otra vez, de nerviosa y excitada que estaba. Tío Andrés, serio y arrepentido por lo que había sentido hacia Manuela, se acercó a ella y abrazándola cálidamente le dio dos cariñosos besos, al tiempo que le agradecía su inestimable ayuda para encontrar a Andresito, sin la cual quizá hubieran tardado mucho en encontrarlo.

 

Y colorín…

 

 

 

 

 

 

 

Cuento: El diario de tía Isabela -Capitulo 1º La herencia de tía Isabela. Mundo de niños

 

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La herencia de tía Isabela

Cuando mi tía Isabela falleció, me dejó en herencia su diario, que nadie más que ella había leído.

Y la misma noche comencé a pasar las amarillentas páginas del papel envejecido por el tiempo.

Las primeras hojas que escribió cuando apenas era una adolescente, aun estaban escritas con una vieja pluma de tintero.

Me divirtió poder apreciar la evolución de su edad, por el estilo de la letra.

Aunque siempre había conservado la gracia y la viveza del trazo, incluso hasta sus últimos escritos. 

Mis manos aun estaban temblorosas por la impresión de su recuerdo, casi sintiendo su amorosa presencia a mi lado, cuando leí:

- “Alguien que no es conocido, me ha dicho que la vida guarda muchos secretos que hemos de ir descubriendo poquito a poco” –

Desde bien pequeña la había querido mucho por lo cuidadosa que era conmigo.

Cuando me hacía regalos, siempre acertaba mis deseos. Como si leyera mi pensamiento.

En una ocasión en que no había sacado muy buenas notas, sin preguntarme nada, me regaló lo que había estado deseando silenciosamente, sin atreverme a pedírselo a mis padres: la caja de música que había visto en el escaparate de la tienda de la esquina.

También jugaba conmigo al escondite, que era lo que más me gustaba.

Su casa era muy grande, y después de fallecer su hermana – mi abuela Inés – solo vivía con su criada Manuela, que era como su sombra.

Manuela ya no era tan simpática como ella.

Aunque no me reñía, parecía que siempre estuviera a punto de hacerlo, con esa cara tan seria que tenía la pobrecita.

 Una día me escondí dentro de un gran armario de abrigos que había en el recibidor.

Esta vez yo sabía que a mi tía le costaría encontrarme, porque hizo la cuenta en la cocina, al otro extremo de la casa.

Allí se había quedado contando hasta treinta y tres, mientras pelaba las cebollas con Manuela.

Pero cuando esperaba ya dentro del armario, pude oír los pasos por el corredor, que se dirigían directamente  hacia donde yo estaba escondida.

Sin buscar antes por ninguna de las muchas habitaciones que había entre la cocina y el recibidor. Así que me extrañó mucho que lo supiera tan rápidamente.

Note cómo se abría la puerta y aparecía la triste cara de Manuela entre los abrigos.

Eso no era lo que yo me esperaba, y me asusté mucho.

Sentí como si me hubieran echo trampa, porque yo con Manuela no quería jugar al escondite,

y me puse a llorar por el disgusto.

 Después me contó mi tía, divertida, que también le habían saltado las lágrimas, pero por las cebollas, sin poder ver nada, y que por eso había enviado a Manuela a buscarme, que estaba más acostumbrada y ya no lloraba.

Sin embargo, a partir de ese día comencé a sospechar que entre Manuela y mi tía había una relación especial.

Quizá por eso sus nombres acababan con las mismas tres letras.

Además, también me pregunté si Manuela lo había adivinado ella sola, o fue mi tía, que todo lo sabía sobre mi, la que le indicó donde tenía que ir a buscarme.

Nunca me lo dijeron.

En su diario leí una frase que decía:

- “Las personas pueden comunicarse y adivinar cosas con el pensamiento” -

En mi corta vida había tenido muchas corazonadas de ese tipo.

Sobretodo con personas con las que tenía una relación íntima. Pero siempre habían ocurrido cuando menos me lo esperaba, y de la manera más imprevisible. Sin poderlas controlar.

Como cuando me encariñé tanto con la caja de música, sin decírselo a nadie, y al final resultó que me la regaló mi tía Isabela.

En su diario contaba muchas cosas de su vida y de sus relaciones con los demás. También de Manuela, de lo fiel y servicial que siempre había sido con ella.

Siendo un poco más joven que mi tía, había estado a su servicio doméstico prácticamente desde que vivía  con sus padres, mis bisabuelos.

Por la manera en como se refería a ella en sus escritos, noté que le guardaba mucho respeto y admiración. Lo que chocaba con la imagen que yo tenía de ella, siendo como era una mujer callada y taciturna.

Empecé a comprender porqué cuando me dieron su diario, tal y como tía Isabela lo había dicho en vida, Manuela me miró de una manera muy rara.

Como si le disgustara que yo me quedara con ese libro.

 Entonces me llegó de pronto la corazonada:

“Manuela sabía que en esas páginas mi tía contaba cosas sobre ella, que no quería que se supieran”

 El diario lo había escrito a lo largo de toda su vida, y habían muchos comentarios y descripciones de escenas, con su letra menudita que casi no se podía ni leer.

 Así que, por algún lado, debía de haber escrito cosas importantes sobre Manuela.

 Y me empeñé en encontrarlo sin seguir el orden cronológico de las páginas.

 Iba saltando por aquí y por allá caprichosamente, hasta que, estando a punto de cerrarlo por el sueño que me podía, encontré esta frase:

 -“Manuela es muy sensible y a veces hace cosas que no me puedo explicar”-

 Me asusté de tal modo al recordar la escena del armario, que no quise continuar más, durmiéndome enseguida para que ninguna imagen me pudiera robar el sueño.

Después de la defunción de mi tía, el viejo caserón que había pertenecido a mi familia desde los tiempos de mis bisabuelos, quedó bajo la solitaria custodia de Manuela.

Mi madre y sus hermanos decidieron mantenerlo para celebrar reuniones familiares, y también, quizá, por nostalgia.

 Sobretodo, si Manuela aun tenía la suficiente energía y voluntad para cuidarlo. Que las tenía, sin lugar a dudas.

Realmente me admiraba que pudiera querer vivir ella sola en una casa tan grande y antigua.

Con tantos recuerdos acumulados de las personas que vivieron en ella, desde hacía más de cien años.

Porque cuando mis bisabuelos la compraron, ya había pertenecido a otra familia antes que ellos.

Manuela debía de conocer todos los secretos que guardaban celosamente sus paredes, sus rincones, sus habitaciones, sus armarios…

Imaginé, incluso, que a lo mejor Manuela había deseado secretamente quedarse ella sola en toda la casa, como finalmente había ocurrido.

 Casi sin poder detener mi imaginación desbocada, pensé incluso que mi madre y mis tíos decidieron no venderla porque, en realidad, extrañas energías lo habían impedido.

Un poco asustada por mis propias fantasías, no me atreví a darles más vuelos.

Sin embargo, con el tiempo, comprendí que mi intuición no era demasiado descabellada, y que entre la casa y Manuela había una misteriosa relación.

Desde la noche que descubrí que Manuela era una persona tan especial para mi tía, el diario lo leí con cierto temor. No fuera que descubriera cosas demasiado secretas.

 Por eso, cuando unos días después del fallecimiento de mi tía, mi madre me pidió que fuera de nuevo a la casa, para recoger un vestido negro que se había dejado olvidado el día de la defunción, me dio miedo.

No deseaba volver allí, a pesar de los recuerdos tan entrañables que guardaba de la casa cuando vivía mi tía.

Pero tampoco podía decírselo a mi madre, porque entonces hubiera tenido que darle demasiadas explicaciones. Y pensé que no debía.

Así que, obediente y temerosa por mi propia imaginación, caminé la corta distancia que separaba las dos casas.

Llamé estirando del viejo tirador de madera, muy gastado ya por las manos que lo habían usado durante tantos años, y que accionaba una campanilla en el interior de la casa.

Divertida, recordaba que de pequeña me costaba mucho hacerla sonar, por lo fuerte que estaba, y entonces también usaba a veces el picaporte en forma de lagarto, que tanto me asustaba por lo real que parecía. No fuera que abriera la boca de pronto y me mordiera.

Mi tía nunca había querido ponerse timbre eléctrico, porque decía que las obras para instalarlo hubieran dañado el arco de piedra, que envolvía la hermosa puerta de madera de roble.

Manuela tardó un poco en abrirme.

 Sin besarnos, porque no teníamos costumbre, me hizo pasar enseguida hasta la cocina, donde me había preparado un humeante chocolate con pastelitos de crema, como me hacía mi tía.

Pero yo sabía que ya nada podía ser igual, aunque ella tratara de ser amable conmigo. 

Tan callada y concentrada en sus cosas, como si temiera que le fueran a quitar algo.

Entonces, rompiendo el silencio que prácticamente había reinado mientras me comía la rica merienda, me propuso que jugásemos al escondite, como hacía con la tía Isabel.

-¡Pero con una sorpresa!-  me dijo con una sonrisa tan rara, que me pareció de otra persona.

Esta vez sería ella la que se escondería.

Y sin esperar mi respuesta, de pronto, flacucha y ágil como era, desapareció corriendo por el pasillo, tras decirme:

-¡Empieza a contar hasta treinta y tres! -

Me quedé sin saber qué hacer en la cocina, asustada con mis fantasías.

Aunque en el fondo también me daba un poco de pena, la pobrecita, que se había quedado tan sola en la vida. 

Por eso me había preparado la deliciosa merienda y ahora quería jugar conmigo.

-“Por lo triste que estaría sin nadie a quien cuidar” – pensé

Así que decidí que debía jugar al escondite con Manuela, y enseguida supe adónde había ido a esconderse:

Al viejo armario del recibidor.

Al cruzar el largo corredor, con aquellas viejas lámparas en lo alto, que parecían arañas a punto de lanzarse sobre mi, me pareció más oscuro y largo que nunca.

Aunque estaba casi segura que se escondía en aquel sitio, temía que Manuela apareciera de pronto desde alguna de las habitaciones, con esa cara de pergamino envejecido que tenía, y me diera un susto de muerte.

Cuando llegué al recibidor y contemplé el viejo armario de toda la vida, pensé que verdaderamente  nunca me había fijado en él como lo hacía ahora, y lo descubriera por primera vez.

-¡Qué raro es!- me dije.

No era un mueble independiente pegado a la pared, sino que estaba empotrado en ella, como si formara parte de la misma casa.

Tenía tres puertas, con tres caras labradas en bajo relieve en la madera, en el centro de cada puerta.

Una cara triste, otra riendo y la del centro, inexpresiva y seria.

Me quedé frente a él sin saber cual debía abrir, porque cada puerta daba a compartimentos independientes.

Cuando yo me escondía de pequeña, lo hacía en el de la izquierda, que tenía la cara alegre.

Pero ahora Manuela podía estar en cualquiera, porque las tres puertas parecían muy bien cerradas.

Así que, sin atreverme a abrir ninguna, dije en voz alta para que me oyera bien:

-¡Manuela, sé que estás en el armario!¡Te he encontrado!¡Sal ya de ahí!-

Y pude oí una risita que salía de dentro, aunque también podía provenir de otro lugar, porque parecía muy lejana.

Era muy extraño.

No salió.

 -¡Manuela, si no sales, no juego más!¡Me estás asustando!-

Y volví a oír las risitas.

 Finalmente decidí que debía tomar una decisión y abrir una de las puertas.

Elegí la de la derecha. La que tenía la cara triste.

 Enseguida vi colgados dos largos abrigos de mi tía, pero Manuela no estaba allí dentro.

Me enfadé mucho con ella, porque me obligaba a tener que abrir más.

-¡Manuela, eres muy mala conmigo!¡Me estás dando miedo de verdad!-

Otra vez las risitas.

Y al final le dije, para asustarla yo a ella:

-¡Ahora verás!, ¡bruja!

-Y abrí las dos puertas que quedaban al mismo tiempo, para que no tuviera escapatoria.

Me atreví entonces a entrar en cada uno de los armarios, grandes como eran, palpando bien todas las esquinas entre la ropa antigua. Pero tampoco estaba en ninguno de los dos.

Aquello sí que me dio miedo, porque en el recibidor no quedaba otro lugar donde pudiera esconderse, y su vocecilla lejana, estaba segura, había salido de algún sitio de allí mismo.

Silenciosa, me quedé en el centro, mirando fijamente los muebles pegados a las paredes de mi alrededor: la cómoda con candelabros, las sillas, el arcón y el gran perchero espejo.

Me sentía muy sola pensando que aquella extraña mujer no podía sustituir de ninguna manera a   mi tía Isabela, que tan buena y cariñosa había sido conmigo, cuando sin esperarlo, a través del espejo vi que la puerta de en medio, la de la cara seria, comenzaba a abrirse muy despacito.

-¡No puede ser!- me dije con una exclamación llena de miedo, y salí corriendo para encerrarme en la cocina y no jugar ya más con Manuela.

Enseguida la oí acercarse y dar unos golpecitos en la puerta, pidiéndome por favor que la dejara entrar. Que no quería asustarme. Solo jugar un poco conmigo porque se encontraba muy sola.

Así que me dio mucha pena, llorando como ya estaba por el susto, y le abrí la puerta.

Allí estaba Manuela, más pequeñita que yo, con su vestido negro y su carita de india, pidiéndome que la perdonara por el susto que me había dado.

Tras darnos un abrazo y besarnos por primera vez, me despedí corriendo hasta la salida. 

-¡Espera! – me dijo saliendo ya por la puerta

– ¡que te olvidas del vestido de tu madre!-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuento: Blancanieves. Capitulo 3º. Crecimiento personal para niños y adolescentes. Mundo de niños

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Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

                

Cuento: Blancanieves. Capitulo 3

Al despertar por la mañana muy feliz y llena de energía y vitalidad, Blancanieves vió a Kansha  sonriente a su lado, que le dijo:

- ¡Hace un día precioso esta mañana! ¿te apetece salir? ¡Podemos ir a recolectar bayas! –  le dijo lleno de entusiasmo.

- Claro que si. Prepararé un buen desayuno para los dos y después saldremos, si te parece bien.¡Estoy hambrienta!

- Me parece fantástico – contestó Kansha con una sonrisa.

Blancanieves preparó entonces un suculento desayuno a base de frutas, leche de cabra y pan casero. Antes de empezar a comer, Kansha cerró los ojos y murmuró algo que Blancanieves no entendió bien.

- ¿Qué estabas diciendo?-

- Simplemente le daba las gracias al universo por este desayuno tan delicioso-

Cuando terminaron de desayunar, fueron al bosque a recolectar bayas: moras, frambuesas y arándonos, y muy pronto la cesta de Blancanieves estuvo llena hasta los topes. Cuando terminaron, Kansha volvió a murmurar algo.

- ¡Qué suerte hemos tenido por haber recogido un montón de bayas en un momento!-

-Ahora te llevaré a mi sitio preferido del bosque, que es un hermoso manantial de agua limpia y cristalina. Ya verás, es el agua mas fresca y pura que hayas bebido nunca -

Pronto llegaron a un paraje espectacular con enormes y majestuosos árboles, y delicadas flores que crecían entre la hierba. Allí, entre las rocas, se oía el rumor del agua del manantial, y Kansha se acercó invitando a Blancanieves a beber.

- ¡Es realmente fantástica y en este fabuloso paraje aun más!

Kansha bebió también agua del manantial con gran deleite y luego volvió a murmurar unas palabras.

- ¿Estás dando las gracias otra vez?- Le preguntó entonces Blancanieves.

- Sí, y te invito a que tú lo hagas también, pues debemos sentimos agradecidos a la vida, incluso en los momentos difíciles y dolorosos que nos hacen sufrir, pues debemos mirarlos como etapas de aprendizaje.

  -Cuando damos las gracias recuperamos nuestro estado natural de bienestar y felicidad que todos merecemos-

-La actitud de agradecer nos conecta con nuestra verdadera esencia, y nos permite ver el lado bueno y maravilloso de existir-

- Creo que lo entiendo – contestó Blancanieves – Todo lo que me ha pasado al principio lo veía como una gran desgracia, pero pensándolo bien, si no hubiera sucedido, no sabría nada de vosotros, los Kodama, y de vuestra sabiduría. Sí, me siento muy agradecida de haberos conocido, y de todas las cosas maravillosa que estoy aprendiendo con vosotros.

Esa noche, antes de acostarse, Blancanieves dio las gracias por todas las cosas buenas que habían en su vida, pues descubrió que eran muchas.

Al día siguiente, cuando la luz del amanecer la despertó, Kansha ya se había ido y lo había sustituido Kuriētā, pero no sin antes dejarle una nota que decía así:

- Gracias por brindarme tu compañía y confianza -

Blancanieves sonríó y dijo en voz baja: – Gracias a ti, Kansha-

Cuando termino de leer la nota, escuchó la vocecilla alegre de Kuriētā :

-¿Cómo se encuentra hoy nuestra invitada especial?-

-¡ De maravilla ¡ –  contesto Blancanieves.

- Es fantástico que te sientas tan bien, porque además te conviene -

- Cada vez que piensas o sientes algo, emites una energía que ha formado ese pensamiento o emoción, y esta energía afecta al mundo exterior  material.

- Piensa que eres como un imán y atraes hacia ti todo lo que vibra en la misma frecuencia que tus pensamiento y emociones -

- Si piensas y sientes cosas positivas como por ejemplo :

-¡Qué feliz que soy y qué suerte que tengo! ¡Tengo una salud perfecta! – El mundo atraerá hacia ti estas cosas, pero si piensas y sientes lo contrario, como: -¡ Qué mala suerte tengo, porque todo me sale mal ¡ – también lo hará.

- ¿Entonces, si me esfuerzo por ver el lado bueno de la vida y mi vibración es de  alegría, atraeré cosas buenas a mi vida?-

-¡No me cabe la menor duda!

 -Pero, algunas veces, situaciones que nos  ocurren y nos parecen malas, a la larga resultan ser buenas, y por eso nos resulta difícil comprenderlas en el momento. Pero debemos intentar aprender de ellas para hacernos más sabios y fuerte

-¡Es asombroso. Me parece mágico! – exclamó Blancanieves.

- En cierto modo así es, pues los humanos llamáis magia a todo lo que no entendéis.

 -El verdadero secreto para crear la realidad son nuestras emociones y los sentimientos, pero no diciéndote simplemente que “soy feliz”, sino también sintiéndolo con todo tu corazón, y con el tiempo acaban influyendo sobre nuestra realidad de la manera más imprevisible -

- Debes tener cuidado con los sentimientos y pensamientos negativos, como el miedo y el odio mantenidos constantemente, pues también acaban atrayendo  cosas negativas. Por eso debes estar siempre atenta, como un cazador esperando su presa, y cuando estos pensamientos oscuros aparezcan por tu cabeza, inmediatamente los cancelas dándote la orden mental de “cancelar”, y lo sustituyes enseguida por pensamientos positivos -

- Creo  que a partir de ahora voy a tener muy presente lo que me has enseñado – dijo Blancanieves.

-Bueno, no hablemos más y vamos a dar un paseo por el bosque. A disfrutar de todas las maravillas de la naturaleza, elevando nuestra energía y atrayendo hacia nosotros toda la plenitud y la abundancia del universo-

Al volver a casa, Blancanieves se sintió muy feliz. Se acostó y durmió profundamente, y cuando despertó al amanecer del nuevo día, Kodama Shizen apareció ante ella con la bandeja del desayuno y una gran sonrisa.

- ¡Qué lujo! – dijo Blancanieves – ¡desayuno en la cama! -

- ¡Sí, sí, pero no hay tiempo que perder! ¡Tengo que enseñarte un montón de sitios preciosos! -

- ¡Qué bien! – dijo Blancanieves ilusionada  – ¡no te preocupes, que no tardo nada! -

Al cabo de unos momentos, Blancanieves ya había terminado y estaba preparada para salir.

- ¿A donde vamos?-

-Sorpresa. Ya lo veras – le dijo Shizen.

Era muy temprano y después de andar un rato, llegaron a un pequeño lago.

- Shsssss… ten cuidado y no hagas ruido. Esperaremos aquí, detrás de este árbol – le dijo Shizen.

-¿Pero, a qué esperamos? – Pregunto Blancanieves intrigada.

-Se paciente y lo veras -

Al cabo de unos minutos, apareció un gran ciervo con su magnifica cornamenta en dirección al lago, para beber, y enseguida se acercaron también otros animales, como conejos, ardillas, un zorro, un grupo de jabalís, etc.

-¡Qué maravilla, ver tan de cerca todos estos fantásticos animales! ¡Me encantaría poder acariciarlos…! ¿Tú crees que los ahuyentaría si me acercara un poco más? – Dijo Blancanieves.

- Puedes intentarlo tomando estas hojas y ofreciéndoselas al ciervo, pero acercándote muy despacio y sin hacer ningún movimiento brusco-

Blancanieves hizo entonces lo que le había dicho Shizen, y como por arte de magia, al cabo de un momento, el magnifico ciervo estaba comiendo de la propia palma de su mano. Blancanieves aprovechó entonces para acariciar su lomo con suavidad, llena de emoción y gratitud, sin que el animal se asustara lo más mínimo. Poco después volvió muy despacito hasta donde la esperaba  Shizen

-¡Ha sido un momento mágico que nunca olvidare! ¡Gracias de corazón!-  le dijo entusiasmada Blancanieves.

-La naturaleza nos brinda siempre bienestar y formas muy sencillas de recargar nuestra energía. Fíjate en ese gran árbol y apóyate en su tronco de espaldas. Con la columna y cabeza bien derecha, coloca tus manos también sobre el tronco y permanece así durante un tiempo. Luego dime qué has sentido.

Tras hacer lo que Shizen le había indicado, le dijo:

- Es muy curioso, pero me siento más fuerte y llena de energía y vitalidad.

- Los árboles son fantásticas fuentes de energía que siempre podrás usar cuando te sientas decaída.

 

- Cuando vuelvas a tu mundo, no te olvides de la fuente inagotable de energía vital que es la naturaleza. Incluso si vives en una gran ciudad, puedes tomar el sol en tu terraza de vez en cuando, incluso en invierno.

Planta un árbol. Camina descalza por la orilla del mar, porque  te descargará de energía negativa, y también sobre la hierba fresca, cargándote así de vitalidad y pureza.

-No lo olvidaré- le dijo  Blancanieves.

Cuando al anochecer estuvieron de vuelta en la cabaña, Blancanieves le dijo a Shizen:

- Creo que ha llegado el momento de que vuelva a mi casa-

- Me gustaría despedirme de todos los Kodama-

Al decir esto a Shizen, en pocos minutos fueron apareciendo todos allí. Primero Yurushi, luego Yume y Sonzai, más tarde Meisō y al final Kansha y Kuriētā.

 - Quiero despedirme de vosotros y daros las gracias por todo lo que me habéis enseñado. Ahora me siento una persona distinta, más fuerte y capaz de enfrentarme a cualquier cosa que me pueda suceder. No puedo permanecer por más tiempo aquí escondida, por muy a gusto que me encuentre-

 -Es una sabia decisión- dijo Meisō.

 -Nosotros te guiaremos hasta el pueblo más cercano – añadió Shizen.

-Puedes volver a visitarnos siempre que lo necesites – le propuso Yurushi.

-También nos podemos ver en sueños –  le dijo Yume sonriente, y los demás asintieron.

- Bueno, entonces queda claro que esto no es una despedida, sino un “hasta pronto” pues volveré a menudo a recargarme  de energía y a disfrutar de vuestra compañía.

 Finalmente Blancanieves abrazó cálidamente a cada uno de ellos y los besó con cariño.

                                                Fin

 

 

 

 

 

 

Cuento: Blancanieves. Capitulo 2º. Crecimiento personal para niños y adolescentes. Mundo de niños

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El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

                   

Cuento: Blancanieves. Capitulo 2º

Al despertar era Sonzai el que estaba con ella.

Sonzai le enseñó los lugares más bellos del bosque, incluido un pequeño lago de aguas azules y cristalinas, donde Blancanieves tomó el baño más maravilloso de su vida, nadando entre preciosas flores de loto y peces de colores. Pero cuando llegaron a casa, Blancanieves parecía preocupada.

-¿No lo has pasado bien hoy en el bosque?- Le preguntó Sonzai.

- ¡Claro que si, en realidad mejor que nunca!-

-¿Y sabes por qué lo has pasado tan bien?

- Porque aquí es todo precioso- dijo Blancanieves.

-Eso es verdad, pero esa no es la razón por la que te has sentido tan bien-

- ¿Y estonces cual es?- preguntó ella.

-La razón es que has estado todo día atenta, observando, disfrutando y sintiendo el momento, sin preocuparte de nada más-

-Pero ahora te sientes triste porque estas pensando en el pasado o en el futuro ¿no es así?-

-Tienes razón, estaba pensando en todo lo que me ha pasado, y en el miedo que me da volver a mi mundo y enfrentarme a mi madrastra-

-No debes pensar en esas cosas. Ni el pasado ni el futuro existen. Sólo podemos hablar del pasado por nuestros recuerdos, pero ya no está ahí, ya pasó y no lo podemos cambiar, y algo parecido pasa con el futuro, pues todavía no a sucedido y es tan sólo algo que imaginamos o tememos. Lo único real es el momento presente-

- ¿ Y como puedo vivir el presente? -

-La capacidad de vivir el presente se puede practicar. Debes observar tus pensamientos y cuanto te des cuenta que estas pensando en el pasado o en el futuro, volver al momento presente, al aquí y ahora-

-Creo que lo entiendo. Como el pasado no lo podemos cambiar y tampoco podemos conocer nuestro futuro, es una tarea inútil pensar en ellos y más aun sufrir-

-Lo has captado- dijo riendo Sonzai y se quedó junto a ella hasta que se durmió.

Cuando a la mañana siguiente  Blancanieves despertó, vio a  Kodama Meisō. Él no se dio cuenta de que ella se había despertado, porque estaba sentado en el suelo, con los ojos cerrados y las piernas cruzadas en posición de loto y parecía ajeno a todo lo que pasaba a su alrededor.

Blancanieves estuvo observándolo largo rato, pero no quiso molestarlo porque estaba muy quieto y parecía una estatua, y su respiración era casi imperceptible. Cuando al fin abrió los ojos, estuvo aun un rato sin decir palabra y luego saludó amablemente a Blancanieves:

-Buenos días ¿cómo te encuentras esta mañana?-

-Muy bien- contestó ella – Perdona mi curiosidad, ¿pero qué estabas haciendo tan quieto y en silencio?

-Estaba meditando- dijo Meisō

-¿Y en que consiste eso de meditar?-

- Se podría decir que la meditación es un ejercicio continuado de atención, cuyo fin es controlar el parloteo incesante del pensamiento.

 -¿Nunca te as fijado que  tu pensamiento es como una especie de voz en tu cabeza que nunca deja de hablar, y al que es muy difícil hacer callar? Sino, inténtalo y verás; prueba a no pensar durante tres minutos, que no es demasiado, y yo te avisaré cuando hayan pasado. ¿Estás preparada?

 -Estoy preparada- le dijo Blancanieves.

 -Ala de tres: una, dos y tres-

 Blancanieves cerró los ojos y al cabo de unos 30 segundos le dijo a Meisō:

 Es imposible, no puedo, mi pensamiento no me obedece, y lo curioso es que hasta ahora no me había dado cuenta!-

 – Y lo peor de esa falta de control sobre el pensamiento – dijo Meisō – es que a veces tu pensamiento se puede comportar como tu peor enemigo y te atormenta diciéndote cosas como:  tú no puedes hacer eso…tú no tienes el valor necesario… tú no eres capaz….. -

 – ¿Y yo podría aprender a meditar?-

 – Claro que si, sólo es cuestión de entrenamiento-

 – Te llevaré a mi lugar preferido del bosque para que hagas la primera practica-

 Meisō llevó a Blancanieves a un lugar maravilloso en el bosque, donde los árboles habían crecido en circulo formando una especie de refugio. Cerca se oía el rumor de una cascada y todo transmitía paz y tranquilidad.

 – Siéntate como yo con las piernas cruzadas y la espalda recta. Cierra los ojos, inspira, mantén el aire en tus pulmones y exhala lentamente. Siente cómo el aire entra fresco por tu nariz y luego sale mas caliente.

Deja ir tu ira, deja ir los miedos, libera tu mente de pensamientos negativos

concentrándose en tu respiración. Cuando respiras te llenas de calma, cuando respiras te llenas de paz.

Imagina  que estás en una pequeña barca que navega por el río.

Recuéstate y permite que la corriente te lleve lentamente.

Siente la fresca brisa nocturna sobre tu piel, escucha el relajante canto de los grillos en la intimidad de tu barca y déjate mecer por las onduladas aguas.

Ahora que te sientes completamente tranquila y relajada, sigue concentrando tu atención en la respiración.

Cuando quieras terminar, haz una ultima respiración lenta y profunda y abre despacio los ojos.

Al cabo de 20 minutos mas o menos, Blancanieves abrió los ojos.

 -¿Qué tal, cómo te encuentras? – Le preguntó con interés Meisō.

 -¡De maravilla, me siento más relajada que nunca, es como si todos mis problemas hubieran perdido importancia! -

 – ¿Entonces, has conseguido vaciar tu mente de pensamientos?-

 – ¡Si, aunque no todo el tiempo, claro!, pero sí en algunos momentos. Cuando me daba cuenta de que estaba pensando me concentraba en mi respiración y los pensamientos se desvanecían enseguida -

 – Con la práctica cada vez te será más fácil, aunque para dominar la meditación debes practicar todos los días, al menos quince o veinte minutos diarios.

Con la meditación podrás aliviar tus dolores, tranquilizarte cuando estés nerviosa, también te ayudará a mantener el control ante los problemas, y a conocerte mejor y sentirte mas feliz.

Esa noche antes de acostarse, Blancanieves meditó de nuevo y durmió profundamente.

Continuará…

No te pierdas los maravillosos secretos que nos desvelaran Kansha, Kuriētā y Shizen.

Cuento: Blancanieves. Capitulo 1º. Crecimiento personal para niños y adolescentes. Mundo de niños

 

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El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

                

Hoy os voy a contar un cuento clásico Blancanieves pero actualizado. En esta versión Blancanieves es una bella modelo que recibe las sabias y mágicas enseñanzas de los siete Kodamas

Era un día de invierno, y Ana miraba la nieve caer desde la ventana abierta de la cocina, mientras cortaba las verduras para el arroz distraídamente, cuándo se hizo un pequeño corte en el dedo con el cuchillo. Al agitar la mano, tres gotas de sangre fueron a caer sobre la nieve que se había acumulado sobre el alfeizar de la ventana.

Ante aquella imagen, inmediatamente le vino a la cabeza el cuento de Blancanieves, que empezaba de una forma similar.

Ana estaba embarazada y en ese momento decidió que la niña que llevaba en su vientre se llamaría Blancanieves.

No mucho tiempo después nació su hija, que era blanca como la nieve. Tenia los labios rojos como la sangre y el cabello negro como el ébano, pero al nacer ella, Ana murió.

Un año más tarde, su padre, un importante hombre de negocios, volvió a casarse. Su nueva esposa era una famosa modelo muy bella, pero muy vanidosa.

Blancanieves fue creciendo  entre las luces de los focos y los fotógrafos de moda, mientras se hacía más bella cada día. Cuando cumplió los 14 años, era tan hermosa como la luz del día, y mucho más que su madrastra.

Un día, el fotógrafo de una importante revista de moda, se fijó en ella y le dijo:

-¿Nadie te ha dicho que tienes una belleza muy especial? Podrías trabajar como modelo, igual que tu madrastra. Permíteme hacerte unas fotos y estoy seguro que todas las agencias de modelos se pelearán por ti -

Blancanieves accedió y en poco tiempo se convirtió en la modelo mas cotizada del mundo. Su rostro aparecía en vallas publicitarias, anuncios de televisión y portadas de revista, eclipsando por completo a su madrastra, que palidecía de envidia. Desde entonces, cada vez que veía a Blancanieves, sentía que se le revolvía el corazón. Tal era el odio y los celos que abrigaba contra ella, que no podía ni dormir. Así que, finalmente, decidió deshacerse de ella.

Contrató a un asesino a sueldo que, haciéndose pasar por fotógrafo, la llevaría hasta un lejano bosque y luego la mataría.

Pero Blancanieves era tan hermosa, encantadora e inocente, que el sicario fue incapaz de matarla.

Él le contó lo que sucedía y le dijo:

-¡Huye y escóndete en este gran bosque! que yo volveré y le diré a tu madrastra que ya estas muerta.

Y allí la dejo en medio del bosque, abandonada a su suerte.

La pobre chica se encontró sola en el inmenso bosque. Tenía mucho miedo y el menor ruido la sobresaltaba. Como no sabía qué hacer, echó a correr por entre la maleza y las piedras, pero los animales del lugar pasaban saltando por su lado sin causarle el menor daño. Siguió corriendo mientras le quedaron fuerzas, hasta que se ocultó el sol.

Entonces se acurrucó contra el tronco de un gran árbol y se quedó dormida.

Al despertar, se vio rodeada de unos pequeños seres verdes con aspecto de niños.

-¿Quienes sois?- les perguntó.

-Somos los Kodama, espíritus del bosque- le dijeron los siete seres a coro. -¿ Y tú quién eres?-

-Me llamo Blancanieves-

-¿Y cómo has llegado hasta aquí?-

Entonces les contó que su madrastra había dado orden de matarla, pero que el asesino que había contratado le había perdonado la vida finalmente, y ella, asustada aun, había estado corriendo todo el día por el bosque, hasta que al atardecer, exhausta, se refugió al pie del gran árbol donde ellos la habían encontrado.

-Si quiere puedes quedarte aquí en el bosque, que nosotros cuidaremos de ti-

-¿ Y donde viviré?- les preguntó.

-No muy lejos de aquí hay una cabaña de caza, que desde hace años nadie usa, y podrías vivir allí. En el bosque encontrarás todo lo necesario para sobrevivir y alimentarte y nosotros te enseñaremos cómo hacerlo.

-¡ Sería maravilloso!- exclamó Blancanieves con una sonrisa.

Los Kodama la condujeron entonces hasta la vieja cabaña de caza, y Blancanieves quedo encantada al verla por lo bien conservada que estaba.

- Es preciosa y con una buena limpieza quedará como nueva. Estoy muy agradecida-

-Para que nunca estés sola nos turnaremos y cada día uno de nosotros te hará compañía-

Durante el primer día Blancanieves estuvo muy ocupada limpiando y arreglando la cabaña y buscando comida en el bosque con la ayuda del Kodama  Yurushi, pero al final del día, cuando ya había terminado y por fin se pudo sentar un rato junto al acogedor fuego de la chimenea, sintió como un profundo sentimiento de ira y odio hacia su madrastra crecían en ella.

Su bello y amable semblante cambio por completo y sus facciones se hicieron más duras. Entonces Yurushi le dijo:

- ¿Qué te sucede? Noto la energía negativa de los pensamientos  que se han apoderado de tu mente-

-Tienes razón. Estaba pensando en mi madrastra. Ella y yo nunca simpatizamos, pero nunca había imaginado que pudiera llegar a ser tan cruel y malvada como para querer matarme. Eso es algo que no le perdonaré nunca-

Entonces Yurushi, que la escuchaba con atención, le dijo:

- El perdón no limpia la culpa de quien te ha hecho daño, sino que te libera de la amargura que dejó esa persona en tu corazón. Tu puedes decidir perdonar a alguien, aunque ese alguien, como por ejemplo tu madrastra, no esté arrepentido de lo que te  ha hecho, porque cuando le perdonas, esa persona no queda libre de culpa, si no que tú quedas libre del resentimiento y el odio, y de este modo puedes vivir en paz y feliz, dejando ir los sentimientos que te duelen y te hace daño.

Blancanieves se quedo muy pensativa y dijo:

-¿Entonces el perdón es para mi, para que yo me sienta mejor y el que yo la perdone no la hace menos culpable?

-Exacto. Veo que lo as comprendido perfectamente-

Esa noche Blancanieves durmió muy bien.

Al despertar, Yurushi ya no estaba y el que la acompañaba era Kodama Yume, que estaba a los pies de su cama.

-Hola, buenos días- dijo Blancanieves.

-Buenos días- contesto Yume muy educadamente.

-Hoy he tenido un sueño maravilloso. Muchos días no me acuerdo de lo que sueño, pero hoy tengo un recuerdo muy claro, casi como si fuera real.

-Me gustaría mucho que me contaras tu sueño-

- A mi también me hace ilusión contártelo. He soñado que volaba a la luz del amanecer  sobre unas majestuosas montañas de un verde intenso, el aire era agradable y fresco, y olía a hierba y a tierra mojada. De vez en cuando atravesaba alguna nube blanca que me refrescaba con su agradable  humedad.

Me dirigía a visitar  a mi buena amiga Odam, que me esperaba mientras estaba pintando unas hermosas vidrieras en su casa, que estaba en medio del bosque junto a un gran árbol-

-Realmente es un sueño muy hermoso-

-Los sueños son una parte muy importante de nuestra vida. Pasamos mucho tiempo soñando, y normalmente es algo a lo que no le damos importancia, pero mediante la concentración y la atención, es posible tomar el control y vivir nuestros sueños completamente “despiertos”, dándonos cuenta de que estamos soñando mientras lo hacemos. Ha esto se le llama sueño lúcido.

La sensación de este “despertar” es imposible de describir, porque hay que vivirlo. La experiencia es maravillosa y, a veces, más real que la vida misma. Con el sueño lúcido puedes mejorar tu creatividad, vencer tus miedos, reafirmar tu confianza y explorar mundos maravillosos.

-¿Y como puedo controlar mis sueños?-

- Lo primero y más importante es recordarlos, y  para ello debes repetir todas las noches, poco antes de dormirte: “al despertarme recordaré mis sueños con claridad”-

-Si durante tus sueños sueles volar o hacer cualquier otra cosa que se repita con frecuencia, aunque sea una pesadilla, imagina todas las noches, justo antes de dormirte – esto es muy importante – que te despiertas dentro de ese sueño que te es tan familiar. Si consigues despertar dentro del sueño, podrás soñar lo que quieras.¿No te parece fantástico?

-Me encanta la idea de poder soñar lo que yo quiera y voy a empezar a practicarlo esta misma noche- le dijo Blancanieves.

- A veces, al principio, no resulta fácil, pero si no te rindes y eres constante, seguro que finalmente lo conseguirás-

Blancanieves paso un día estupendo con Yume y por la noche tuvo maravillosos sueños.

Continuara…..

No te pierdas los maravillosos misterios que nos desvelan los Kodamas en el siguiente capitulo.

 

 

Cuento: El pequeño ciempiés. Mundo de niños

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El cuento que  hoy te cuento,

no es un cuento por que yo  lo cuento,

Solo es un cuento, si despierta en ti algún sentimiento.

          

Hoy os voy a contar un cuento muy cortito que he encontrado en la biblioteca de este castillo, se llama se  llama El pequeño ciempiés.

Es un cuento que debemos recordar en momentos de indecisión,

cuando empezamos a darle vueltas a algo, sin encontrar la solución.

El pequeño ciempiés sintió que debía lanzarse a caminar, y preguntó inquieto a su madre:

-Mamá para andar, ¿qué pies debo mover primero: los pares o los impares, los de la derecha o los de la izquierda, los de delante o lo de detrás? ¿O los del centro?

¿Y cómo? ¿Y por qué?

-Cuando quieras andar, hijo mío -le respondió la madre- deja de cabilar y… anda”.

Moraleja:
-No basta sólo con saber, debes además hacer…
-Si te quedas parado, no llegarás a ningún lado…
-Tienes que decidirte y salir a buscar, lo que deseas alcanzar..